La Exposición Internacional del Centenario en 1910

Un viaje de ida por las exhibiciones del Centenario de la Revolución de Mayo, y de vuelta por los monumentos que hoy testimonian aquellas celebraciones, pero sin descuidar el flanco futbolero característico de las reseñas de esta cuenta.

¿Qué tienen en común la famosa Torre Eiffel erigida en París en 1889, con las celebraciones del Centenario de la Revolución de Mayo que se desarrollaron en Buenos Aires en 1910?


En 1889 se celebró en París la Exposición Universal en ocasión del Centenario de la Revolución Francesa. La República Argentina participó con un pabellón de acero y vidrio instalado al pie de la Torre Eiffel y que obtuvo el primer premio entre las naciones participantes.




Al concluir la Exposición Universal de París de 1889, el Pabellón Argentino fue desarmado, traído a Buenos Aires, y reinstalado en 1894 en la calle Arenales frente a la plaza San Martín durante la gestión del Intendente Francisco Seeber.

La Argentina emergía de la crisis política y económica de 1890 y atravesaba un período de franco crecimiento. En 1898 se organizó en la Plaza San Martín una Exposición Nacional con epicentro en el Pabellón Argentino.

Para los festejos del Centenario de la Revolución de Mayo, en 1910 se organizó en Buenos Aires una monumental Exposición Internacional ciertamente inspirada en aquella gran Exposición Universal desarrollada en París 20 años antes.

La Exposición Internacional de 1910 en Buenos Aires estuvo compuesta por 5 grandes exhibiciones temáticas: la de Bellas Artes (en la Plaza San Martín), la de Higiene (en la Recoleta), y las Agropecuaria, Ferroviaria e Industrial (las tres en Palermo).

El viejo Pabellón Argentino fue la sede de la exhibición de Bellas Artes, que abarcó todo el terreno alrededor del edificio y reunió obras maestras enviadas desde los principales países europeos y americanos.



La exhibición de Bellas Artes fue todo un suceso. Al concluir la Exposición Internacional, el Pabellón Argentino fue designado sede permanente del Museo de Bellas Artes (quizás no la mejor elección pues el edificio metálico no era el más adecuado para preservar obras de arte).

El Pabellón Argentino se mantuvo en pie hasta 1933. Fue desensamblado para dar lugar a la expansión de la Plaza San Martín hacia Retiro y el Río de la Plata. Sus esculturas fueron diseminadas por la ciudad y la estructura metálica no fue preservada.


La exhibición de Higiene coincidió con un Congreso Internacional de la materia que se desarrolló en Buenos Aires. Se instaló en un amplio predio perteneciente al Ferrocarril del Pacífico ubicado entre la Avenida Alvear y la calle Tagle.


La exhibición de Higiene también abarcó la manzana vecina (el Pabellón de las Rosas). Este lugar fue administrado por la Sociedad Sportiva Argentina, y en su campo de juego se disputaron partidos de la 1ª división de la efímera Federación Argentina de Football (1912-1914).

Cinco años después de la Exposición (en 1915), la Asociación Argentina de Football intentó construir su estadio oficial en ese terreno de Alvear y Tagle. Ese proyecto no se concretó, pero finalmente sí lo pudo realizar el club River Plate en 1923.

Pocas cuadras hacia el Norte —y sobre la misma Av. Alvear— se llegaba al Pabellón Español, construido alrededor de un stadium que ofrecía demostraciones artísticas y deportivas. España fue el único país que contó con una sede propia, separada de la del resto de las exhibiciones.

Más al Norte aún se encontraba la Exposición Industrial, sobre la Av. Alvear entre la calle Darragueira y las vías del Ferrocarril. Ese amplio terreno lo ocupaban las canchas del Club de Estudiantes y del Club Porteño, que fueron desalojadas para darle lugar a la exhibición.

La exhibición industrial contaba con un bonito pabellón central, rodeado por pabellones de las provincias argentinas y de empresas privadas representativas de la industria y el comercio local.




Luego de la Exposición del Centenario, sobre el terreno de los bosques de Palermo que ocupó la exhibición industrial se diseñó la Plaza Holanda, que aún hoy engalana este emblemático paseo porteño.

La Exposición Agropecuaria ocupó el predio de la Sociedad Rural Argentina en Palermo más la manzana comprendida entre las Avenidas Alvear, Sarmiento y Cerviño (que en parte era ocupada por el viejo cuartel de infantería).


Para la ocasión se construyeron importantes edificaciones en La Rural, que llegaron hasta nuestros días. Las más importantes fueron: el Pabellón Frers (museo Agrícola) sobre la Av. Santa Fé, el Restaurant Central sobre la Av. Sarmiento y la Tribuna de Honor de la pista central.



Al término de la Exposición Internacional de 1910, en la manzana que ocupó la exhibición de Agricultura en las Avenidas del Libertador y Sarmiento se diseñó la Plaza Seeber, que recuerda al Intendente de Buenos Aires que trajo el Pabellón Argentino desde París.


La exhibición de mayor envergadura fue la de Ferrocarriles y Transportes Terrestres, que ocupó los terrenos del Ministerio de Guerra entre las Avenidas Santa Fé y el Arroyo Maldonado, en los que estaba el viejo cuartel de caballería y que luego ocupó el regimiento de Patricios.


Sobre la Av. Santa Fé se construyó una importante edificación que enmarcaba el ingreso a los pabellones de la exhibición (que por lo general eran galpones cuyos frentes se adecuaban a los criterios arquitectónicos de cada expositor).



La otra gran entrada a la exhibición de Ferrocarriles quedaba sobre la Av. Bullrich, paralela al cauce del arroyo Maldonado. Eran dos grandes arcos que daban acceso a una plaza central en la que eran frecuentes las demostraciones de globos aerostáticos.


Presidiendo esa plaza central se encontraba el magnífico pabellón del Servicio Postal, que se usaba para fiestas. Este edificio ha llegado hasta nuestros días, pero en lamentable estado de conservación.




La plaza central estaba rodeada por los pabellones de las potencias industriales de la época que participaron en la Exposición Internacional de 1910: Reino Unido, Italia, Alemania, Francia y Austria-Hungría.




La Argentina tuvo un pabellón que replicaba una estación ferroviaria. Al término de la Exposición Internacional, la estructura metálica fue enviada a la ciudad de Santa Fé, donde se la usó en la cabecera del Ferrocarril Central Norte (luego línea Belgrano y hoy centro municipal).


Las Celebraciones del Centenario en 1910 también incluyeron la construcción de importantes instalaciones deportivas. El sport más difundido era el turf, y en 1909 se renovaron completamente las edificaciones del Hipódromo Argentino en Palermo.

En el predio de la Sociedad Sportiva Argentina (frente al Hipódromo de Palermo), se construyó un enorme estadio de madera. Las dimensiones de este recinto eran tan extensas, que allí eran frecuentes las demostraciones de los pilotos pioneros de la aero-navegación argentina.

La Sociedad Sportiva Argentina organizó los “Juegos Olímpicos del Centenario” que abarcaron varias disciplinas atléticas. La prueba cumbre fue la carrera de maratón, ganada por el italiano Dorando Pietri (de célebre descalificación en los Juegos Olímpicos de Londres de 1908).

En ocasión del Centenario se recibió la visita de un equipo de rubgy del Reino Unido, que ganó sus 6 partidos. El jugado el 16.6.1910 en la cancha de la Sociedad Sportiva en Palermo, es considerado el primer encuentro internacional de un equipo seleccionado local.

En 1910 también se remodeló completamente el estadio de Maldonado del Club de Gimnasia y Esgrima en Palermo, que así se constituyó en la sede excluyente de los principales partidos de fútbol de la siguiente década. En el Centenario se disputaron 8 encuentros internacionales.




Los edificios de la Exposición Internacional de 1910 eran construcciones temporarias y fueron demolidas. Sin embargo, a lo largo del eje que une Palermo con Plaza de Mayo, encontramos hoy una serie de monumentos alegóricos que testimonian el legado de estas celebraciones.

El Monumento de los Españoles, en las Av. del Libertador y Sarmiento. Recién fue inaugurado en 1926, al cabo de innumerables peripecias que incluyeron el naufragio en Brasil del navío que traía sus estatuas.


El regalo de la comunidad Austro-Húngara fue una moderna columna meteorológica que primero se ubicó en Perú y Alsina, y hoy se encuentra en el Jardín Botánico (pero sin sus instrumentos).


La Fuente a la Riqueza Agropecuaria, donada por la comunidad germana, se encuentra en la plaza Alemania en Palermo. Fue inaugurada en 1918.


El Monumento de Francia, en la plaza del mismo nombre en Recoleta, fue uno de los pocos que se alcanzó a completar a tiempo para las celebraciones del primer Centenario en 1910.


La Torre Monumental de Retiro, popularmente conocida como “de los ingleses”. Se terminó de construir en 1916, en plena primera guerra mundial.


En la plaza San Martín, en 1910 se construyó el pedestal de la estatua ecuestre del Libertador (que se giró para que mirara al Norte) y se dedicó todo el monumento a los Ejércitos de la Independencia.


En la plaza frente al edificio del Congreso Nacional, se le dio sede al “Monumento de los Dos Congresos” que recuerda la Asamblea de 1813 y el Congreso de Tucumán de 1816.


El Monumento a Colón, frente a la Casa Rosada, fue donado por la comunidad italiana. Se terminó de construir en 1921 y hace pocos años fue insólitamente desplazado de su ubicación original.


En el centro de la Plaza de Mayo, en 1910 se colocó la piedra basal del colosal Monumento a la Independencia, pero este proyecto nunca se completó.


La ciudad de Buenos Aires construyó en 1910 el Parque Centenario, alrededor del cual se establecieron varias canchas en la segunda y tercera décadas del siglo XX (hasta el Museo de Ciencias Naturales se edificó sobre un campo de fútbol).



En 1916 se abrió la Av. Centenario sobre la vieja traza del ferrocarril a Retiro, que se corrió hacia el Río. En 1942 adoptó el nombre de Av. Figueroa Alcorta (siguiendo esa curiosa costumbre local de descartar conceptos eternos para reemplazarlos por nominaciones efímeras).


A más de 100 años de aquellas épicas celebraciones, a través de estos monumentos hoy es más fácil identificar el legado del primer Centenario que el del segundo. Es cierto que no construimos una Torre Eiffel, pero sí tuvimos la presencia de un invitado cósmico: el Cometa Halley.