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El primer barco argentino en dar la vuelta al mundo

Una ecléctica recopilación de la travesía de Hipólito Bouchard al mando de la fragata "La Argentina", sin dejar de lado el legado del corsario en algunas instituciones sociales y deportivas del país.


¿Quién fue el capitán del primer barco argentino que dio la vuelta al mundo hace exactamente 200 años?

Fue Hipólito Bouchard, quien al mando de la fragata “La Argentina” armada en corso, recorrió el Globo entre los meses de julio de 1817 y 1819. #200AñosBouchard Aviso: el hilo que sigue es muy largo, tiene poco de fútbol, pero mucho de aventura, y un remate sorprendente.

Bouchard era un marino francés que sirvió en naves corsarias de EE.UU. Arribó a las costas del Río de la Plata en 1809. Se podría decir que fue un típico caso de “el hombre apropiado en el lugar adecuado”.

Luego de la Revolución de Mayo de 1810, los patriotas enfrentaban una seria amenaza naval representada por la flota realista que operaba libremente desde la ciudad de Montevideo (sitiada desde 1811 por tierra, pero no por mar).

Las incursiones de los españoles en el litoral argentino dificultaban las acciones de los patriotas. En 1811 se organizó un pequeña escuadrilla de tres naves, que el 2 de marzo enfrentó a los realistas en el río Paraná frente a San Nicolás de los Arroyos.

Las naves tenían capitanes y mayoría de tripulantes extranjeros, pues había muy pocos criollos con experiencia de guerra marinera. Azopardo (maltés) comandaba la goleta “Invencible”, Bouchard (francés) el bergantín “25 de mayo” y Hubac (francés) la balandra “América”.

La primera batalla naval de la Guerra de la Independencia no nos fue favorable. La tripulación del “25 de mayo” abandonó la nave y Bouchard se refugió en tierra. Azopardo resistió heroicamente, pero fue apresado y purgó 10 años de cárcel en España.

Bouchard fue luego juzgado por un tribunal de guerra, que lo absolvió. En julio y agosto de 1811, Bouchard participó activamente en la defensa de Buenos Aires del asedio de la flota española que bombardeó las costas de la ciudad.

En abril de 1812 Bouchard ingresó al regimiento de Granaderos a Caballo comandado por José de San Martín. El 3 de febrero de 1813 capturó el estandarte enemigo en la batalla de San Lorenzo, acción que la valió la ciudadanía argentina. Se castellanizó su nombre: Buchardo.

En mayo de 1814 el Almirante Guillermo Brown completó una acción naval que condujo a la toma de Montevideo. Este evento fue crucial para el desenlace de la Guerra de la Independencia, pues los españoles ya no pudieron enviar tropas al Río de la Plata.

Eliminado el dominio fluvial realista, la estrategia naval patriota buscó hostilizar barcos españoles en todo el mundo. Para ello se valió de la guerra de corso, una práctica muy difundida por la que un Estado concedía a privados el derecho a atacar naves enemigas bajo su bandera

En 1815 el Almirante Guillermo Brown lideró una expedición corsaria para hostigar posiciones españolas en el Pacífico: El Callao (Perú) y Guayaquil (Ecuador). Hipólito Bouchard integró esta expedición al mando de la corbeta Halcón, cuyo grumete era Tomás Espora.

La campaña corsaria alcanzó cierto suceso. Las presas se repartieron en las Islas Galápagos. Bouchard tomó el mando de la fragata Consecuencia, capturada en enero de 1816 en El Callao, con la que retornó a Buenos Aires a través del Cabo de Hornos.

En Buenos Aires Bouchard contó con el apoyo del armador Vicente Anastasio Echevarría, que equipó su fragata y obtuvo una patente de corso emitida por Juan Martín de Pueyrredon, el Director Supremo de la Provincias Unidas del Río de la Plata.

El 9 de julio de 1817 (en el primer aniversario de la Declaración de la Independencia), la ahora renombrada fragata “La Argentina” zarpó desde la Ensenada de Barragán con rumbo Este, con la misión de atacar naves y posesiones españolas en el Océano Índico.


La tripulación original se nutría de oficiales y marineros extranjeros, aunque otra vez embarcó Tomás Espora —en calidad de pilotín— quien acompañó toda la travesía. Su destacada trayectoria lo convertiría en uno de los marinos más ilustres de nuestro país.

El 4 de septiembre de 1817 Bouchard arribó a Tamatave (hoy Toamasina) en la isla de Madagascar. Sus primeras acciones fueron impedir el tráfico de esclavos a cargo de tres barcos ingleses y uno francés.

Bouchard continuó rumbo al Este hacia las Islas Filipinas. En noviembre de 1817 la tripulación se vio diezmada por el escorbuto en el estrecho de la Sonda, que separa las islas de Java y Sumatra. En diciembre de 1817 venció en un cruel combate a piratas malayos.


En enero de 1818 “La Argentina” bloqueó durante 2 meses el puerto de Manila en las Islas Filipinas. Ocasionó severas pérdidas económicas a los españoles, pues hundió 16 barcos, abordó otros tantos y apresó a más de 400 realistas.

En mayo de 1818 Bouchard se internó en aguas chinas, en busca de mayores presas. Llegó a los 40º de latitud norte, pero fuertes tormentas le hicieron cambiar el rumbo hacia las Islas Sandwich —como se conocía al archipiélago de Hawaii— en el Océano Pacífico.

Al llegar a Hawaii en agosto de 1818, Bouchard reconoció una nave fondeada en la isla. Era la corbeta “Santa Rosa” (a) Chacabuco, armada en corso en Buenos Aires junto con “La Argentina”. Su tripulación se amotinó, dedicó a la piratería y refugió en Hawaii donde vendió el barco.

Hawaii era un reino independiente, gobernado por un soberano benévolo y progresista: Kamehameha I (si te recuerda a “Dragon Ball” estás bien rumbeado, pues el autor del anime se inspiró en el nombre de este antiguo rey hawaiano).

Bouchard negoció la recuperación de la Chacabuco, capturó y ajustició a los amotinados, y embarcó tripulantes hawaianos. Habría además firmado un tratado de cooperación con Kamehameha, algo que ciertamente excedía las atribuciones de una expedición corsaria.

El próximo objetivo de Bouchard fueron los territorios de España en el norte del Pacífico. En octubre de 1818 zarpó para Monterrey, pero un barco norteamericano que lo precedía puso sobre aviso a los españoles en California (y de paso les vendió armas para reforzar sus defensas).

Al llegar el corsario argentino a la bahía de Monterrey los españoles habían evacuado la ciudad y trasladado los valores tierra adentro. Bouchard desembarcó el 24 de noviembre de 1818, y con sus tripulantes hawaianos tomó por asalto la fortaleza y arrasó las posesiones realistas.

Durante 6 días la bandera argentina flameo al tope de las ruinas del fuerte en la bahía de Monterrey. Aquella acción hoy se recuerda en el muelle de Santa Bárbara, donde se izan 12 banderas que alguna vez flamearon sobre California.




Bouchard navegó rumbo al sur y asaltó el Rancho Refugio (de contrabandistas). Esta pintura hoy se expone en Santa Bárbara. Los españoles (luego mexicanos) siempre lo consideraron un pirata, pero en EE.UU. se lo reconoce como corsario al servicio de las Provincias Unidas.

Las acciones de Bouchard hicieron mella en el dominio español en la región. Todos recordamos la serie de TV “El Zorro”, personaje de ficción que también cuestionaba el dominio español en California en una época contemporánea con las incursiones del corsario argentino.

Los ataques de Bouchard continuaron al sur en San Juan Capistrano, Acapulco, y finalmente en Sonsonate (El Salvador) y El Realejo (Nicaragua), donde en abril de 1819 capturó presas importantes, expuso la debilidad española en la región y flameó la bandera celeste y blanca.


La bandera de las Provincias Unidas del Centro de América (que inspiró las de los actuales países de la región) tomó sus colores de la enseña argentina. También resultó decisiva la acción en el Atlántico de Louis-Michel Aury, otro corsario francés al servicio de Buenos Aires.

Al cabo de dos años de navegación Bouchard se dirigió a Valparaíso, donde se alistaba la flota patriota. Al entrar al puerto en julio de 1819, el almirante escocés Lord Cochrane —quien comandaba la marina chilena— dispuso su arresto bajo cargos de piratería.

Bouchard fue encarcelado y sometido a juicio. Fue liberado luego de 5 meses de confinamiento por un piquete de Granaderos a Caballo liderado por su antiguo camarada de armas Mariano Necochea (otro héroe de la independencia sudamericana).

Bouchard fue exonerado por el tribunal, pero sus naves fueron saqueadas y desarmadas por Lord Cochrane. Bouchard renombró a su fragata Consecuencia y en agosto de 1820 transportó al Regimiento de Granaderos a Caballo a la bahía de Paracas en Perú.

La fragata “La Argentina” —renombrada Consecuencia— acabó tristemente su glorioso derrotero marinero en Perú, maltrecha y desguazada para leña. La “Santa Rosa” (a) Chacabuco terminó sus días incendiada para no caer en manos realistas durante la revuelta de El Callao de 1824.

Durante el desenlace de la campaña libertadora en Perú, en 1821 se quebró la relación entre San Martín y el Lord Filibustero (Cochrane). El Gran Capitán nombró entonces a Bouchard al mando de la nave insignia de la recién creada marina peruana.

Durante los siguientes años Bouchard desempeñó un rol clave en la consolidación de la independencia sudamericana. En 1828 recibió del gobierno peruano la propiedad de una hacienda en San Javier de Nasca, a 450 km. al sur de Lima, donde se radicó.

Resulta lógico que Bouchard permaneciera en Perú. Alejado de Buenos Aires desde 1817, había abandonado a su familia y terminado de muy mala manera la relación con su armador. En Nasca explotó férreamente un ingenio azucarero al que llamó “La Buena Suerte”.

Los días de Bouchard terminaron opacamente en enero de 1837, asesinado por sus propios esclavos (una verdadera paradoja si se tienen en cuenta aquellos enfrentamientos con buques negreros en la costa africana en el inicio del periplo alrededor del mundo).

Las luchas intestinas en la Argentina hicieron que gradualmente se fuera perdiendo el rastro de este patriota. Sólo comenzó a resurgir tibiamente en las postrimerías del siglo XIX, a medida que se fue consolidando una identidad nacional.

En 1895 se le dio su nombre a una de las calles surgidas en los terrenos ganados al río durante la construcción de Puerto Madero. El Luna Park se instalaría en 1932 en la esquina de “Corrientes y Bouchard” (sin duda la más recurrente mención del corsario).

En 1884 la marina argentina encargó en Italia una corbeta llamada “La Argentina”, que destinó a buque escuela. Estuvo en servicio hasta 1899. Fue reemplazada por la Fragata Sarmiento, construida en Inglaterra (recomiendo visitarla en el dique #3 de Puerto Madero).

En 1936 la revista Caras y Caretas publicó un artículo sobre Bouchard en el que denunciaba que los restos de la fragata “La Argentina” yacían a la vera del Riachuelo. En realidad eran los restos del buque escuela “La Argentina”, que ciertamente tuvo ese triste final.

La fragata Sarmiento fue en 1899 el segundo buque argentino en circunnavegar el Globo. Esta foto de 1916 muestra a su tripulación en un partido de fútbol jugado en Manila, precisamente el mismo puerto que bloqueó Bouchard casi un siglo antes.


En 1914 y 1915 jugó en la Federación Argentina de Football el club Buchardo, que presidía la familia Newbery. En el sur de Córdoba hay un pueblo llamado Buchardo, cuyo principal club de futbol se llama Jorge Newbery. Hubo otro club Buchardo fundador en 1911 de la Liga Tucumana.

En Banfield existe el Club Social Buchardo, desde siempre vinculado al club de fútbol. El barbado personaje de esta foto no es otro que George Burton, factótum del renacimiento del Banfield Football Club a principios del siglo XX.

Esta foto del Lobo Carrascosa y el Flaco Menotti en tiempos de la Selección Nacional, es un fiel testimonio del estrecho vínculo entre el Club Social Buchardo y los círculos futbolísticos banfileños.

Otro club insigne es el Náutico Buchardo, fundado en 1907 en la desembocadura del arroyo Medrano en el Río de La Plata. Dedicado inicialmente a actividades marineras, desarrolló una muy variada actividad deportiva en su sede de Nuñez.


Desde las instalaciones del Náutico Buchardo zarpó en junio de 1942 el “Lehg II” de Vito Dumas, el afamado navegante solitario argentino que siguiendo el derrotero de Bouchard también dio la vuelta al mundo.

En 1952 un fraile peruano encontró en unos viejos archivos la partida de defunción de Bouchard, y ubicó sus restos en una cripta de la abandonada capilla de San Francisco del pueblo de San Javier de Nasca.

En julio de 1962 un crucero también llamado “La Argentina” repatrió los restos de este bizarro marino de la Independencia, que hoy reposan en el Panteón Naval de la Chacarita.

Hace pocos años las autoridades irrumpieron en un supuesto casino “pirata” alojado en el Náutico Buchardo de Nuñez. Hay voces que aseguran que al retirase la policía, el busto del corsario en los jardines del club dejó entrever una sonrisa y murmuró ¿pero qué es lo que esperaban?