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Lista de canchas recopiladas

. Boca Juniors: Brandsen y Del Crucero.
. River Plate: Alvear y Tagle.
. Dársena Sur: orígenes de River y Boca.
. Independiente: Ocantos; Crucecita; Alsina y Cordero (Doble Visera).
. Racing: Alsina y Colón.
. San Lorenzo: El Gasómetro (Av. La Plata 1700).
. Huracán: Chiclana y Alagón; Alcorta y Luna.
. Estudiantes de La Plata: 1 y 57.
. Gimnasia y Esgrima La Plata: del Bosque (60 y 118).
. Vélez Sarsfield: Cortina y Bacacay; Fortín de Villa Luro.
. Ferro Carril Oeste: field del Caballito.
. Atlanta: Parque Centenario; el Cajoncito; Hundbolt 350.
. Chacarita Juniors: Hundbolt 300; San Martín.
. Lanús: Acha y Arias.
. Talleres: Timote y Castro.
. Argentinos Juniors: Av. San Martín y Punta Arenas; Médanos y Boyacá.
. Platense: Manuela Pedraza y Cramer.
. Tigre: del Lechero Ahogado; Guido y Spano 1053.
. Quilmes: Guido y Sarmiento.
. Sportivo Barracas: Iriarte y Luzuriaga.

El ciclo de vida de los estadios

Construir, remodelar, demoler y volver a empezar…
Una monografía sobre el ciclo que recorren todos los estadios deportivos. 

Índice.
1. Prefacio.
2. El ciclo de vida de un estadio de fútbol.
3. La función se adapta a la forma o la forma a la función.
4. Los estadios oficiales.
5. Los estadios con dueño.
6. Los estadios de Buenos Aires:
6.1 El caso de la Bombonera (Boca Juniors);
6.2 El caso de San Lorenzo;
6.3 El caso de Independiente;
6.4 El caso del Monumental (River Plate);
6.5 El caso del Cilindro (Racing);
6.6 El caso del Palacio (Huracán);
6.7 El caso del Amalfitani (Vélez);
6.8 El caso de la ciudad de La Plata;
6.9 El caso de la ciudad de Rosario (y el de Santa Fé);
6.10 Otros casos en el área metropolitana.
7. Corolario

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1. Prefacio.
En los últimos 65 años no se construyeron estadios de avanzada en Buenos Aires. Este atraso queda en franca evidencia al comparar las canchas de los grandes equipos locales, con cualquiera de los estadios en los que se juegan las principales ligas de fútbol del mundo (y con varios de los campeonatos menos importantes también).

La época dorada de los estadios de fútbol en Buenos Aires fue la de 1940. En aquellos años se inauguraron el Monumental, la Bombonera, el Palacio, el Cilindro... En su momento fueron estadios modernos, pero prolongaron su vida útil más allá de lo aconsejable cobijados bajo el largo ocaso que se inició a partir de los años ’50.

En la actualidad, todos los estadios de Buenos Aires y sus alrededores sufren severas limitaciones de capacidad, comodidad, acceso o versatilidad (algunos incluso presentan todas estas restricciones juntas). En su mayoría tampoco desarrollaron opciones para evolucionar de manera gradual e incorporar mejoras y/o ampliaciones de manera ordenada y ambientadas dentro de un plan regulador.

Los casos más sintomáticos son los de Boca Juniors (¿ampliación o nuevo estadio?) y San Lorenzo (regreso a Boedo), aunque el resto de los equipos grandes (River Plate, Racing e Independiente) enfrentan, en mayor o menor medida, instancias semejantes.

Las próximas líneas resumen algunas reflexiones sobre la evolución de los estadios de Buenos Aires y alrededores. Se incorporaron ejemplos extractados de experiencias desarrolladas en Europa, para evidenciar cómo la arquitectura deportiva porteña ha seguido un paso divergente del de otras ciudades de magnitud comparable.

El objetivo de este trabajo no es elaborar recetas únicas que apliquen a todas las circunstancias, sino exponer de manera simple y ordenada el denso entramado de variables económicas y sociales que siempre entran en juego cuando que se encara este tipo de emprendimientos.

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2. El ciclo de vida de un estadio de fútbol.
Los estadios de fútbol son estructuras eminentemente funcionales. Esto significa que su objeto responde a una premisa muy simple: poder ver bien los partidos.

Esta es la razón que dio origen a los primeros estadios de fútbol —a medida que se popularizaba el espectáculo— y es aún la variable clave a considerar en los estadios modernos. Pero, esta premisa básica no es estática y se encuentra en continua evolución. Por consiguiente, todos los estadios del mundo atraviesan un ciclo de vida cuyas principales etapas se pueden sintetizar de la siguiente manera:

1ª Etapa Primitiva: a principios del siglo XX los incipientes clubes se localizaban en lugares donde podían acceder a un terreno. No se puede formar un equipo de fútbol si no se tiene un lugar donde jugar. La necesidad de encontrar un espacio libre y plano de aprox. 1 Ha de superficie (la extensión promedio de un campo de fútbol es 100 m. x 70 m. = 7.000 m2), condicionó la ubicación a zonas ubicadas en lo que 100 años atrás era la periferia de Buenos Aires.

Casi todos los clubes que hoy perduran ocuparon en sus inicios terrenos del puerto, del ferrocarril o de quintas de barrios poco poblados. Esta etapa estuvo caracterizada por el “juego mismo”. La única instalación en aquellos campos de juego era la casilla que oficiaba de vestuario. No hacían falta tribunas, pues los socios eran a la vez jugadores, dirigentes y público. Sin embargo, a medida que el juego se extendió, cobró relevancia un nuevo actor: el espectador, que dio paso a la segunda etapa…

2ª Etapa Básica: la transición de “juego” a “espectáculo” trajo consigo nuevos requisitos. El sostenido crecimiento del número de espectadores (gente que asistía a los partidos sin necesariamente ser socio/jugador), obligó a dotar a los campos de juego de la infraestructura necesaria para albergarlos.

En Buenos Aires se adoptaron preferentemente estructuras reticuladas de perfiles metálicos ligeros en la que se montaban tablones de madera dura. Estas construcciones presentaban diversas ventajas:
- su costo era acotado y buena parte de los materiales (principalmente la madera) eran de fabricación nacional;
- su instalación era simple y no requería conocimientos ni tecnologías sofisticadas;
- su montaje era rápido y permitía adecuar con celeridad la capacidad de los estadios, que se veían desbordados por el creciente entusiasmo de la afición;
- se desmontaban fácilmente. Como muchos de los clubes no eran propietarios de los terrenos en los que construían sus estadios, podían mudar sus instalaciones;
- las gradas eran muy aptas para ver los partidos de pié. En aquellos tiempos el público no demandaba mayoritariamente tribunas con asientos.

Los estadios de tablones usaban muy eficientemente el limitado espacio disponible, pues las tribunas tenían pendientes relativamente empinadas que permitían ubicar más espectadores en menos espacio. En las Islas Británicas, por razones de seguridad se prefirió construir tribunas sobre terraplenes de tierra que soportan menores pendientes y requieren mayor superficie. Esta situación fue determinante para que, al agotarse la etapa básica del ciclo de vida de estas canchas, los estadios de Londres y Buenos Aires siguieran una evolución muy diferente:
- las amplias superficies sobre las que estaban construidos algunos estadios británicos (sobre terraplenes), facilitaron su completa remodelación en la misma ubicación;
- por el contrario, la mayoría de los estadios porteños estaban construidos sobre terrenos de dimensiones reducidas (con tribunas de tablones), y no se generaron proyectos de ampliación natural que permitieran un proceso ordenado de renovación.

De los 4 estadios mencionados en el prefacio, sólo el Monumental se construyó sobre un terreno comprado al efecto. Los otros 3 —la Bombonera, el Palacio y el Cilindro— se construyeron en reemplazo de estadios de madera, y hoy todos exponen los compromisos que impuso durante su construcción el limitado espacio disponible.

Los estadios básicos agotan su vida útil a medida que saturan su capacidad y aumenta el nivel de exigencia de los espectadores (mejor visibilidad, mayor confort, nuevos servicios). Nuevas tribunas, cercanía al campo de juego, introducción de asientos numerados o provisión de refrigerios, fueron factores decisivos a la hora de pasar a la tercera etapa del ciclo de vida de los estadios.

3ª Etapa de Remodelación: en su etapa básica los estadios sólo responden a la premisa funcional básica: presenciar los partidos. Sin embargo, a medida que se demandan nuevos requerimientos, ingresan en una etapa de transformación gradual en la que se ejecutan remodelaciones para aumentar la capacidad y/o proveer nuevas comodidades y servicios.

En algunos casos el proyecto básico prevé una ampliación ordenada, que bien puede ser interpretada como una construcción del estadio por etapas. Estos proyectos dan por resultado conjuntos arquitectónicos armoniosos, cuyo desarrollo avanza a medida que el uso del estadio lo justifique.

Sin embargo, en muchos casos las ampliaciones y remodelaciones son agregados que buscan suplantar la falta de un plan regulador original. Estos proyectos resultan en conjuntos arquitectónicos disonantes, en los que la armonía propia de un desarrollo integral queda postergada por alguna variable en particular (por ejemplo: el aumento de la capacidad o el techado de un sector).

En estos casos es muy frecuente encontrar estadios en los que predomina una mezcla de estilos y soluciones constructivas conceptualmente diferentes (tablón, hormigón in situ, pre-moldeado, estructura metálica), y que constituyen verdaderas colecciones de proyectos parciales ejecutados para cubrir necesidades puntuales de corto plazo.

La etapa de remodelación permite extender significativamente —aunque no indefinidamente— la vida útil de un estadio. Las nuevas técnicas constructivas han abierto numerosas posibilidades a la remodelación de estadios. El Liverpool tenía un proyecto para reemplazar el estadio de Anfield por uno nuevo ubicado a pocos metros de distancia en el parque Stanley, pero finalmente decidió encarar una remodelación de su histórico recinto (el club juega en ese lugar desde 1892).

Cuando se agota esta tercera etapa, todo estadio arriba inevitablemente a una encrucijada en la que no queda alternativa a la demolición y reconstrucción (en el mismo sitio o en una nueva localización). Estos procesos pueden ser extremadamente conflictivos, pues exigen decisiones y acciones que alteran tradiciones y vínculos sentimentales desarrollados a lo largo de los años por la comunidad afín.

4ª Etapa de Reconstrucción: agotada la etapa de remodelación y asumida la difícil decisión de recomenzar, resulta clave la envergadura, difusión y entusiasmo que genere el nuevo proyecto. El proceso es mucho menos traumático si se puede reconstruir el estadio en el mismo lugar que ocupaba el anterior, pues evita lidiar con el desarraigo asociado a toda mudanza.

Un aspecto no menor es si durante la construcción del nuevo recinto se requiere una mudanza transitoria. Esta etapa intermedia generará múltiples incomodidades, que suelen prolongarse cuando se enfrentan las habituales dificultades constructivas o financieras durante el proyecto. En muchos casos es conveniente avanzar a un paso más lento, pero evitar la mudanza transitoria. Un claro ejemplo fue la reconstrucción de la Catedral de San Mamés en Bilbao, enteramente realizada sin dejar de utilizar el campo de juego durante la temporada oficial. La construcción del viejo estadio de Chamartín del Real Madrid (hoy Santiago Bernabéu), es otro ejemplo apropiado. El Chelsea evaluaba alquilar el estadio de Twinckenham, que tiene una capacidad de 80.000 espectadores sentados, mientras dure la reconstrucción de Stanford Bridge (aunque recientemente trascendió que podría usar el de Wembley).

Los proyectos de reconstrucción mejor desarrollados son los que integran los valores y las tradiciones vigentes con los nuevos requerimientos. Es siempre una buena idea inspirarse en temas y estilos arquitectónicos plenamente identificados con la afición, para generar en ella un rápido sentimiento de pertenencia con el nuevo estadio.

La situación se complica cuando no queda alternativa a una mudanza definitiva. En estos casos se extreman los recaudos para identificar algún lugar cercano que permita desarrollar un proyecto que cubra todas las necesidades. El Camp Nou del FC Barcelona se construyó a 1 km. de Les Corts. El Emirates (Ashburton Grove) del Arsenal se encuentra a sólo 500 metros del viejo Highbury.

El destino del viejo estadio es otro factor a considerar. Por lo general se construyen viviendas o centros comerciales, pues la venta del viejo terreno es una fuente de financiación del desarrollo del nuevo estadio. En la mayoría de los casos no queda rastro de las viejas instalaciones. Sin embargo, algunos proyectos rescatan parte de aquel legado. Por ejemplo, el complejo de viviendas construido en el viejo estadio del Arsenal de Londres (Highbury), preservó las fachadas de sus tribunas laterales.

En casos extremos, la falta de una localización adecuada puede terminar con el vínculo entre un equipo y su afición. Un caso curioso fue el de Wimbledon FC que, al no poder (o no querer) desarrollar un nuevo estadio en su comunidad, se transfirió a otra ciudad a casi 100 km. de distancia. Los defraudados asociados crearon un nueva entidad (Wimbledon AFC), bregaron por recuperar la historia e identidad de su viejo club, y hoy anhelan la construcción de un estadio en su barrio de origen.

El vínculo sentimental establecido entre un club y su afición está íntimamente ligado a su estadio, y por eso resulta tan traumática la decisión de reconstruirlo. Aun los extraordinarios estadios que se inauguran en la actualidad, algún día alcanzarán su obsolescencia y tendrán que ser reemplazados.

Otros edificios emblemáticos pueden ser reciclados con gran facilidad. Se puede reciclar un museo internamente y actualizarlo sin demoler su fachada. Cuando no queda más lugar para albergar su patrimonio, se segmenta la colección y construye otro. Esta solución no es aplicable a los estadios de fútbol (no se puede jugar el primer tiempo en una cancha y el segundo en otra).

En esta sucesión de remodelaciones y reconstrucciones de estadios, cada día cobran más y más importancia los servicios asociados. Aquella premisa básica de que un estadio era una estructura para “presenciar los partidos”, ha evolucionado en una directriz mucho más compleja que propone a los espectadores “una experiencia de inmersión en el espectáculo deportivo”, desde un sitio con perfecta visión del campo, amplias comodidades y una atmósfera inolvidable. Este tema abre el siguiente punto ¿cómo condiciona la arquitectura de un estadio la atmósfera que en él se genera?

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3. La función se adapta a la forma o la forma a la función.
Una vez definido que el rol de un estadio de fútbol es el de proveer al espectador una experiencia de inmersión en un espectáculo deportivo, cabe preguntarse si ¿todos los estadios están en condiciones de proveerla?

La respuesta obviamente es: NO. El fútbol se desarrolla en un campo de juego relativamente grande si se lo compara con el de la mayoría de los demás deportes. Esto plantea todo un desafío desde el punto de vista del diseño de un estadio de fútbol, si su objetivo primordial es que los espectadores se sientan parte del juego.

La forma de un estadio es el mejor indicador de los objetivos de su diseñador. Al ser el campo de juego un rectángulo, la forma más simple para que los espectadores estén muy cerca de la acción es que el estadio replique este contorno. La mayoría de los actuales estadios de fútbol se diseñan con este concepto en mente y las tribunas se distribuyen de manera paralela a los cuatro costados del campo de juego. Este principio, que en apariencia resulta obvio, no siempre estuvo tan claro.

La demanda de grandes estadios de fútbol se disparó a principios del siglo XX. En ese entonces la variable crítica era la cantidad de espectadores. Un óvalo se desarrolla a lo largo de un perímetro más largo que el de un rectángulo y, por lo tanto, permite construir estadios de mayor capacidad (aunque con espectadores alejados del juego). Por esta razón, los grandes estadios de Londres y Glasgow —ciudades pioneras en construir recintos que albergaron concurrencias de más de 100.000 espectadores a principio del siglo XX— se desarrollaron con grandes tribunas cabeceras curvas muy alejadas de los arcos.

Hasta hace no muchos años (mediados de 1970), se privilegió un concepto de estadio multipropósito en el que se recurría a una forma ovalada y se ubicaba alrededor del campo de juego una pista de atletismo. Así como no se puede apreciar un partido de básquet o un match de boxeo en un estadio de fútbol, tampoco es posible disfrutar de un partido de fútbol que se juegue en el centro de una pista de atletismo.

Un ejemplo muy claro fue el Mundial de 1974 que se desarrolló en Alemania en 9 sedes. En 8 de ellas se utilizaron estadios ovalados con pista de atletismo y mayoría de tribunas descubiertas. La notable excepción fue el estadio de Dortmund, que adoptó un esquema novedoso para la época: forma rectangular, con 4 tribunas enteramente techadas y sin codos (para privilegiar la visión del espectador).

Cuando la Copa del Mundo regresó a Alemania en 2006, la situación fue muy diferente. Se eligieron 12 sedes, pero sólo en 2 de ellas el estadio tenía pista de atletismo. Los otros 10 flamantes estadios tenían tribunas enteramente techadas paralelas al campo de juego (que en algunos casos también estaba cubierto).

Los únicos estadios alemanes usados en ambos mundiales fueron el de Berlín, que mantuvo su pista de atletismo por ser estadio Olímpico, y el de Dortmund, que impuso su original concepto en todo el mundo y se presentó totalmente remodelado con una capacidad de 60.000 espectadores (50% más que 30 años atrás), prueba de que un buen proyecto inicial siempre admite una buena ampliación final.

Estos nuevos estadios alemanes también incorporaron un sistema que preserva la preferencia de los espectadores por mirar los partidos de pié. Las normas de la FIFA y la UEFA exigen que los partidos de sus torneos se disputen en estadios con el 100% de los espectadores sentados. Los clubes alemanes usan un sistema —rail seating— que permite adaptar rápidamente las tribunas a las normas locales o internacionales, según el torneo que se juegue. La famosa cabecera sur del estadio de Dortmund (Südtribune) aloja unos 25.000 espectadores parados en los partidos de la Bundesliga, que se reducen a 12.500 sentados cuando se juegan torneos europeos. Este es un claro ejemplo de cómo a través de soluciones ingeniosas, se puede privilegiar el gusto y la preferencia del espectador (la forma se adapta a la función).

La posibilidad de restringir el confort para satisfacer gustos particulares de las hinchadas tiene relación directa con el precio de las entradas o, si se emplea un criterio más amplio, con el ingreso por espectador (que también computa lo que gasta en comida y merchandising). La posibilidad de adecuar la capacidad del estadio según el torneo que se juegue, permite aplicar un política de precios diferenciada. El precio promedio de las entradas de los partidos de la Bundesliga es la mitad del de los partidos de la Premier League inglesa, en la que todos los estadios son all seaters (100% de los espectadores sentados). No es entonces casualidad que el torneo alemán muestre el promedio de concurrencia por partido más alto de Europa. Hoy en día se registran muy fuertes presiones de grupos de espectadores ingleses para que se vendan localidades de pie y atenúe así el precio de las entradas.

Un elemento clave a la hora de garantizar una buena experiencia es la visión del campo. Los nuevos estadios prestan una atención especial a la cercanía al terreno de juego, la eliminación de puntos ciegos y la ausencia de alambrados y/o cercas que limiten la vista del espectador. En España se puso gran énfasis en eliminar las barreras que separaban al público del campo y, producto de ese esfuerzo, se logró una sustancial mejora de la visión general del juego.

En este punto los estadios argentinos quedaron muy relegados en relación a sus pares de otros países. La situación presente es incluso peor que la de esos mismos estadios 50 años atrás. La ausencia de iniciativas para remover alambrados, cercas, muros y demás barreras dispuestas para impedir el acceso indebido al campo de juego —pero que atentan contra la visión del espectáculo— es una clara indicación de la reconocida imposibilidad de controlar el comportamiento del público argentino (aunque la más flagrante es la prohibición de ingreso de público visitante). Para dar una idea de que siempre se puede mejorar en este sentido, cabe mencionar que en la década de 1980 en Stanford Bridge había cercas eléctricas para contener al público.

Un estadio rectangular siempre tiene menor capacidad que uno ovalado semejante. Esto también queda en evidencia al comparar los dos mundiales alemanes. La capacidad promedio de los 8 estadios usados en 1974 fue de 60.000 espectadores, mientras que en 2006 fue de 50.000 espectadores en los 12 estadios utilizados. Este fenómeno se replica en muchos países y marca una tendencia mundial. La reducción del tamaño promedio de los estadios está asociada con el nivel de confort deseado y con la búsqueda de un mayor ingreso por espectador. Esto plantea un conflicto, pues el alto precio de las entradas segrega a los concurrentes por nivel económico y atenta contra la popularidad del juego. Esta situación sólo puede ser atenuada, pero no superada, por la difusión masiva de los partidos en los medios de comunicación.

Uno de los aspectos críticos cuando se diseña un estadio es definir su capacidad. El fútbol es un espectáculo eminentemente colectivo, en el que jugadores y público interactúan continuamente. Ningún estadio generará una atmósfera legendaria si no está colmado con regularidad. Una modesta concurrencia de 10.000 personas puede crear un magnífico ambiente en un estadio pequeño, mientras que el mismo público apenas se hará sentir en un gran coliseo. Los dueños de los estadios deben buscar un punto óptimo entre la escala económica y la respuesta de la afición. Es preferible poseer un estadio que quede chico unas pocas veces al año, a tener que jugar y presenciar casi todos los partidos con la mitad de las tribunas vacías.

Los estadios modernos tienen una capacidad promedio inferior a la de los construidos a mitad del siglo XX, pero su comodidad es muy superior. Hoy es frecuente que se demuelan estadios y construyan otros de menor capacidad general, pero dotados de gran comodidad, mejores servicios (refrigerios y merchandising) y amplia versatilidad (posibilidad de albergar otro tipo de espectáculos). Wembley reunía concurrencias de 127.000 espectadores (la mayoría parados y lejos del campo), mientras que ahora permite que 90.000 personas cómodamente sentadas vean los partidos desde una óptima posición. El mítico Maracaná alojaba 200.000 torcedores en 1950, y hoy tiene una capacidad de 80.000 personas sentadas luego de las distintas remodelaciones llevadas a cabo.

El caso más paradigmático es el del Juventus Stadium en Torino. En 2003 el club italiano compró el Stadio delle Alpi, construido para el mundial de 1990 con pista de atletismo y tribunas para 70.000 personas alejadas del campo de juego. En 2008 lo demolió, y en 2011 inauguró uno de moderna concepción para 40.000 personas que mejoró ostensiblemente la experiencia de los espectadores. La Roma ya informó que tiene planes para dejar el Estadio Olímpico y mudarse a uno propio. Este ejemplo abre al siguiente tema: ¿es mejor jugar en un estadio oficial o en uno propio?

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4. Los estadios oficiales.
La directiva básica de un estadio de fútbol es: presenciar los partidos. Esa premisa evolucionó en una más compleja: proveer al espectador una experiencia de inmersión en el espectáculo deportivo. Sin embargo, estos principios han sido ignorados con demasiada frecuencia. Es interminable la lista de estadios erigidos por entes gubernamentales de todo el mundo que no responden a un cuidado diseño y que, ante la ausencia de una agenda deportiva que genere un vínculo sentimental con la afición, nunca llegan a enamorar a su público objetivo.

Los ejemplos más evidentes son las estructuras desarrolladas para grandes justas deportivas internacionales (juegos olímpicos, copas del mundo), y que al cabo de esos eventos no están en condiciones de sostener un calendario de actividades lo suficientemente atractivo para que el estadio desarrolle una vida propia.

Estos estadios oficiales suelen ser construidos por las reparticiones a cargo de la organización de los eventos deportivos. En su diseño básico predomina la intención de poner en evidencia el poderío del país o el gobierno de turno, a costa de la funcionalidad y el uso posterior de la infraestructura.

Un claro ejemplo de la falta de atención puesta al destino final de un estadio oficial es la inclusión de una pista de atletismo alrededor del campo de juego, que aleja a los espectadores de la acción y atenta directamente contra la primer directiva de todo estadio de fútbol: ver los partidos de la mejor manera posible.

En muchos casos la pista de atletismo es una condición necesaria para organizar el evento que justifica la construcción del estadio. Pero nada impide un diseño con un pista temporaria que, al cabo del evento, sea reemplazada por tribunas cercanas al campo de juego. Este es el caso del actual estadio del Manchester City, originalmente construido para los juegos de la mancomunidad británica de 2002. Cuando se acordó reconvertirlo en un estadio de fútbol se bajó el nivel del campo de juego y se construyó un anillo inferior de tribunas bien próximas a la acción. Si bien parte de los aficionados del City aún añora las jornadas vividas en el viejo Maine Road, las facilidades que ofrece el moderno estadio y los importantes títulos allí conseguidos (ganó 2 títulos de Premier League), permiten asegurar que se trata de la reconversión exitosa de un estadio no diseñado específicamente para partidos de fútbol. Esta situación permite extrapolar la siguiente conclusión: el vínculo sentimental de una afición con su estadio se cimienta a medida que se alcanzan nuevos logros deportivos.

Otro ejemplo de reconversión en curso es la remodelación del Estadio Olímpico de Madrid (la Peineta), cuya propiedad fue transferida al Atlético de Madrid. El estadio, que originalmente fue construido para soportar las candidaturas de Madrid como sede de los juegos olímpicos, nunca fue terminado y está siendo adaptado a los requerimientos de un moderno estadio de fútbol (gradas bien cerca del campo de juego y sin pista de atletismo). Se augura que el Aleti comenzará a jugar allí a partir de la temporada 2017/18.

Es lógico esperar que todo estadio nuevo genere cierto nivel de resistencia, pero ésta decae sistemáticamente a medida que se conquistan nuevos títulos. Por el contrario, si la mudanza se alinea con un período de bajas performances la situación empeorará y el nivel de rechazo puede crecer hasta límites verdaderamente insostenibles.

Un caso interesante es el de la Real Sociedad de San Sebastián que durante 80 años jugó en Atocha, un pequeño estadio en el centro de la ciudad con tribunas pegadas a las rayas de cal de los 4 costados del campo. En 1993 se mudó a Anoeta, un estadio municipal en la periferia de la ciudad, con pista de atletismo y tribunas curvas alejadas de la acción. Probablemente, los antiguos seguidores donostiarras jamás se sintieron a gusto en Anoeta. La Real Sociedad ya tiene un proyecto para eliminar la pista de atletismo y recuperar en su estadio un ambiente más acorde al de su profusa historia futbolística.

De las 30 canchas usadas por los equipos de 1ª división en la Argentina sólo 2 tienen pista de atletismo: el Monumental de River Plate (privado) y el Kempes de Córdoba (oficial). Ambas son un problema (y River ya tiene un proyecto para eliminarla).

El caso de Córdoba es interesante. El estadio fue construido para el Mundial de 1978, junto con los de Mar del Plata y Mendoza. Todos inspirados en la tipología que predominó en el mundial de Alemania en 1974 (con tribunas cabeceras curvas, bajas y alejadas del campo de juego). El de Córdoba fue el único con pista de atletismo, y por ende el que ofrecía peor visión del juego. Finalmente, fue remodelado para la Copa América de 2011. Se demolieron sus cabeceras y reconstruyeron con mayor altura, pendiente y capacidad. La situación general mejoró notablemente respecto al estadio original, pero no queda claro si no hubiera sido mejor demoler el viejo estadio y reconstruirlo sin pista de atletismo. No es de extrañar que uno de los dos equipos cordobeses en primera división —Belgrano— ya anunció un plan para remodelar su propio estadio.

La reconstrucción del estadio Olímpico de Roma para el Mundial de 1990 es otro ejemplo de incompatibilidad entre una pista de atletismo y una buena visual. Se acercó el público al campo de juego (9 metros), pero no lo suficiente como para que la atmósfera sea la que se espera en este tipo de recintos (y quizá sea esta una de las razones por las que la Roma se quiere ir de allí).

El de Mar del Plata es otro curioso caso de estadio oficial. Fue construido en 1978 en una ciudad que no tuvo un equipo en primera división hasta 2015. Sólo alcanza un aceptable nivel de ocupación en algunos partidos de los torneos de verano, que se organizan durante el receso del torneo argentino. La disponibilidad de este nuevo recinto impulsó la desaparición del viejo estadio —el San Martín—, rectangular y mejor dimensionado para la demanda de la ciudad. Por lo general, la construcción de infraestructura deportiva sobredimensionada suele tener un efecto nocivo sobre el desarrollo de la actividad que busca promocionar. La ciudad perdió un estadio adecuado, que costaba poco mantener y podía ser remodelado en etapas a medida que aumentara la demanda local. En su lugar recibió un estadio enorme, que no recoge el sentimiento de la afición local, y cuyo alto costo de mantenimiento se nota en las pobres condiciones en las que se encuentra.

El último caso de estadio oficial construido para el Mundial de 1978 es el de Mendoza. El proyecto arquitectónico fue más acabado que el de sus pares de Córdoba y Mar del Plata, y ofrece una mejor visión del campo de juego. De todas maneras, no está exento de los problemas que genera un tamaño exagerado para la demanda local. En los últimos años mejoró su utilización al consolidarse desde 2008 un equipo local en primera división —Godoy Cruz— y por haber hospedado regularmente partidos de las selecciones nacionales de fútbol y rugby.

En años recientes varias provincias destinaron ingentes recursos a construir estadios de fútbol de cierta envergadura (San Juan, Salta, Catamarca, Chaco). Todos están caracterizados por su falta de originalidad, sobredimensionados para la actividad local y destinados a seguir una lenta declinación a medida que pase el tiempo y se escatimen los recursos para su mantenimiento. El único equipo de 1ª división en estas ciudades es San Martín de San Juan, que posee un modesto pero adecuado estadio propio que usa en sus competencias oficiales. El resto de las ciudades mencionadas no tienen equipos en torneos importantes (los más representativos juegan en 3ª división) y sólo reúnen concurrencias importantes ocasionalmente, cuando se organizan partidos entre los grandes equipos de Buenos Aires.

Ante esta situación cabe preguntarse ¿por qué los gobiernos desarrollan estadios sin involucrar debidamente los intereses y preferencias de los tradicionales equipos del lugar a los que responde la inmensa mayoría de la afición local?

Al respecto, el estadio de La Plata constituye un caso verdaderamente singular. La capital de la Provincia de Buenos Aires acredita una de las tradiciones futbolísticas más importantes del país. Sus dos principales clubes —Estudiantes y Gimnasia— han edificado desde hace más de 100 años una añeja rivalidad deportiva. Ambos equipos poseían estadios de madera enclavados en el bosque platense, cerca del centro de la ciudad.

En 1996 el gobierno provincial decidió construir un estadio oficial al que denominó “Único”. El proyecto seleccionado no se inspiró en los elementos de la cultura de las dos principales entidades deportivas de la ciudad, que estaban acostumbradas a jugar sus partidos en estadios colmados y con tribunas muy próximas al campo de juego. Consecuentemente, el nuevo estadio no recrea el ambiente de las viejas canchas, sino que se dispone alrededor de un extraño contorno compuesto por dos cilindros superpuestos. El estadio fue diseñado para tener un 100% de espectadores sentados, pero por presiones de los equipos locales sus cabeceras se dejaron sin asientos.

Luego de una tirante negociación con las autoridades provinciales y municipales, ambos clubes platenses fueron autorizados a remodelar sus antiguos estadios, y sólo usarán el oficial cuando la envergadura del evento lo aconseje. En definitiva, el estadio se utilizará poco para fútbol y su actividad se extenderá a grandes recitales y algún que otro partido de rugby. A lo mejor, recuperará entonces su condición original de all-seater.

Uno de los aspectos que identifica a los estadios “oficiales” es la falta de un dueño deportivo. Un factor común entre los estadios más reconocidos por generar la mejor atmósfera es que son propiedad de un club. Este dato abre el próximo capítulo sobre las ventajas comparativas de los estadios propiedad de los clubes.

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5. Los estadios con dueño.
El modelo de propiedad de los estadios cambia según el país. En Inglaterra y la Argentina la mayoría de los estadios son propiedad de los clubes. En España son municipales, aunque son privados los recintos de las principales ciudades (Madrid, Barcelona, Sevilla y Bilbao). En Italia suelen ser municipales, pero gradualmente están virando a la propiedad privada como fue el caso de la Juventus.

La propiedad de un estadio es una gran ventaja para cualquier club de fútbol, pues:
- su ubicación suele responder a criterios históricos íntimamente ligados al origen e identidad del equipo. Este arraigo garantiza un fuerte vínculo sentimental y gran fidelidad de la afición (que se traduce en mayores concurrencias e ingresos);
- se aprovechan todos los recursos que genera el estadio: publicidad, gastronomía, merchandising, o se lo usa para otras actividades (recitales, convenciones). La disponibilidad de mayores recursos financieros permite mantener equipos más competitivos, cuyos resultados deportivos refuerzan los resultados económicos;
- se mantiene el control sobre el diseño actual y futuro. Esto alarga la vida útil del estadio, al poder manejar el tiempo y la envergadura de las remodelaciones;
- se evitan interferencias en el calendario pues, si el estadio no es propio (o no está arrendado en exclusividad), otros eventos podrían superponerse con partidos no previstos al inicio de la temporada (por ejemplo, si se avanza más allá de lo previsto en las competencias por eliminación o si se suspende algún encuentro);
- se mejora la situación patrimonial general pues, como la valuación de estos bienes raíces suele ir en aumento, aporta mayor solidez a las cuentas del club.

De los 6 estadios usados en el Mundial de 1978 que se desarrolló en la Argentina, 3 eran privados (River Plate, Vélez Sarsfield y Rosario Central) y 3 oficiales (Córdoba, Mendoza y Mar del Plata). Ya vimos que el diseño y aprovechamiento de los estadios oficiales no fue el mejor. Por el contrario, los 3 estadios mundialistas privados tuvieron un uso extensivo y fueron proyectos exitosos.

Los estadios oficiales del Mundial ’78 fueron construidos desde cero sin un proyecto surgido en comunión con la comunidad deportiva local. Los estadios privados fueron remodelados. Esto quiere decir que se completaron trabajos de ampliación que ya habían sido planteados por los mismos clubes, y cuya ejecución estaba demorada por razones financieras. En River Plate y Rosario Central se completó el segundo anillo de tribunas, mientras que en Vélez se erigió una segunda bandeja en la tribuna lateral sur, especular de la existente en la tribuna norte. En Europa se destacan el Camp Nou, el Bernabéu u Old Trafford, todos estadios privados cuyas remodelaciones los situaron a la vanguardia de los recintos deportivos europeos.

La posibilidad de personalizar la estructura del estadio ayuda a mejorar el sentido de propiedad, sin necesariamente ser su dueño legal. Por ejemplo, el estadio de Munich —Allianz Arena— puede cambiar el color del exterior según juegue el Bayern Munich (rojo) o el Munich 1860 (azul). Incluso usa el color blanco cuando hay otro espectáculo. Cabe notar que en términos deportivos es mucho más importante la propiedad sentimental de un estadio que la legal. Los equipos de Milán no se sienten fuera de su casa en San Siro (los ultras del Milan prefieren una cabecera y los del Inter la otra), lo cual no es de extrañar pues se trata de un magnífico estadio para jugar y presenciar un partido de fútbol.

Por el contrario, no fueron exitosos los casos en los que se quiere aprovechar un estadio olímpico. A parte del caso de Roma, también se pueden citar el del Espanyol de Barcelona (que de Montjuich pasó a Cornellá), o el del nuevo estadio olímpico de Londres, en el que no parece que el West Ham —que se mudará allí en 2016—, ni el Tottenham —que buscó una sede temporaria para reconstruir White Hart Lane— vayan a encontrar un cancha que respete sus mejores tradiciones. De hecho, el Tottenham quiso comprar el estadio, demolerlo y reconstruirlo —como la Juventus en Turín— y por eso las autoridades prefirieron la propuesta del West Ham. Finalmente el Tottenham optó por reconstruir su estadio casi en la misma ubicación de White Hart Lane, pero con un proyecto en etapas que minimiza los inconvenientes vinculados con el cambio de escenario (algo semejante a lo realizado por el Athletic de Bilbao).

En síntesis, resulta claro que en el mundo del fútbol se impone el modelo de estadio “con dueño” (aunque Wembley es la gran excepción que confirma la regla).

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6. Los estadios de Buenos Aires:
Este capítulo describe los principales estadios del área metropolitana de Buenos Aires (y muy brevemente los de las ciudades de La Plata, Rosario y Santa Fé).

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6.1 El caso de la Bombonera (Boca Juniors);
Boca Juniors se instaló en el predio de la calle Brandsen en 1924. Allí construyó una estadio de tablones según los parámetros habituales de la época. Al cabo de graduales ampliaciones, llegó a albergar hasta 50.000 espectadores. En 1934 se desarrolló un proyecto para reemplazar aquella cancha por un moderno estadio de cemento armado. Las reducidas medidas del terreno obligaron a limitar el proyecto del estadio a sólo 3 tribunas, sin la posibilidad de usar todo un lateral. Si se analiza el deambular de Boca por sus anteriores localizaciones (Costanera Sur, Wilde y Dársena Sur), es fácil entender por qué se eligió construir en un terreno inapropiado, pero que estaba plenamente identificado con todos los integrantes del club. Cuando el club jugó en Wilde (1913 y 1914) perdió la mitad de sus socios. Sólo cuando retornó a su barrio (en Dársena Sur), pudo recuperar a su afición más próxima e inaugurar la extensa etapa de éxitos deportivos sobre la que ha fundado su enorme popularidad.

Para poder construir un estadio de gran capacidad en tan poco espacio se distribuyó la capacidad en 3 bandejas de tribunas muy empinadas, pero tan cerca de la acción que se tiene la impresión de estar dentro del campo de juego. Esta disposición le confiere al estadio una atmósfera mágica, famosa en todo el mundo. La construcción comenzó en 1938 (4 años después de presentado el proyecto). La inauguración llegó en 1940. El segundo piso de tribunas se completó en 1941. El tercer y último piso se completó en 1953. Esto da la pauta que la construcción fue bien planificada y que las ampliaciones naturales estuvieron muy bien delimitadas. Es interesante destacar que antes de comenzar a construir la tercer bandeja, se debatió si convenía encarar la ampliación o buscar una nueva localización que erigir un estadio nuevo.

Hasta mediados de la década de 1960 el estadio se mantuvo en buenas condiciones. La principal modificación fue el avance de los sectores reservados para asientos, que limitaron considerablemente la capacidad total.

En 1970 se lanzó un ambicioso y original proyecto que planteaba ganarle terrenos al Río de la Plata y construir allí una Ciudad Deportiva que incluía un estadio para 100.000 espectadores. Buena parte de las instalaciones recreativas se construyeron, e incluso se inició el pilotaje del estadio. La falta de una financiación estructurada para todo el proyecto (se intentó hacerlo con aportes de los socios), junto a las inestables condiciones macroeconómicas de la Argentina, impidieron su terminación.

Es interesante destacar que la decisión de construir un estadio no fue debatida ni resistida por los asociados, a pesar que los cambios propuestos eran sustanciales:
- la ubicación elegida estaba fuera del barrio de origen (aunque el nuevo estadio sólo distaba 2.500 metros del actual); y
- la tipología del nuevo estadio era muy diferente a la de la Bombonera. En los años ‘70 existía una marcada preferencia por estadios de tribunas abiertas, mientras hoy en día se los diseña con tribunas cercanas al campo de juego (que en cierto sentido resemblan el estilo de la Bombonera).

De haberse completado la mudanza, los simpatizantes de Boca seguramente habrían desarrollado cierto nivel de rechazo hacia al nuevo estadio. En efecto, antes de que se abandonara la construcción del nuevo estadio ya se habían levantado voces internas que criticaban severamente la necesidad y oportunidad de llevarlo a cabo.

La actual Bombonera ya agotó su ciclo de vida. La demanda de localidades supera largamente la capacidad del estadio aún en los partidos de menor trascendencia, y las instalaciones auxiliares son muy deficitarias.

El hecho que el estadio sólo tenga 3 tribunas abre una interesante alternativa para su renovación. Se consideró la factibilidad de adquirir los terrenos linderos para construir la cuarta tribuna. Como toda remodelación, este proyecto alargaría significativamente la vida útil del estadio. Sin embargo, la compra de los terrenos no será inmediata (por alguna razón no se la completó en los últimos 75 años), e incluso podría exigir la “siempre discutible” expropiación de algunas propiedades. El principal atractivo del proyecto es que se preservaría la mística y atmósfera de este histórico recinto y atenuaría el déficit de capacidad que presenta actualmente.

Recientemente se difundió un extravagante proyecto para completar el tercer anillo de tribunas por sobre las propiedades linderas, sin necesidad de comprar las edificaciones. No parece que esta variante tenga chance cierta de ser completada. Otra propuesta para preservar el actual estadio sería incorporar el rail seating, que es frecuente en Alemania. Se restringiría la capacidad en partidos internacionales con 100% de espectadores sentados, pero aumentaría en los partidos de torneos locales.

La alternativa a la remodelación es construir un estadio nuevo en un terreno cercano. Como era de prever, este proyecto levantó considerables oposiciones. Sin embargo, el principal escollo es que se habla de un estadio nuevo sin que nadie tenga idea de qué se propone construir. La maqueta de la Bombonera estuvo lista 4 años antes de que comenzara su construcción. Cuando una entidad de tamaña magnitud plantea la construcción de un estadio nuevo, es absolutamente imprescindible que lo haga sobre bases ciertas que permitan recoger opiniones, críticas, comentarios y sugerencias de toda la comunidad involucrada.

Boca Juniors enfrenta un problema objetivo: la capacidad de su estadio limita el potencial de crecimiento del club pues sólo la mitad de sus asociados puede presenciar los partidos. La ampliación (4ª tribuna) es un proyecto ciertamente válido, que extendería 25 años la vida útil del estadio (si además se incluye una actualización de las instalaciones). Una solución a más largo plazo requeriría pensar en un nuevo estadio. La clave para desatar (cortar) este nudo gordiano podría ser la elaboración de un proyecto moderno, pero profundamente inspirado en los antecedentes y elementos que hicieron de la actual Bombonera un escenario icónico del futbol mundial.

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6.2 El caso de San Lorenzo;
En 1916 el club San Lorenzo de Almagro se estableció en un amplio solar en Av. La Plata al 1700 en el barrio de Boedo. La novel institución recién jugaba su segunda temporada en 1ª división. En 1928 los directivos tomaron la decisión de comprar el terreno y encarar la construcción de un gran estadio de tablones. Como la estructura metálica de soporte de las tribunas era muy similar a la de los depósitos que se usaban para almacenar gas natural, la gente comenzó a denominarlo “El Gasómetro.

El estadio hizo uso de la tecnología más difundida de la época (perfiles metálicos ligeros con gradas de madera dura), pero en una escala que jamás volvió a ser replicada (reunía más de 75.000 espectadores). Sin embargo, la falta de un proyecto superador prolongó excesivamente la vida útil del estadio y, a principios de la década de 1980, sus instalaciones eran irrecuperables y el club no contaba con los recursos para encarar la construcción de uno nuevo.

El Gasómetro se desmontó, el predio se vendió y San Lorenzo comenzó una larga peregrinación por diversas canchas de la Capital Federal. En 1993 construyó un estadio en terrenos propios en el Bajo Flores (a sólo 2,5 km. del viejo Gasómetro). Se emplearon estructuras de hormigón pre-moldeadas que facilitaron la construcción en etapas. El proyecto fue modesto, acorde a los escasos recursos. Se privilegió la capacidad a la comodidad. Se adoptaron soluciones técnicas estándar, sin rescatar elementos arquitectónicos inspirados en el viejo estadio que le confirieran un perfil único y característico. No es osado especular con que se construyó un estadio sin identidad.

A lo largo de los últimos 20 años la afición de San Lorenzo no adoptó este estadio como su hogar. Paralelamente, cada vez cobró más cuerpo la idea de fomentar el regreso a Boedo, a la ubicación original del Gasómetro. Cabe notar que esto sólo es factible pues el terreno del viejo estadio no fue loteado, sino que se instaló un centro comercial. De haberse respetado el plan original que preveía abrir las calles y urbanizar el solar, el regreso no sería posible. La Legislatura de la Ciudad de Buenos Aires atendió la iniciativa y dictaminó una norma que obliga a las partes (el club y el dueño del predio) a negociar los términos del traspaso del terreno. San Lorenzo lanzó un ambicioso proyecto para recaudar fondos extraordinarios para recomprar el solar y construir un nuevo estadio.

La vuelta a Boedo está estrechamente vinculada con la ausencia de un sólido vínculo sentimental entre la afición y el estadio actual. Nadie fomentaría irse de un estadio que aprecia (ver el caso de La Bombonera). Cabe notar que los seguidores de San Lorenzo son muchos y están distribuidos por todo el ámbito metropolitano (la característica común entre los 5 grandes del fútbol argentino es precisamente que su afición excede el ámbito geográfico de su barrio de origen). Este hecho restaría algo de sustento al argumento de “volver al barrio”. Sin embargo, éste es el argumento central del proyecto pues, si el objetivo es restablecer el vínculo sentimental, será imprescindible abrevar profundamente en la rica historia de esta institución.

El club deberá convivir durante un tiempo con dos escenarios (el estadio actual y el nuevo en construcción). Será clave que esta transición no se extienda mucho y que se respeten los plazos anunciados. Toda demora podría conducir a un estado de frustración de la afición y, si las performances del equipo no son buenas, incluso se podría llegar a asociar la dificultades del proyecto con las deportivas.

Los anteproyectos del nuevo estadio muestran limitaciones vinculadas con el poco espacio disponible para la construcción. El estadio tendrá menor capacidad que el actual y sus posibilidades de ampliación resultan complejas. Esta situación podría generar inconvenientes si el éxito del proyecto supera lo previsto. En consecuencia, resultará clave dimensionar acabadamente su capacidad. El proyecto debería rescatar elementos de la tradición del club y adoptar un perfil muy particular que defina una clara identificación (por ejemplo, el exterior podría replicar la estructura metálica que le confirió el mote de “El Gasómetro” al estadio original).

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6.3 El caso de Independiente;
El Club Atlético Independiente inauguró su estadio en Alsina y Cordero en 1928. Fue el primer estadio de cemento del país. Un voraz incendio había destruido el estadio de Crucecita 5 años antes, situación que fue decisiva para que se seleccionaron materiales ignífugos para el nuevo recinto. Se trató de un proyecto de avanzada. La tribuna oficial lateral (de 130 metros) tenía una imponente visera en voladizo (sin columnas que interrumpieran la visual). En las cabeceras también se construyeron tribunas de cemento. De manera provisoria, el estadio se completó con una tribuna lateral de tablones traída desde Crucecita.

Dos años más tarde se completó el estadio mediante una importante (y original) remodelación. Se giró 90º el sentido del campo de juego (la tribuna de la visera pasó a ser cabecera), se extendieron las viejas cabeceras (que pasaron a ser laterales), y se construyó una nueva tribuna cabecera de cemento (opuesta a la visera oficial). Para desarrollar este proyecto se bajó el nivel del campo de juego y, a su alrededor, se construyó una tribuna en terraplén en la que se colocaron 6.000 asientos (una cantidad desusada para la época). El recurso de bajar el nivel del campo de juego para generar espacio adicional fue realmente novedoso. Aún hoy se lo utiliza frecuentemente, en particular cuando se busca eliminar una pista de atletismo.

El estadio estuvo a la vanguardia de los escenarios futbolísticos locales durante 30 años. En 1960 se lanzó una segunda remodelación para incorporar más comodidades. Se construyó una nueva visera (de allí el mote “La Doble Visera”), eliminaron alambrados para mejorar la visual y colocaron más asientos en las tribunas.

El estadio se fue deteriorando con el paso del tiempo y la falta de mantenimiento apropiado. El club no desarrolló un proyecto acabado de adecuación, que permitiera una actualización gradual de sus instalaciones. La construcción de una segunda bandeja sobre la calle Cordero quedó inconclusa.

La carencia de un proyecto de remodelación integral aceleró el agotamiento de la vida útil del estadio. En primera instancia se evaluó construir uno nuevo en Villa Dominico, donde el club cuenta con un predio para entrenamientos. El lugar tenía buena accesibilidad por autopista y, por tratarse de un terreno libre, se hubiera podido desarrollar un proyecto libre de compromisos. La iniciativa se descartó pues primó el factor sentimental, y porque se quiso evitar el siempre peligroso desarraigo que generan estos traslados.

Para preservar entonces la ubicación del estadio en el lugar donde el club coronó sus mayores logros deportivos, se decidió demoler el viejo estadio de la Doble Visera y construir uno nuevo. El club presentó el render de un proyecto de 4 tribunas techadas en dos niveles y cuatro troneras (o gargantas) en las esquinas. Al poco tiempo de presentado el proyecto, las autoridades del club comenzaron a difundir versiones alternativas que sacrificaban estética para disminuir costos. Esta situación respondía al poco consenso alcanzado por el proyecto original o a un problema de financiación (el club afrontó la mayor parte de la inversión con utilidades generadas por la venta de jugadores). Luego de diversos “tires y aflojes”, se retomó el proyecto original.

En 2006 el club tomó la decisión de demoler completamente el viejo estadio (sólo se mantuvo una tribuna sobre la calle Cordero) y comenzar la construcción del nuevo. No se consideró la posibilidad de una construcción en fases. Se asumió así el riesgo de tener que jugar en otros estadios durante la construcción. Esta decisión es siempre discutible pues, aunque se cuente con los fondos suficientes para afrontar los gastos de la construcción, son muchos los imponderables que se enfrentan cuando se encara una obra de esta magnitud. Por lo general, es más prudente avanzar más despacio y evitar jugar en otro sitios durante lapsos prolongados.

La decisión de demoler y construir se probó ruinosa. El proyecto adoptado era sólo un concepto y, bajo ningún aspecto, se lo podía considerar un auténtico proyecto ejecutivo. No fueron resueltas en el tablero las soluciones de ingeniería exigidas por una obra tan compleja como un estadio deportivo. Los problemas técnicos y financieros durante la construcción fueron innumerables. El estadio fue habilitado parcialmente en octubre de 2009, 3 años después del último partido en la Doble Visera. Desde un comienzo recibió severas críticas a la calidad de las terminaciones y ejecución de los trabajos (hay incluso tribunas desalineadas entre las partes nueva y vieja). A más de 10 años del comienzo de las obras, el estadio no está terminado y aún se trabaja en detalles elementales (el palco de la prensa se completaría en 2017). Tampoco hay fecha para el techado de las tribunas que seguramente aportará mayor comodidad y, posiblemente, una estética mucho más acabada.

Los compromisos adoptados durante el diseño han dejado huellas indelebles. Por ejemplo, desde algunos asientos ubicados en las esquinas no es posible ver el banderín del corner (esto sucede en un estadio diseñado desde cero y que exigió la demolición del anterior). De más está decir que la pobre performance deportiva de Independiente durante todos estos años, atenta contra la generación de un vínculo sentimental entre la afición y su nuevo hogar. Son muchos los que añoran la Doble Visera, cuando en realidad lo que extrañan es el nivel de protagonismo de su equipo.

La mayor lección que deja este caso es que es una acción suicida lanzarse a construir sin tener todos los deberes hechos: asegurar la financiación, consensuar el concepto del estadio, desarrollar un proyecto ejecutivo de detalle y contratar una empresa constructora que acredite los debidos antecedentes. En síntesis, como en cualquier otro proyecto de ingeniería, no es posible encarar la construcción de un estadio sin el respaldo de un proyecto integral.

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6.4 El caso del Monumental (River Plate);
El vertiginoso crecimiento institucional del club River Plate es un caso paradigmático del fútbol argentino. En sólo 15 años —entre 1923 y 1938— pasó de jugar su partidos en una modesta cancha a la vera de la dársena de ingreso al puerto de Buenos Aires, a poseer uno de los estadios más grandes del mundo al que llamó “Monumental” (quizás el más importante jamás construido en el país). Precisamente, es la plena vigencia de este estadio —a casi 80 años de su inauguración— lo que pone en franca evidencia el atraso que hoy registra la Argentina en materia de construcción de arenas deportivas.

Vista la falta de originalidad puesta de manifiesto en la construcción de estadios en la Argentina durante los últimos 65 años, cuesta creer la osadía, visión y capacidad de gestión que demostraron los dirigentes de este club al proyectar la construcción del Monumental.

Desde principios de siglo, las diversas Asociaciones que regentearon los destinos del fútbol local sondearon la posibilidad de construir un field oficial para albergar los partidos de la Selección y otros encuentros relevantes. Por diversas circunstancias, nunca fue posible concretar esta iniciativa, y la construcción del Monumental la sepultó definitivamente. El estadio de River Plate ha albergado la mayoría de los partidos de las Selección Argentina en los últimos 80 años.

En el momento de su inauguración era un estadio de avanzada. Queda claro que en aquella época se privilegiaba maximizar la capacidad total y, en consecuencia, se adoptó una forma oval con tribunas alejadas del campo de juego. La pista de atletismo no fue una condición del proyecto (durante 40 años fue el único estadio de fútbol con pista de atletismo en la Argentina), sino consecuencia de tener el espacio disponible (sólo se la utilizó durante los juegos Panamericanos de 1951).

Para su construcción se eligió un terreno amplio (5 hectáreas) en la zona norte de la ciudad (área cuyo pujante desarrollo era posible presagiar ya en aquel tiempo). La construcción de estadio se pautó en etapas. Inicialmente sólo tuvo 3 de las 4 tribunas. La parte baja de la cabecera del Río de la Plata se completó en 1957 y la superior en 1978, cuando fue la sede principal de la Copa del Mundo. El estadio conserva su diseño original, que incluye la circulación bajo tribuna para facilitar el movimiento de los espectadores. La capacidad disminuyó a medida que se colocaron más asientos en las tribunas, que originalmente eran ubicaciones populares.

A pesar de ser el estadio más importante de la Argentina y resistir estoicamente el paso del tiempo, no es aventurado conjeturar que el Monumental ya agotó su ciclo de vida si aspira a seguir siendo el principal estadio del país. Los principios modernos que hoy regulan el diseño de estadios no están presentes. La gente está muy alejada del campo de juego y, por ende, la visual no es la ideal. El estadio posee instalaciones complementarias deficientes (sanitarios, áreas para refrigerios), que no están a la altura de la importancia de los partidos que allí se organizan.

Si se hiciera un parangón con Wembley (el más importante estadio de Inglaterra), resultaría fácil concluir en que la mejor solución sería la demolición y reconstrucción con nuevos parámetros de diseño. Sin embargo, esta no resulta hoy un alternativa viable, por tratarse de una instalación propiedad de una asociación civil sin fines de lucro (no una corporación comercial), y por estar localizada un país de gran inestabilidad económica como la Argentina (lo que impide obtener financiación en condiciones ventajosas).

El club ya dio a conocer un proyecto para remodelar el estadio y resolver algunos de los problemas que lo aquejan. Como no podía ser de otra manera, la idea se centra en eliminar la pista de atletismo, bajar el nivel del terreno y aprovechar el espacio disponible con nuevas tribunas cercanas al campo de juego (una solución probada con éxito en instalaciones similares). El proyecto incluiría el techado de todas la tribunas. En líneas generales, se trata de un proyecto muy razonable (aunque no estamos hablando de un estadio del siglo XXI). La moraleja es que si un estadio están bien construido, siempre ofrecerá muy buenas variantes para ser actualizado y extender así su vida útil.

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6.5 El caso del Cilindro (Racing);
El Racing Club se estableció en la intersección de las calles Alsina y Colón de la ciudad de Avellaneda en 1906 (sólo 3 años después su fundación). Es el solar más antiguo en el que actualmente se juegan partidos de 1ª división del fútbol argentino. Durante los siguientes 40 años el estadio (de madera), creció de manera gradual y siempre estuvo considerado entre los más importantes del área metropolitana. En 1947 se desmontaron las instalaciones y comenzó a construir un importante estadio de cemento que se inauguró en 1950.

Para el nuevo estadio se adoptó un contorno atípico: un círculo. No hay que ser un genio de la geometría para entender que no es fácil encajar un rectángulo dentro de un círculo. Por esa razón, los extremos del campo de juego fueron incrustados contra las tribunas cabeceras, a costa de generar un angostamiento de los pasillos de circulación en las cuatro esquinas. Este recurso permitió desarrollar un estadio con muy buena visual desde todas las ubicaciones (tanto en el anillo inferior como en el superior). También se evitó la proliferación de alambrados (se rodeó el campo con un foso), situación que contribuye notablemente a tener una buena visión del juego. El aspecto más negativo es la ausencia de circulación bajo tribuna. Al anillo superior se accede y egresa por escaleras que no están conectadas por un calle interna de circulación. Esta situación dificulta el movimiento de los espectadores (en especial al terminar los partidos), y no ofrece espacios adecuados para la comercialización de refrigerios ni merchandising.

La modificación más importante desde su inauguración fue el techado parcial del anillo superior, que dotó de mayor confort a estas ubicaciones. Sin embargo, por tratarse de una intervención no prevista en el proyecto original se adoptaron soluciones constructivas de compromiso que en algunos casos aislados interfieren con la visual del juego.

La afición de Racing desarrolló una enorme identificación con el Cilindro. El estadio no presenta señales de deterioro, ni resultaría simple su remodelación. Es entonces muy probable que mantenga su actual configuración durante los próximos 20 años.

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6.6 El caso del Palacio (Huracán);
Huracán se radicó en Alcorta y Luna en el barrio de Parque Patricios en 1924. Al igual que otros clubes, primero desarrolló un amplio estadio de tablones. El campo de juego estaba rodeado por un moto-velódromo con curvas peraltadas, en el que se corrían carreras de motos y bicicletas. En 1943 se desmontó el viejo estadio y comenzó a construir uno nuevo de cemento, que se inauguró en 1947.

El proyecto fue realmente original. Se construyó un óvalo con tribunas muy empinadas para no alejar a los espectadores del perímetro del campo de juego. El exterior del estadio fue objeto de una cuidada terminación y por eso recibió el nombre de “El Palacio”. También se incluyeron calles de circulación interna bajo las tribunas, que simplifican el ingreso y egreso de los espectadores.

El estadio fue dimensionado en una época en la que la principal audiencia de un partido la constituían los espectadores presentes en el estadio. Como el campeonato argentino siempre tuvo un alto porcentaje de clubes participantes del área de Buenos Aires, era frecuente que el estadio se llenara con simpatizantes de ambos cuadros. En síntesis, el estadio fue dimensionado para alojar el doble de la convocatoria del equipo local. Por razones de seguridad, en 2013 se prohibió la presencia de simpatizantes visitantes en los partidos de fútbol del torneo local. Esta anómala situación tuvo como inmediata consecuencia que muchos estadios no se llenaran más. El de Huracán es un estadio en condiciones de albergar 50.000 personas, por lo que aún concurrencias que superen las 25.000 personas dejan la mitad del estadio vacía. Resulta evidente que, si se tuviera que dimensionar el estadio bajo estas circunstancias, se proyectaría uno mucho más chico.

Una de las alternativas para mejorar el aprovechamiento de los estadios de fútbol es ofrecer otros espectáculos que reúnan grandes concurrencias. El estadio de Huracán está localizado en la zona sur de la ciudad de Buenos Aires, que en la primera mitad del siglo pasado concentraba una amplia actividad industrial. Es la zona que registró menor desarrollo urbano en las últimas décadas. Las actuales autoridades pusieron en marcha un plan para reciclarla (la sede del gobierno municipal se mudó a pocas cuadras del estadio) y fomentar la radicación de nuevas empresas. Si cambiaran las expectativas de la zona, el estadio de Huracán podría convertirse en una sede apropiada para recitales. Necesitaría una importante remodelación. No sería ilógico convertirlo en un escenario con 100% de espectadores sentados (la disminución de capacidad ya no es un problema), y probablemente techado.

Cabe notar que los propios asociados lograron que el estadio sea declarado patrimonio cultural. Esta medida —que busca preservar la riqueza arquitectónica— encierra una paradoja, pues impide la actualización de estructuras funcionales como los estadios que se vuelven obsoletos con el paso del tiempo.

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6.7 El caso del Amalfitani (Vélez);
Vélez Sarsfield se radicó en Liniers en 1943. Las circunstancias en las que se transfirió a este lugar fueron dramáticas. En 1940 el club descendió de categoría por única vez y atravesó un profunda crisis que lo puso al borde de la desaparición. Sin embargo, fue precisamente esta crisis la que le permitió convertirse en un institución deportiva modelo. En primera instancia construyó un modesto estadio de madera.

A medida que el club se recuperó, proyectó la construcción de un importante estadio de cemento. El proyecto se inauguró en 1951. En este caso también se adoptó una construcción en etapas (una característica habitual en los proyectos que privilegian la prudencia). Se diseñó un estadio con tribunas paralelas al campo de juego en los cuatros costados del terreno. Esta situación le otorgó una excelente visión del campo de juego. El estadio está localizado junto a la avenida de circunvalación de Buenos Aires. Su fácil accesibilidad lo convirtió en un escenario privilegiado en el que con frecuencia se juegan partidos importantes en los que no participa el equipo local. Así se optimiza el aprovechamiento de las instalaciones. Esta característica fue decisiva cuando se seleccionó un segundo estadio porteño para la Copa del Mundo de 1978. Vélez fue el elegido y el estadio se refaccionó para que se pudiera jugar allí la final de la Copa del Mundo en caso que se registrara un inconveniente en el de River Plate.

El estadio es también frecuentemente usado para recitales y otros deportes, como el rugby, lo cuentan entre sus escenarios favoritos. En ocasión de jugarse el campeonato mundial juvenil de 2001 se colocaron asientos en las tribunas. Incluso se propuso eliminar los alambrados detrás de los arcos, pero la AFA no estuvo de acuerdo. En la actualidad el estadio debería ser actualizado. Por ejemplo: convertirlo en all seater (con el uso de rail seating en las tribunas cabeceras) y techarlo completamente

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6.8 El caso de la ciudad de La Plata;
En la Argentina no hay tradición de ciudades con estadios oficiales. Sólo para la Copa del Mundo de 1978 se los construyó en Córdoba, Mendoza y Mar del Plata. En el resto de las capitales provinciales siempre predominó el modelo de estadios propiedad de cada club. La Plata no fue la excepción y sus dos encarnizados rivales (Estudiantes y Gimnasia) siempre tuvieron sus estadios enclavados en el bosque.

Cuando la Gobernación de la Provincia decidió construir un estadio —al que provocativamente bautizó “Único”— inmediatamente recogió la oposición de las parcialidades de ambos clubes. Luego de largas refriegas, se autorizó a los clubes a remodelar sus viejos estadios.

Ambos tomaron caminos divergentes:
- Estudiantes optó por desmantelar su cancha y comenzar a construir un estadio nuevo de cemento. El plan encontró fuerte resistencia. Primero de las autoridades municipales (que privilegiaban el uso del estadio oficial). Luego de organizaciones ambientales (que objetaron su localización en el bosque). Superados estos escollos externos, el club debió enfrentar los internos: un proyecto imperfecto y una crónica falta de recursos. El estadio se inauguró en noviembre de 2019 (13 años después de la desafectación del viejo estadio). En la fase final de desarollo el club adoptó un enfoque más moderno e incorporó al proyecto elementos que hacen a la comercialización de espacios y atracción de sponsors. Su capacidad ha sido dimensionada con relativa prudencia pues, en caso de tener que jugar partidos que superen la capacidad del estadio, es posible recurrir al estadio oficial (donde la afición Pincha se encuentra muy a gusto pues el club obtuvo varios logros deportivos en esa cancha). Como ya vimos, la victorias generan un sólido vínculo sentimental entre los hinchas y el estadio.
- Gimnasia eligió preservar sus instalaciones y reemplazar los tablones de madera por vigas de cemento. Esto le confiere al estadio un aspecto retro. Se desarrolló un modesto proyecto de remodelación que incluye: la construcción de una nueva tribuna lateral (en curso), y otras mejoras estéticas y funcionales. El hecho que circunstancialmente no haya hinchas visitantes, asegura que la capacidad del estadio estará en condiciones de alojar a la nutrida concurrencia local. A diferencia de su rival (que parece jugar a gusto en el estadio oficial), los seguidores de Gimnasia detestan este recinto por lo que difícilmente harán buen uso de él.

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6.9 El caso de la ciudad de Rosario (y el de Santa Fé);
La ciudad de Rosario es quizás la sede de la más encarnizada rivalidad entre dos equipos del fútbol argentino: Rosario Central y Newell’s Old Boys. Esta rivalidad se extiende a todos los aspectos de los clubes, situación que aleja de toda consideración la posibilidad que alguna vez se disponga de un estadio común.

Cada club posee su estadio y siempre fue así. Cuando se eligió el estadio que sería sede de la Copa de Mundo en 1978, ambos clubes extremaron las gestiones para ser seleccionados. Finalmente la moneda cayó del lado de Rosario Central, pues es justo reconocer que su proyecto de ampliación presentaba un alto grado de avance.

Rosario Central se radicó en su actual ubicación en el bario de Arroyito en 1925. El club alquilaba los terrenos pero, en 1929, decidió construir un estadio de cemento (en esos tiempos los clubes que alquilaban preferían las tribunas de tablones pues en caso de mudanza podían desarmarlas y volver a montarlas en una nueva ubicación). Rosario Central resolvió la propiedad de su terreno en 1946 (hizo un trueque con la Municipalidad). A partir de ese momento puso en marcha un plan para ampliar el estadio, que desarrolló en dilatadas etapas a medida que conseguía los recursos extraordinarios que requerían las obras. La construcción de la segunda bandeja comenzó en 1958, y recién se la completó para la Copa del Mundo de 1978. El estadio presenta una silueta rectangular con tribunas cercanas al contorno de la cancha. Se llena con regularidad (este es uno de los casos en los que el equipo local se ha visto favorecido por la prohibición de asistencia de la hinchada visitante). Sin embargo, de mantenerse el entusiasmo demostrado por sus seguidores, la actual estructura no está en condiciones de satisfacer toda la demanda de espectadores. Se preparó un proyecto de una tercera bandeja pero, como es frecuente, los recursos financieros no son fáciles de obtener.

Newell’s se instaló en terrenos fiscales del Parque de la Independencia en 1911. El club no es dueño del predio pero obtiene con regularidad la renovación del permiso. En 1930 construyó una tribuna de cemento con visera (semejante a la construida por Independiente), que lo puso a la vanguardia de las canchas de aquel momento. Luego el estadio entró un largo letargo y sólo se hicieron reformas parciales. Esta situación fue decisiva cuando se seleccionó al estadio de Rosario Central para la Copa del Mundo de 1978. Finalmente el club retomó la remodelación del estadio, que al igual que el de su rival se llena con frecuencia (no hay lugar para los visitantes). El estadio es hoy una colección de soluciones constructivas aplicadas para aumentar su capacidad (un esquema que aún permite nuevas ampliaciones). En contrapartida, carece de una integridad conceptual que lo destaque como obra de arquitectura.

La ciudad de Santa Fé siguió el modelo rosarino, pero 30 años más tarde. El estadio de Colón (el más grande de la ciudad) fue reciclado para albergar partidos de la Copa América de 2011. Su rival, Unión, lanzó entonces una ambiciosa remodelación para ampliar la capacidad de su propio recinto. Tucumán es otro caso similar en el que los dos principales clubes de la ciudad desarrollan sus proyectos en forma independiente.

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6.10 Otros casos en el área metropolitana.
El área metropolitana de Buenos Aires se encuentra densamente cubierta por infinidad de equipos de fútbol. Cada uno posee su cancha y estadio, que responden a la historia, idiosincrasia y recursos disponibles. Esta canchas pueden ser clasificadas en la siguientes tipologías:
- las que se ejecutan sobre la base de proyectos de ejecución gradual en la misma locación original de la cancha de tablones: Lanús, Ferro, Chacarita, Atlanta;
- las que se construyen en nuevas ubicaciones: Quilmes, Deportivo Morón;
- las que constituyen una colección de tribunas de diferentes formas sin un proyecto integral: Banfield (quizás el caso más paradigmático), Arsenal, Defensa y Justicia, Temperley, Platense, Tigre y muchas más…

Abundan los estadios hechos a pedazos sin un plan regulador. Hoy existen métodos constructivos que permiten asumir menos riesgos, gracias a una rápida ejecución que acota los costos. Para desarrollar buenos proyectos, resulta entonces clave planificar: pensar a futuro, estandarizar las etapas, y nunca ir más allá de lo que se debe.

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7. Corolario
Este trabajo no pretende ser un tratado sobre construcción de estadios, ni elaborar recetas únicas que apliquen a todas las circunstancias.

Su objetivo es recopilar eventos significativos —y en algunos casos pintorescos— del acervo histórico y cultural de cada club, y exponer de manera simple y ordenada el denso entramado de variables económicas y sociales que entran en juego cuando que se encaran estos emprendimientos.

La Argentina supo estar a la vanguardia de los estadios de fútbol en la década de 1940. Desde entonces, comenzó una gradual y sistemática declinación que ha llevado a contar hoy con recintos deportivos muy inadecuados.

Desde el punto de vista del espectador, la función de todo estadio es la de “ver bien los partidos”. Esta premisa evolucionó gradualmente en una más compleja “proveer una experiencia de inmersión en un espectáculo deportivo”.

Esta aseveración nos conduce a la siguiente conclusión: “el destino de todo estadio de fútbol es ser reemplazado por uno mejor.”

Para desarrollar un proyecto acabado de nuevo estadio, es indispensable no escatimar recursos en la etapa de planificación. Lo urgente nunca deja tiempo para lo importante (Mafalda/Quino).

Siempre hay que planificar e informar muy bien antes de empezar a romper lo que se tiene. Privilegiar la prudencia y no dar pazos inciertos. Fomentar la discusión entre todos los interesados hasta consensuar un proyecto.

Cada club es diferente y cada uno tiene su idiosincrasia. El vínculo entre un estadio y su afición es una relación tan compleja como inexplicable. Todo proyecto de cambio requiere entonces la máxima atención, para no desatender aspectos críticos que atentarían contra el éxito del proyecto si no son contemplados de manera adecuada.

No hay razones que impidan retomar un sendero de vanguardia en el diseño y construcción de estadios de fútbol, si se incorporan las innovaciones, pero respetan las tradiciones y trabaja para alcanzar un amplio apoyo comunitario.§

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La gira de Sudáfrica en 1906

Una amplia recopilación de la gira que realizó un equipo amateur representativo de Sudáfrica por Buenos Aires, Rosario, Montevideo y San Pablo, y que dio continuidad a las visitas de equipos británicos organizadas para difundir el juego y promocionar la práctica del fútbol.


NdR: esta reseña contiene extractos del libro "El Futbol en el Río de la Plata" de Ernesto Escobar Bavio (publicado en 1923), junto con citas textuales de artículos de la época publicados en diarios y revistas (La Argentina, Caras y Caretas, PBT, La Ilustración Sudamericana y otros). Se buscó preservar el estilo de redacción original para mejorar la experiencia del lector. La investigación se nutrió de los generosos aportes de Patricio Minig y Pablo Kersevan, sin cuya valiosa colaboración no hubiera sido posible completarla.

Índice
1. INTRODUCCIÓN
2. SUDAFRICA
2.1 Breve historia de la colonización
2.2 Desarrollo del fútbol local
2.3 El plantel para la gira
3. ORGANIZACIÓN
4. PARTIDOS
4.1 Viernes 22 de junio vs. Universitarios
4.2 Domingo 24 de junio vs. Alumni
4.3 Viernes 29 de junio vs. Belgrano Athletic
4.4 Domingo 1º de julio vs. Liga Rosarina (en Rosario)
4.5 Domingo 8 de julio vs. Británicos
4.6 Lunes 9 de julio vs. Argentinos
4.7 Jueves 12 de julio vs. Estudiantes
4.8 Domingo 15 de julio vs. Liga Argentina
4.9 Miércoles 18 de julio vs. Liga Uruguaya (en Montevideo)
4.10 Domingo 22 de julio vs. Alumni (revancha)
4.11 Jueves 26 de julio vs. Quilmes Athletic (y despedida de Bs.As.)
4.12 Martes 31 de julio vs. Liga Paulista (en San Pablo)
5. CONCLUSIÓN
5.1 Síntesis
5.2 Repercusiones
5.3 Enseñanzas y reflexiones

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1. INTRODUCCIÓN
La Football Association (FA) fue establecida en 1863 en Inglaterra, con el propósito de unificar las diferentes variantes del fútbol que se jugaban en los colegios y los incipientes clubes atléticos del país. 

A partir de ese momento, el association football —como se denominó al código de la gambeta (dribbling code)— se difundió rápidamente y convirtió en el deporte más popular de las Islas Británicas.

En 1871 la FA patrocinó la Challenge Cup, un torneo por eliminación en el que jugaban todos sus clubes afiliados (es hoy el torneo vigente más antiguo del mundo). Esta competencia convocó grandes concurrencias que abrieron la posibilidad de atraer a los mejores jugadores mediante una compensación económica. En 1885 se autorizó la práctica profesional del fútbol. En 1888, 12 equipos profesionales del norte del país (ninguno de Londres) establecieron la English League que, a diferencia de la FA Cup, organizó un campeonato por acumulación de puntos en el que los equipos se enfrentaban todos contra todos en dos ruedas.

El éxito de esta organización del fútbol en Inglaterra también se vio reflejado en la gradual exportación del deporte a través de los innumerables entusiastas que lo fueron esparciendo por el mundo a medida que se expandían los negocios internacionales de las empresas británicas. Sobre el fin del siglo XIX la FA entendió que su rol en el fútbol ya no podía quedar limitado a los asuntos domésticos. Frederick Wall, quien durante 40 años fuera el Secretario de la FA, señaló: la Asociación ha sido acusada de ser insular y, por lo tanto, de mente estrecha. En el n. 61 de Chancery Lane quizás predominó la actitud que Inglaterra era nuestra parroquia y no teníamos responsabilidades en el juego en otros países. Pero pronto desarrollamos una visión más amplia, y desde que asumí la Secretaría en 1895 hemos hecho mucho trabajo misionero.

El primer equipo inglés de fútbol que realizó una gira por el extranjero fue el del Corinthian Football Club. Este equipo, integrado por ex - alumnos de las public schools —los exclusivos colegios ingleses— se regía por un estricto código amateur. Había sido establecido en 1888 para brindarle a los mejores jugadores amateurs la oportunidad de jugar juntos con mayor asiduidad, para mejorar sus chances de ser seleccionados antes que los profesionales y competir con éxito contra el combinado escocés que derrotaba con frecuencia al representativo inglés.

En 1897 los Corinthians realizaron una extensa gira por Sudáfrica, que dio la pauta que el desarrollo del fútbol en el extremo sur del continente africano ya concitaba el interés de la FA. De hecho, la South African Football Association (SAFA) se había afiliado a la FA en 1896 y contaba con un representante en Londres que asistía a las reuniones.

En 1903 los Corinthians volvieron a realizar una gira por Sudáfrica. Esta vez los resultados fueron algo más ajustados. Los alumnos, gradualmente se acercaban a los profesores.

Este mismo proceso también originó las giras de equipos profesionales ingleses por el Río de la Plata. La Argentine Football Association (AFA) se afilió a la FA en 1904 (el mismo año en el que se estableció la FIFA, pero sólo con miembros europeos). Así fue posible concretar las visitas del Southampton en 1904 y el Nottingham Forest en 1905, que la AFA organizó en asociación con la Sociedad Sportiva Argentina (SSA).


En 1906, la AFA y la SSA invitaron a la South African Football Association (SAFA) a enviar un equipo de gira por Sudamérica para competir con equipos locales amateurs y con el team profesional del Fulham FC, que en un principio consideró favorablemente la propuesta. Finalmente el Fulham no viajó, pues inconvenientes de última hora le impidieron venir a Buenos Aires. El club se disculpó en una extensa carta en la que expresó su pesar por no haber podido aceptar la invitación de la AFA. La SAFA sí aceptó la invitación, y en 1906 nos visitó un equipo de aficionados de Sudáfrica. A pesar de su carácter de amateurs, se estaba al tanto de que los visitantes poseían un juego, si no brillante como el de los profesionales del Southampton y el Nottingham Forest, por lo menos lo suficientemente lucido y eficaz como para servir de enseñanza a los aficionados locales al fútbol.

La elitista prensa inglesa local, que había expresado sus prejuicios en las anteriores visitas de equipos profesionales, recibió de muy buen agrado la iniciativa.
 
The Standard señaló: las autoridades argentinas han hecho una maniobra muy acertada al no invitar equipos profesionales durante este año y proporcionar así a nuestros muchachos la posibilidad de enfrentarse a un equipo de iguales, tanto en lo que respecta a la capacidad futbolística como a la posición social (sic). 
 
El Buenos Aires Herald señaló: la composición del equipo sudafricano, a diferencia de cualquier otro que haya visitado este y otros países, es que como amateur está compuesto exclusivamente por deportistas y caballeros en todo el sentido de la palabra (sic).

Esta cruda disociación entre profesionalismo y amateurismo estaba muy en boga en la época, tanto en la Argentina como en Inglaterra. En 1907, unos 500 clubes de fútbol del sur de Inglaterra (entre ellos el Corinthian FC) se separaron de la FA y fundaron la Amateur Football Association. Sin embargo, la iniciativa no prosperó al no obtener en 1908 el reconocimiento de la FIFA. La entidad disidente retornó al seno de la FA en 1914.

Por estar afiliada a la FA, la AFA no podía auspiciar competencias con equipos de la disidente Asociación Amateur inglesa. Esa fue la razón por la que entre 1907 y 1913, el Corinthian FC —el mejor exponente del fútbol amateur inglés y quizás el equipo que ofrecía las mejores perspectivas para promover el juego en el medio local— no vino a la Argentina (y sí visitó Brasil en 1910 y 1913).

Consecuentemente, la gira de Sudáfrica de 1906 fue el único caso de un equipo amateur de excelente nivel de juego que vino al país con la misión de difundir el fútbol, objetivo que sin dudas alcanzó con creces.

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2. SUDAFRICA
2.1 Breve historia de la colonización
NdR: la colonización del extremo sur del continente africano fue una de las más conflictivas de la historia. El alcance de este artículo no ahonda en detalles sobre el particular, pero resulta oportuno incluir breves conceptos pues algunos hitos trascendentales de la colonización fueron contemporáneos con la gira del representativo sudafricano en 1906.

Los primeros barcos portugueses rodearon el Cabo de Buena Esperanza en 1488, y abrieron una lucrativa ruta de comercio con Oriente. Los británicos y holandeses desafiaron el control portugués de esa ruta marítima desde principios del siglo XVII. En 1620 los británicos establecieron un asentamiento de corta duración en la actual Ciudad del Cabo. En 1652 la Compañía Holandesa de las Indias Orientales estableció una estación para re-aprovisionar a sus flotas marítimas, y gradualmente consolidó su presencia en la zona que adquirió una relevante posición política y comercial.


Cuando Gran Bretaña entró en guerra con Francia en 1793, ambos países intentaron capturar el Cabo de Buena Esperanza para controlar la ruta marítima hacia Oriente. El momento decisivo para la colonia ocurrió en 1806, cuando Gran Bretaña se apoderó del Cabo durante las Guerras Napoleónicas. NdR: una vez consolidada esta posición, los británicos lanzaron desde allí sus intentos de capturar las posesiones españolas en el Río de La Plata: “las Invasiones Inglesas”.


El Cabo se convirtió en una colonia vital para Gran Bretaña. Se desarrollaron fuertes lazos económicos con Sudáfrica, que sirvió como mercado para exportaciones, fuente de materia prima y destino para la emigración. Los cambios introducidos por la administración británica (reemplazo de la moneda, la lengua, la propiedad de la tierra y los derechos políticos de los no-británicos), fomentaron la emigración de los boers (descendientes de los antiguos colones holandeses), al interior del continente. Esta expansión se hizo a expensas de la población nativa, que sistemáticamente fue desplazada de las tierras más fértiles y, sin condiciones para subsistir, quedó condenada a trabajos forzosos en asentamientos de colonos de ascendencia europea.


A mediados de siglo XIX se consolidaron dos repúblicas independientes de origen boer, una al este del río Orange (Orange Free State), y otra más allá del río Vaal (Transvaal). Ambas basaban su economía en la agricultura. 

En 1870 se descubrieron importantes yacimientos de diamantes en Kimberley. Los británicos no tardaron en asegurarse la posesión de estos importantes recursos. Fomentaron entonces la federación de todo el territorio sudafricano, sometieron a los reinos de población nativa, y en 1877 tomaron posesión de las dos repúblicas boer. Pero el costo de mantener estos territorios era alto, y en 1884 se restauró bajo tutela británica la independencia de las repúblicas boer: Orange Free State y Transvaal (llamada República Sudafricana).
 

Tan sólo dos años más tarde, en 1886, se descubrieron en Johannesburg (Transvaal) los yacimientos de oro más importantes del mundo, lo que aumentó de manera desmesurada el interés económico en toda la región. A medida que aquellas sociedades predominantemente agrarias se urbanizaron e industrializaron, la región se convirtió en proveedora de minerales preciosos para la economía mundial. El oro se usaba como respaldo de las monedas nacionales, y su disponibilidad aseguraba el flujo continuo del comercio internacional. Las tensiones entre británicos y boers condujeron entre 1899 y 1902 a la guerra de Sudáfrica (también llamada 2ª guerra anglo-boer).
 

El ejército británico emergió victorioso, pero a un alto costo material y moral, debido a los frecuentes y flagrantes abusos que cometió contra la población civil (boer y nativa). Los años que siguieron a la guerra se dedicaron a la reconstrucción material e institucional del país. Fue precisamente durante este turbulento período cuando el equipo de fútbol de Sudáfrica visitó Sudamérica.

En 1910 se estableció la Unión de Sudáfrica, que unificó los territorios de: el Cabo, Natal, Transvaal y Orange River. Al cabo de una guerra larga y cruel, los británicos otorgaron términos sorprendentemente liberales a los boers (o afrikáners), lo que marcó la preeminencia de este grupo étnico en la formación del país.
 

A medida que se consolidó la independencia de Sudáfrica, el régimen político se radicalizó mediante la formulación del apartheid, un régimen de racismo acentuado y represión institucionalizada que duró 50 años. Recién en 1994 se desarrollaron las elecciones democráticas que dieron paso el nacimiento de la nueva Sudáfrica.

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2.2 Desarrollo del fútbol local
Los deportes organizados en Sudáfrica se desarrollaron a partir de 1875, cuando se formaron los primeros clubes de rugby, fútbol, cricket, atletismo, tenis, golf, turf y ciclismo, que comenzaron a competir con regularidad. Las pioneras asociaciones nacionales se establecieron durante la década de 1890, a medida que se fue consolidando la transformación industrial y minera del país. En las décadas de 1880 y 1890, el magnate naviero Donald Currie donó 5 trofeos (cricket, rugby, fútbol, natación y waterpolo) para ser disputados en Sudáfrica. En la Currie Cup de fútbol —disputada por primera vez en 1892— jugaban los seleccionados de cada provincia y era la competencia de fútbol más importante del país.

En 1892 se fundó en Kimberley la South African Football Association (SAFA), que nucleaba a clubes de todo el territorio sudafricano pero de exclusiva membrecía blanca. El representante de la corona británica (Cecil Rhodes) era el presidente honorario de la SAFA, y los presidentes de las dos repúblicas boers (Paul Kruger, de Transvaal, y Francis Reitz, de Orange Free State) sus patrocinadores. La SAFA se afilió a la FA en 1896. Al año siguiente el Corinthian Football Club fue el primer equipo de fútbol extranjero en visitar Sudáfrica. La gira abarcó 23 partidos (21 ganados y 2 empatados, con 113 goles a favor y 15 en contra), siempre con equipos locales compuestos íntegramente por jugadores blancos. 

Unos 5.000 espectadores presenciaron en 1897 el partido del Corinthian en el Wanderers Ground de Johannesburgo.

En 1899, un equipo representativo del Orange Free State, compuesto íntegramente por jugadores de raza negra y denominado Bantú FC, realizó una gira por Gran Bretaña y Francia. 

Durante 4 meses disputó 49 partidos, de los que ganó 1, empató 1 y perdió 46 (uno se suspendió por lluvia), convirtió 181 goles (promedio de 3,7 goles/partido) y le marcaron 306 (promedio de 6,3 goles/partido). Los visitantes enfrentaron a los mejores equipos británicos, y los resultados hablan bien a las claras de las diferencias existentes. Sin embargo, la prensa inglesa destacó el entusiasmo y esfuerzo puesto de manifiesto por los africanos en sus partidos. El público demostró interés en la gira, pero por la curiosidad que despertaba un equipo de características exóticas. Al iniciarse las hostilidades entre los británicos y los boers, los jugadores africanos tomaron partido por Gran Bretaña, y aprovecharon para denunciar que en su propia nación no gozaban de las libertades de las que habían disfrutado desde su arribo a Inglaterra. Como es de suponer, la gira no tuvo repercusión en la prensa sudafricana.

Concluida la guerra anglo-boer, los Corinthians volvieron a visitar Sudáfrica en 1903. Jugaron 25 partidos, de los que ganaron 22, empataron 2 y perdieron 1 (en Durban), con 78 goles a favor y 18 en contra. De acuerdo con expresiones de los jugadores visitantes, el nivel de juego local había mejorado considerablemente desde la visita realizada 6 años atrás.

En el momento de iniciar la gira por Sudamérica de 1906, el fútbol sudafricano gozaba de amplia popularidad en el país (comparable con el rugby y el cricket), y su nivel de juego mostraba progresos ciertos, producto de las visitas de equipos ingleses de primera calidad.

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2.3 El plantel para la gira
El plantel seleccionado para la gira por Sudamérica estuvo compuesto por 15 jugadores, todos blancos y estrictamente aficionados. Eran empleados públicos (Servicio Civil Colonial, Casa de Gobierno, Departamento del Comisionado en Jefe y Departamento de Minas), y privados (empresas mineras y bancos). Dos de las esposas de los jugadores acompañaron a la delegación.

Del total de 15 jugadores, 7 habían nacido en Sudáfrica, 7 en Inglaterra y el restante en Escocia. En la comitiva había 5 representantes de Transvaal; 4 de Cape Colony; 3 de la Frontera y 3 de Orange River Colony. Tres jugadores de Natal que habían sido seleccionados (entre ellos el arquero Dave Nourse), no integraron la delegación debido a compromisos militares surgidos durante la rebelión de los Zulus contra el dominio británico y tuvieron que ser reemplazados.

Siguen los antecedentes de los 15 jugadores, junto a una somera descripción de las capacidades de cada línea:

W. Brown: goalkeeper. Nació y aprendió a jugar en Inglaterra. Fue elegido a último momento en reemplazo de Nourse. Era un jugador joven, pero de buena estampa. Poseía una contextura física de primer orden y gran agilidad. Siempre vigilante, entendía bien el juego y anticipaba donde caería la pelota para despejarla del gol con múltiples recursos.

Henry N. Heeley: full-back derecho. Sudafricano. Nació y aprendió a jugar al fútbol en Pietermaritzburg (Natal). Jugó allí hasta que estalló la guerra anglo-boer y luego lo hizo en Johannesburgo, Transvaal. Era el crédito de Sudáfrica, tanto en fútbol como en cricket y tenis. De pequeña estatura, muy veloz, habilísimo, y de buena patada, siempre fue elegido para los partidos representativos. Manejaba ambos perfiles y acreditaba gran experiencia. Controlaba a sus adversarios con la mayor suficiencia y sin esfuerzo aparente. Nunca tiraba pelotazos, y siempre le pasaba la pelota al half mejor ubicado para que éste a su vez la trasladara a los forwards. Cuando en 1903 los visitaron los Corinthians, acordaron entregar una medalla de oro al mejor jugador local y se la dieron a él. Era el capitán del equipo y el encargado de la excursión.

J. H. Robinson: full-back izquierdo. Escocés. Allí aprendió a jugar al fútbol. En la Currie Cup jugó en 1903 en Transvaal, en 1904 fue capitán de Western Province, y en 1905 en el team de la Frontera. Ligero y buen tackler.

Esta pareja de backs era considerada la parte más fuerte del team sudafricano.

W. Schmidt: half-back derecho. Nació y aprendió a jugar en Sudáfrica. Jugó la Currie Cup por Transvaal en 1894, 1897 y 1905. Fue elegido para jugar contra los Corinthians en 1897. En 1900 jugó una vez por Queens Park Rangers contra Tottenham Hotspur. Además jugaba cricket y tenis.

J. Binckes: centre-half. Nació y aprendió a jugar en Sudáfrica. Era un jugador de batalla más que de brillo. Incansable y trabajador.

T. Chalmers: half-back izquierdo. Inglés. En la liga del Sur de Inglaterra jugó por Reading, y en la Escocesa por Clyde. Durante 7 años jugó en el ejército, en el equipo del Cameronians Regiment (Scottish Rifles). En 1895 fue elegido dos veces para jugar en el combinado del ejército contra los Corinthians y South of England. Fue trasladado a Sudáfrica con su regimiento para luchar en la guerra anglo-boer.
Luego de la guerra, desde 1903 jugó la Currie Cup en el equipo de Orange River Colony, del que fue su capitán y con el que enfrentó a los Corinthians. De poca estatura, era un jugador de muchos recursos y amplia conciencia. Gambeteador y táctico, fue indudablemente el mejor entre los half-backs que vinieron.

Los 3 halves (Schmidt, Binckes y Chalmers) se desempeñaban tanto en la defensa como en el ataque, según lo requiriera el desarrollo del match. Jugaban cerca de su línea de forwards, para cortar juego rápidamente y reintegrarles el balón a sus delanteros. Tampoco tiraban pelotazos y siempre apelaban a la combinación entre líneas para superar a sus adversarios.

A. McIntyre: outside-right. Inglés. En 1905 jugó la Currie Cup en el equipo de la Frontera, que ganó el trofeo. Ligero e impetuoso, tenía buen centro y shot.

Harold James Henman: inside-right. Inglés. Fue jugador de rugby en el Bedford Grammar School de Inglaterra. Jugó al fútbol en Ipswich y Suffolk. Jugaba en el Wanderers de Johannesburg y representó a Transvaal en la Currie Cup de 1905.

Robert Tyler: centre-forward. Inglés. Aprendió fútbol en el colegio de Wellinborough. En 1903 jugó contra los Corinthians. En 1904 y 1905 disputó la Currie Cup para Cape Town.

W. T. Mason: inside-left. Sudafricano. Jugó la Currie Cup de 1904. Su juego era muy individual. Además jugaba cricket.

Gerald Hartigan: outside-left. Sudafricano. Había aprendido todos sus juegos en su país natal. Jugaba en la izquierda (adentro o afuera). Por la Currie Cup jugó 2 años seguidos.

Los cinco forwards se coordinaban muy bien. Emprendían veloces corridas y sus movimientos serpenteaban entre los adversarios con gran seguridad. Muy rara vez empleaban el dribbling como método de ataque. Los tres forwards centrales combinaban con gran precisión, en especial Mason, quien poseía una velocidad pasmosa y gran pericia para gambetear, pero sólo cuando resultaba oportuno. Empleaban con regularidad el juego con la cabeza, en el que particularmente se distinguía Henman.

Los cuatro jugadores de reserva eran los siguientes:

E. H. Johnston: half-back. Sudafricano. Era novicio. Jugó la Currie Cup de 1905 por Western Province, actuación por la que se lo eligió para esta excursión. De poca estatura, pero muy hábil.

A. King: centre-half. Nació en Inglaterra y aprendió a jugar el fútbol en el colegio de Harrow. Jugó cricket en partidos importantes y fútbol por Queen’s Park en un par de ocasiones. En la Currie Cup jugó por Orange River Colony en 1904. Tenía varios premios de atletismo en carreras y salto. Corrió la milla en 4’45’’ y su salto más largo fue de 21 pies con 9 pulgadas (6,63 metros).

R. F. Thorne: centre-forward: Inglés. En Inglaterra jugó en Bradford City (2ª división). Desde 1898 jugaba en el Wanderers Club de Johannesburg. Representó a Transvaal en la Currie Cup de 1902 y 1903. En 1903 jugó dos veces contra los Corinthians. No era absorbente, tenía mucha serenidad y hacía combinar a sus forwards. Poseía buen shot.

F. Findlay: forward. Sudafricano. Nació en Natal. En 1897 y 1898 jugó la Currie Cup por Natal y en 1905 por Transvaal. Era uno de los 4 ó 5 mejores jugadores de tenis de Sudáfrica. Buen cricketer, en 1898 jugó contra el Lord Hawkes English Eleven que realizó una gira por Sudáfrica.

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3. ORGANIZACIÓN
La Argentine Football Association (AFA) y la Sociedad Sportiva Argentina (SSA) cubrieron todos los costos del viaje y la estadía de la delegación. Al igual que en las giras de Southampton en 1904 y Nottingham en 1905, todos los partidos en Buenos Aires se disputaron en un estadio con tribunas de madera montado ex-profeso en el campo de deportes de la SSA en Palermo.

En principio se fijó un calendario de 10 partidos (8 en Buenos Aires, 1 en Montevideo y 1 en Rosario). Era un programa más extenso que el del Southampton (6 partidos, 5 en Buenos Aires y 1 en Montevideo), y el de Nottingham (9 partidos, 7 en Buenos Aires, 1 en Montevideo y 1 en Rosario). Al ser Sudáfrica un team amateur, no estaba urgido por retornar a su país para comenzar la temporada anual como los equipos profesionales que nos habían visitado con anterioridad.

La publicidad del programa oficial daba cuenta de que ya el parque automotor ya comenzaba a crecer en la ciudad de Buenos Aires.

La selección de equipos locales siguió la pautas de las de los dos años precedentes, e incluyó partidos con: un combinado de jugadores nacidos en el país (Argentinos), otro de jugadores extranjeros de clubes de 1ª Liga (Británicos), y uno de la Liga Argentina sin distinción de nacionalidades. A los principales equipos de clubes porteños (Alumni y Belgrano Athletic), en esta oportunidad se sumaron el Quilmes Athletic y el Club de Estudiantes. Además se organizó un partido con jóvenes jugadores de equipos de 1ª Liga que cursaban estudios en la Universidad de Buenos Aires (Universitarios). En Montevideo y Rosario se programó el habitual encuentro con equipos combinados con los mejores jugadores de los clubes locales. 

El programa original de 10 partidos fue el siguiente:
1. Domingo 10 de junio: Estudiantes;
2. Jueves 14 de junio: Alumni;
3. Domingo 17 de junio: Liga Rosarina en Rosario;
4. Jueves 21 de junio: Universitarios;
5. Domingo 24 de junio: Liga Uruguaya en Montevideo;
6. Viernes 29 de junio: Belgrano Athletic;
7. Domingo 1º de julio: Argentinos;
8. Jueves 5 de julio: Quilmes Athletic;
9. Domingo 8 de julio: Británicos;
10. Lunes 9 de julio: Liga Argentina.

De los 10 partidos previstos, 5 se programaron en domingo y 1 en feriado nacional (9 de julio). Los partidos que atraerían menor concurrencia fueron previstos en días de semana, con la excepción del de Alumni — el club porteño de mayor convocatoria— cuyo match fue extrañamente programado un jueves.

Para trasladar al equipo sudafricano a la Argentina se aprovechó la disponibilidad de una línea marítima que vinculaba de manera directa los puertos de Ciudad del Cabo y Buenos Aires. Esta circunstancia constituía toda una excepción, pues en esa época la líneas marítimas sólo vinculaban los puertos de los países productores de materias primas con los grandes centros de consumo en Europa.

Robert Paterson Houston —un empresario naviero de Liverpool— estableció en 1880 la compañía British & South American Steam Navigation (B&SASN), que transportaba ganado en pie desde la Argentina hacia Gran Bretaña. Al comenzar la guerra anglo-boer en 1899, el ejercito británico tuvo que emprender un colosal envío de tropas y animales de carga a Sudáfrica (las unidades militares aún no estaban motorizadas). 

La B&SASN tenía amplia disponibilidad de barcos adecuados para el transporte de tropas, pertrechos y animales, por lo que comenzó a prestar servicios al ejército británico. Los barcos iban llenos hasta Sudáfrica, pero no tenían carga general, correo o pasajeros para retornar a Gran Bretaña, pues otras líneas ya cubrían esa demanda (principalmente la Union-Castle, que era propiedad de Donald Currie, el mismo que donó los famosos trofeos deportivos sudafricanos).

La B&SASN trazó entonces una ruta triangular mediante la cual sus barcos salían de Liverpool hasta Ciudad del Cabo, y desde allí cruzaban el Océano Atlántico (con poca carga) hasta Buenos Aires, donde llenaban sus bodegas con carne y emprendían el regreso a Inglaterra. Consecuentemente, era posible viajar de Ciudad del Cabo a Buenos Aires de manera directa, pero en un barco de carga con camarotes y no en un barco especialmente diseñado para el transporte de pasajeros. Para regresar era necesario ir primero a Europa y desde allí tomar otro barco a Sudáfrica. La AFA incluyó pasajes de 1ª clase para el regreso de la delegación sudafricana a través de Southampton, pues no había barcos directos disponibles para el Cabo.

La delegación partió de Ciudad del Cabo el 21 de mayo de 1906. El tiempo estimado de la travesía era de 2 semanas de viaje. Embarcaron en el vapor Hylas (todas las naves de la B&SASNC tenían un nombre que comenzaba con H y recordaba a alguna deidad de la mitología griega). La nave había sido botada en 1899, medía 115m. de eslora y desplazaba 4.240 tons. Su velocidad promedio era de 12,5 nudos.

La travesía hasta la Argentina fue larga y complicada, pues durante el viaje predominó el mal tiempo. Las frecuentes lluvias y tempestades, junto al poco lastre que traía el vapor al tener sus bodegas vacías, dificultaron considerablemente la navegación. Al prolongarse excesivamente la duración del viaje, escasearon las provisiones. Durante los últimos días el menú de los pasajeros se limitó a “pan y manteca”. La nave acumuló 12 días de atraso y amarró en el puerto de Buenos Aires el domingo 17 de junio. En total demoraron 27 días (casi el doble de lo previsto originalmente).

Cuando en Buenos Aires se tomó conciencia de que la delegación sudafricana no arribaría a tiempo, se hicieron los arreglos del caso para adecuar el programa de partidos. Se organizó entonces el clásico encuentro anual entre argentinos y británicos (que enfrentaba a jugadores de los clubes de 1ª Liga según su lugar de nacimiento), y aprovechó el partido para seleccionar a los integrantes de los equipos combinados que enfrentarían a los visitantes. 


Se jugó el domingo 10 de junio —fecha del partido inaugural de Sudáfrica— en el campo de juego de la Sociedad Sportiva en Palermo, ante una concurrencia de alrededor de 2.000 espectadores. Actuó de referí con toda corrección el Sr. Guillermo Jordán, quien fue ayudado en las líneas por los Sres. Colin Campbell y Harold Torre. Los equipos formaron como sigue:

Argentinos: José Buruca Laforia (Alumni); William Leslie (Quilmes) y Jorge Gibson Brown (Alumni); Patricio Browne (Alumni), Harold Grant (Belgrano Athletic) y Charles Dickinson (Belgrano Athletic); Gottlob Weiss (Alumni), Alfredo Brown (Alumni), Ernesto Brown (Alumni), Carlos Lett (Alumni) y Eliseo Brown (Alumni).

Británicos: Robert Coulthurst (Belgrano X); Douglas Campbell (Quilmes) y Alexander Harris (Estudiantes); Thomas Lister (Quilmes), John H. Brown (San Isidro) y George East (Belgrano X); John Murray (Quilmes), Charles Whaley (Belgrano Athletic); Arthur Wells (Quilmes); Spencer Leonard (Quilmes) y H. S. Steinbach (Belgrano Athletic).

Para Argentinos actuó William Leslie, de Quilmes, en lugar de Carlos Carr Brown (de Alumni), quien se encontraba enfermo. En Británicos faltó Hooton, quien fue reemplazado por Wells (ambos también de Quilmes).

En el primer tiempo, y con la ayuda del viento, los Argentinos primaron en el ataque. A los 10’ en un entrevero frente al gol de Británicos, John H. Brown (jugador de San Isidro sin relación con los Brown de Alumni), rechazó un shot de Ernesto Brown con tanta mala fortuna que introdujo la pelota en su propio arco. Luego los Británicos encabezaron numerosos avances, pero fueron siempre malogrados por la decidida actuación de los backs Brown y Leslie. Poco antes de terminar la primera mitad Whaley aprovechó un pase de Steinbach y empató el match con un excelente shot cruzado.

Reanudado el juego después del descanso, los Argentinos atacaron con bríos. Alfredo Brown, con un hermoso tiro, y Ernesto Brown, con un certero golpe de cabeza, marcaron otros dos goles para su equipo. La victoria de Argentinos parecía segura, pero Británicos retomó el ataque y, tras una espléndida corrida de Murray, Whaley con golpe de cabeza puso la pelota bajo el arco de donde la sacó Dickinson con la mano. Sin embargo, la pelota ya había traspuesto la línea de sentencia y el referí otorgó el gol a los Británicos. A pesar de los silbidos del público, la decisión del Sr. Jordán fue la correcta. Breves instantes después, Steinbach forzó un córner que, bien tomado por East, le permitió a Whaley marcar otro gol de cabeza para igualar las posiciones.

A pesar de los esfuerzos de ambos equipos, ya no se convirtieron más goles y el partido finalizó empatado en 3 goles. Que no haya habido vencedores ni vencidos fue prueba evidente de lo equilibrado de las fuerzas de ambos equipos. Para los Argentinos, Laforia jugó muy bien y los backs estuvieron excelentes. El mejor half-back fue Grant. Entre los forwards sobresalieron Lett y Alfredo Brown. Weiss no estuvo en su día y erró varios tiros fáciles. En los Británicos, la defensa jugó muy bien, y Campbell fue toda una revelación. East fue el mejor half-back. Todos los forwards respondieron pero Whaley, quien convirtió un hat-trick, estuvo particularmente certero en sus tiros.

La delegación sudafricana arribó el domingo 17 de junio a las 4 de la tarde. A pesar de lo atribulado del viaje, los jugadores llegaron en excelente estado de salud y se mostraron ansiosos de probar su fuerzas en las canchas. 

El capitán, Henry Heeley, declaró que el objetivo de la delegación era visitar el país, exhibir su propia destreza y aprender algo de la ciencia del juego local. Confesó que su máxima ambición sería ser invitado a jugar en Inglaterra (cuna del deporte). Además, se mostró aliviado de no tener que enfrentar durante este gira al equipo profesional del Fulham, pues recordó las diferencias expuestas en el enfrentamiento con los Corinthians en 1903.

Luego del arribo del equipo de Sudáfrica, el Consejo Directivo de la AFA se reunió para reformular el programa de los partidos de la siguiente manera:
1. Viernes 22 de junio: Universitarios (antes jueves 21 de junio);
2. Domingo 24 de junio: Alumni (antes jueves 14 de junio);
3. Viernes 29 de junio: Belgrano Athletic (ídem);
4. Domingo 1º de julio: Liga Rosarina (antes domingo 17 de junio);
5. Jueves 5 de julio: Quilmes Athletic (ídem);
6. Domingo 8 de julio: Británicos (ídem)
7. Lunes 9 de julio: Argentinos (antes domingo 1º de julio);
8. Jueves 12 de julio: Estudiantes (antes domingo 10 de junio);
9. Domingo 15 de julio: Liga Argentina (antes lunes 9 de julio);
10. Miércoles 18 de julio: Liga Uruguaya (antes domingo 24 de junio).

La principal modificación fue postergar más de 3 semanas el partido en Montevideo, para permitir que Alumni pudiera contar con el concurso de Carlos Carr Brown, quien el lunes 25.6 embarcaba rumbo a Inglaterra en viaje privado. El cambio no alteró demasiado los planes de la Liga Uruguaya, pues el 18 de julio es feriado nacional en el vecino país. En consecuencia, se programaron 6 de los 10 partidos en domingos y días festivos, y se dejaron los 4 partidos de menor convocatoria (Universitarios, Belgrano, Quilmes y Estudiantes) para los día de labor.

La delegación visitante se vio colmada de atenciones y fue objeto de un completo programa de actividades para su entretenimiento, que incluyó: conciertos, bailes, banquetes, funciones de teatro y visitas de interés general. 

Entre las diferentes actividades, se pueden mencionar:

. recorrida por toda la ciudad en un tranvía especial puesto a disposición por la compañía Anglo- Argentina;

. visita al Jardín Zoológico de la ciudad de Buenos Aires, excursión a las islas del Tigre, día de campo en la estancia San Jacinto en Mercedes, y recorrida por la ciudad de La Plata;

. visita al edificio del diario La Prensa en la Av. de Mayo;

. visita a las fábricas de bolsas de arpillera "La Primitiva" y de mantas de lana "Progreso";

. bailes en clubes británicos en Quilmes y San Martín, y banquetes de recepción y despedida de la delegación;

. funciones del clown británico Frank Brown en el Teatro Coliseo Argentino frente a la Plaza Libertad, que en esa época disponía de una pista circular de circo, y de Leopoldo Fregoli en el Teatro San Martín de la calle Esmeralda.

Se organizaron también partidos de cricket, tenis y golf en las instalaciones de los clubes británicos de la ciudad y alrededores, más un día en las carreras del Hipódromo Nacional de Belgrano.

Los sudafricanos hablaron en términos muy elogiosos de Buenos Aires, pues los sorprendió encontrar en América del Sur una ciudad tan espléndida y cosmopolita.

Para preparar su presentación, los sudafricanos practicaron en el campo de juego que tenía el club Porteño en Palermo (Av. Alvear y Godoy Cruz). La prensa especializada presenció los entrenamientos y quedó muy bien impresionada. Remarcó que, si bien no eran jugadores profesionales sino aficionados, todos demostraban ser futbolistas de primer orden y que sólo podrían ser vencidos con grandes esfuerzos.

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4. PARTIDOS
4.1 Viernes 22 de junio vs. Universitarios
En el primer partido de la gira, el representativo sudafricano jugó contra un team combinado de alumnos universitarios integrado por jugadores de clubes de la 1ª Liga (1 de Belgrano Extra, 2 de Argentino de Quilmes, 3 de Alumni y 5 de Estudiantes). 

El partido se jugó en el campo de la Sociedad Sportiva en Palermo, a partir de las 2:30 de la tarde. A las órdenes del referí, Sr. William Leslie, los equipos se alistaron de la siguiente forma:

Sudáfrica: W. Brown; Henry Heeley y J. Robinson; W. Schmidt, J. Binckes y T. Chalmers; A. McIntyre, Harold Henman, R. Thorne, W. Mason y Gerald Hartigan.

Universitarios: José Eduardo Lopez (Argentino de Quilmes); Mariano Reyna (Alumni) y Carlos Carr Brown (Alumni); Isidoro Iriarte (Argentino de Quilmes), Emilio Hansen (Estudiantes) y Julio Donovan (Estudiantes); Carlos Arcuri (Estudiantes), Maximiliano Susán (Estudiantes), Ernesto Alejandro Brown (Alumni), Wenceslao Paunero (Belgrano) y José Susán (Estudiantes).

Los sudafricanos vistieron camiseta blanca y pantalón azul. 

Los universitarios lucieron una bonita casaca dividida en mitades blanca y celeste.

Cuando los Universitarios entraron a la cancha, los jugadores sudafricanos saludaron a sus adversarios con un canto extraño. Era un tradicional grito de guerra zulú. Esta inesperada adición al programa causó simpatía entre el público y fue muy aplaudida. Los sudafricanos incorporaron esta característica al resto de sus partidos, e incluso lo hicieron en funciones y recepciones sociales celebradas en su honor durante la gira.

Antes de los 10 minutos del primer tiempo, Sudáfrica ya había anotado 3 goles por intermedio de Hartigan y Thorne (en 2 oportunidades). Promediando la etapa, Mason marcó el cuarto tanto. Sobre el final del período llegó otra ráfaga de 3 goles por intermedio de Thorne (en 2 ocasiones) y Henman, que completó el score parcial de 7 a 0. 

Durante la segunda mitad se mantuvo la tónica del match. Mason marcó el octavo gol al iniciarse el período. En los últimos 22 minutos Sudáfrica marcó 6 goles más, por intermedio de Carlos Brown en contra, Hartigan (en 2 ocasiones), Henman, Mason y McIntyre.

El cuadro sudafricano ganó por 14 goles a cero. Este fue el récord de goles señalados en nuestras canchas por los equipos británicos traídos al país para enseñar fútbol (en 1905 Nottingham le había marcado 13 goles al combinado de Británicos). El resultado fue un verdadero desastre para los Universitarios, y dejó en plena evidencia que en aquel tiempo el fútbol no contaba dentro de la Universidad con elementos capaces de oponer resistencia a un equipo de la talla de Sudáfrica.

El Buenos Aires Herald indicó que: los sudafricanos derrotaron por completo a los jugadores locales mediante una brillante exhibición de fútbol de alto nivel. Sus magníficas combinaciones y precisos pases cortos fueron un placer para ver. El entendimiento entre los jugadores rayó con la perfección

The Standard destacó que: ningún jugador sudafricano resultó excepcionalmente brillante. Nunca van a la carga y rara vez intentan gambetear a un adversario. Desarrollaron un juego no egoísta, que permanente recurrió a la combinación entre sus líneas.

Los jóvenes jugadores universitarios (el promedio de edad era de 22 años), eran representantes de la crema y nata de la sociedad porteña, y cursaban estudios en las siguientes facultades de la Universidad de Buenos Aires: 6 en Medicina (Carlos y Ernesto Brown, Iriarte, Hansen, Arcuri y José Susán); 4 en Derecho (López, Reyna, Donovan y Paunero); y 1 en Veterinaria (Max Susán). Varios de ellos desarrollaron carreras profesionales o políticas de cierta trascendencia:

. los hermanos Brown (Carlos y Ernesto) y Susán (José y Maximiliano) fueron quienes aquilataron las carreras futbolísticas más relevantes. Los Susán también tuvieron destacada actuación pública. José fue diputado por la UCR en la década de 1940, y Maximiliano fue Intendente del partido de Morón por escasos meses durante 1942;

. José López e Isidoro Iriarte, compañeros en Argentino de Quilmes, fueron acérrimos rivales políticos de las dos facciones de la UCR que se disputaban el partido. En 1928 López derrotó a Iriarte en las elecciones municipales. El hospital de la localidad lleva hoy el nombre del Dr. Iriarte;

. Mariano Reyna se destacó como dirigente de la AFA (vicepresidente) y referí. En 1912 donó una Copa que lleva su nombre y se ponía en disputa anualmente entre los combinados porteño y rosarino;

. Wenceslao Paunero se destacó como esgrimista y representó a la Argentina en la modalidad espada en los Juegos Olímpicos de Paris en 1924. Participó activamente en el golpe de estado de 1930 que derrocó a Yrigoyen. Era nieto del General del mismo nombre, que en la segunda mitad de siglo XIX actuó en las luchas intestinas que condujeron a la organización nacional;

. Emilio Hansen era hijo del ministro de Hacienda de Carlos Pellegrini, quien hizo frente a la crisis financiera posterior al pánico que generó la revolución de 1890. En 1907, Emilio Hansen (padre) asumiría la presidencia de la AFA.

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4.2 Domingo 24 de junio vs. Alumni
El segundo encuentro de la gira de los sudafricanos fue contra Alumni, el campeón vigente del fútbol porteño. Este partido atrajo el máximo de expectativa e interés de quienes seguían de cerca el desarrollo del fútbol en la ciudad. Se explicó así que la concurrencia sobrepasara en mucho a cuantos se esperaban, y que en el field de la Sociedad Sportiva Argentina se reuniesen al menos 10.000 espectadores. Varios partidos jugados contra Southampton en 1904 y Nottingham Forest en 1905 habían alcanzado gran interés y lucimiento, pero ninguno alcanzó la altura de este match.

La expectativa del público fue enorme, pues aun los más entusiastas partidarios de Alumni estaban plenamente convencidos de la pericia y destreza de los jugadores del bando contrario. Luego del desastre sufrido el viernes anterior por los jóvenes universitarios, y de la brillante actuación que le cupo al team sudafricano, se pronosticaba una derrota de Alumni, aunque no por cifras tan amplias.

Dados estos precedentes, los partidarios de Alumni creían con razón que este partido sería uno de los más importantes de los internacionales a jugarse en 1906. Aun cuando el posible triunfo de Alumni pasara por la imaginación de muchos como una esperanza halagüeña, para la inmensa mayoría no dejaba de ser nada más que un sueño dorado.

El día se presentó hermoso, tras algunos amagos de lluvia durante la mañana. Una templada brisa corría por el ambiente. El escenario se completaba con un entusiasmo y emoción sin límites. Era difícil describir con sus propios colores el hermoso cuadro que ofrecía la multitud desbordante de entusiasmo, y que propiciaba el mejor de los estímulos para el desarrollo de match. La banda de música de la policía amenizó el evento con unos hermosos trozos escogidos.

A las 2 de la tarde el Presidente de la República, Dr. José Figueroa Alcorta, llegó al campo repleto de espectadores. Se encontraba acompañado por altos funcionarios que ocuparon el palco oficial.

A las 2:15 de la tarde el referí llamó a los jugadores. Poco después ingresó Alumni, que fue recibido con una prolongada salva de aplausos. La situación se repitió cuando ingresó el team de Sudáfrica que, después de saludar al Presidente de la República que ocupaba el palco oficial, se presentó en el field.

El referí fue el Sr. Guillermo Jordán, quien estuvo acompañado en las líneas por A. King (de Sudáfrica) y M. Reyna (de Alumni). El capitán de Alumni, Jorge G. Brown, ganó el sorteo y eligió acertadamente defender en el primer tiempo el arco Este (que daba al centro de la ciudad), con poco viento y sol en contra. Evitó así que en la segunda etapa la declinación del sol perjudicara a su equipo. 

Los cuadros estuvieron así constituidos:

Sudáfrica: W. Brown; Henry Heeley y J. Robinson, W. Schmidt, J. Binckes y T. Chalmers; A. McIntyre, Robert Tyler, R. Thorne, W. Mason y Gerald Hartigan.

Alumni
: José Buruca Laforia; Jorge G. Brown y Carlos Brown; Patricio Browne, Charles Buchanan y Andrés Mack; Gottlob Weiss, Alfredo Brown, Ernesto Brown (luego Juan D. Brown), Carlos Lett y Eliseo Brown.

La única variante en el cuadro sudafricano respecto al partido con los Universitarios fue el ingreso de Tyler por Henman, en el puesto de insider derecho.

A las 2:20 de la tarde el centre-forward de Sudáfrica, Thorne, dio el puntapié inicial. Desde ese mismo momento el juego cobró mucho interés. La destreza de los unos fue contrarrestada enseguida por la rapidez de movimientos de los otros. Fueron pasando los momentos y la ansiedad aumentó. Cada ataque y rechazo, dirigidos con inteligencia, fueron saludados por el público con ruidosas muestras de aprobación.

A los 15 minutos del primer tiempo, Ernesto Brown sufrió un accidente casual en una rodilla que le impidió seguir jugando. Sin embargo, merced a la caballeresca actitud del Sr. Heeley, capitán de los sudafricanos, su puesto fue cubierto por Juan Dodds Brown (quien en esa temporada jugaba en Alumni II de la 2ª Liga).

El primer tiempo resultó brillante por lo disputado del juego, pero ningún bando consiguió abrir el score. Los sudafricanos jugaron mejor que Alumni y generaron varias oportunidades para coronar sus esfuerzos con un gol, pero demoraron mucho el tiro final y sus shots carecieron de potencia. Laforia y los hermanos Brown (Jorge y Carlos) jugaron como nunca y malograron todas las tentativas de los visitantes. (En la foto que sigue se ve la vieja tribuna de madera del Hipódromo Argentino ubicado frente al predio de la SSA).

En el segundo tiempo el juego se reanudó con el predominio en las acciones del equipo visitante. Pero a los 16’ el winger derecho de Alumni, Gottlob Weiss, tomó la pelota cerca del centro del field y emprendió una veloz corrida. Con una tranquilidad increíble, esperó a la altura de la línea de los backs adversarios el embate de Robinson, el último zaguero a quien debía superar. Al llegar éste, Weiss lo esquivó y avanzó con la pelota a toda velocidad, corriéndose algo hacia al centro del campo. Esto facilitó el pase a Alfredo Brown, ya casi sobre las inmediaciones del arco sudafricano. Alfredo no demoró ni un instante. Fingió dirigir el shot a la derecha y, cuando el guardián visitante se inclinó hacia ese lado, lo efectuó por el lado izquierdo y marcó el gol. 

Al tocar la pelota la red de los sudafricanos la multitud exteriorizó su entusiasmo con exaltados vítores, un fuerte clamoreo, y un ensordecedor batir de palmas.

Después de marcar Alumni su gol, el arquero del cuadro argentino realizó una insuperable jugada. Thorne dirigió un tiro desde cerca del arco y Laforia, al detenerlo, cayó junto el poste izquierdo. En esas circunstancias resistió enérgicamente sin abandonar la pelota el ataque de varios forwards sudafricanos y, haciendo una verdadera hazaña, conjuró el peligro concediendo un córner que no trajo resultado.

Los sudafricanos hicieron todo lo posible para evitar la derrota, pero la suerte no les siguió y, evidentemente, no estuvieron en su día. No escasearon las tentativas, pero estas carecieron del empuje final característico del juego mostrado por los equipos profesionales. Laforia salió invicto y mantuvo así su fama de mejor arquero del país.

Al completarse los 90 minutos reglamentarios el referí, Sr. Jordán, dio la señal de terminar el partido con la victoria de Alumni por un gol a cero.

El mejor de los resultados coronó las expectativas del público y, entonces, el entusiasmo no tuvo límites. En todo el campo atlético se elevó una ovación calurosa, enorme, entusiasta, que duró largo rato. La banda militar saludó con su diana el éxito de los nuestros. El público recibió la hazaña con todas las señales del entusiasmo delirante. Gritos, aplausos, sombreros y hasta bastones por el aire. Fue una escena nunca vista en una cancha de fútbol. El field fue invadido por el público, que saltó todas las barreras y arrolló cuanto a su paso le aguardaba. Se lanzó sobre los victoriosos, quienes fueron aclamados y conducidos en andas hasta el palco presidencial.

El Dr. Figueroa Alcorta, no menos entusiasmado que la ola del público, convocó a ambos capitanes —Jorge Brown y Henry Heeley— para estrecharles la mano y felicitarlos por el espléndido partido realizado y los esfuerzos desplegados por ambos equipos. Acto continuo, la banda de la policía tocó la marcha de Ituzaingó y el Presidente de la República se retiró en medio de grandes aplausos.

Uno y otro bando extremaron esfuerzos y ofrecieron un juego tan hermoso que difícilmente será olvidado por cuantos estuvieron aquel día en Palermo. El triunfo de Alumni fue inesperado pero no inmerecido, por la simple razón que supo aprovechar una de las pocas oportunidades que se le presentaron para marcar un gol.


Alumni jugó aquel día como nunca. Fue un cuadro brillante, que se superó a sí mismo. Laforia fue el héroe del partido. Defendió con seguridad y sangre fría, y siempre apeló a sus buenos recursos para salir airoso de su cometido. Carlos y Jorge Brown formaron una barrera infranqueable, ayudándose mutuamente en los instantes de peligro para su bando. El terceto medio —Brownie, Buchanan y Mack— resultó formidable, como quizás no lo esperaban los sudafricanos. Tenaces, incansables y oportunos, apoyaron siempre a sus delanteros y desbarataron la acción de los adversarios. Fueron excelentes, tanto en ataque como en defensa. Entre los forwards sobresalieron Lett, y especialmente Weiss, a quien se le debió la victoria pues tras una magnífica corrida suya puso la pelota en los pies de Alfredo Brown para que marcara el gol del triunfo.

En los sudafricanos, el arquero Brown tuvo poco que hacer y el tiro de Alfredo fue inatajable. Los dos full-backs, Heely y Robinson, jugaron espléndidamente. Hicieron un juego limpio y a la vez eficaz. Los halves jugaron muy bien, en especial Chalmers, quien se distinguió como el mejor jugador de la cancha. Los forwards dejaron que desear, con excepción de Hartigan, quien hizo todo lo posible en la banda izquierda. Thorne no fue el centre-forward del partido con los universitarios, Mason trabajó mucho pero sin efecto, y McIntyre estuvo errado.

Luego del partido el capitán Heeley afirmó que la derrota había impactado en todos los integrantes del equipo, pues esperaban ganar cómodamente. Heeley fue además muy elogiado por la prensa y todo el equipo de Alumni, pues permitió la sustitución de un jugador lesionado al principio del partido. Este gesto sirvió para afianzar las simpatías que supo conquistar entre nuestro público el equipo sudafricano. Luego del partido el Sr. Patricio Brownie, secretario de Alumni, envió al director del diario La Nación la siguiente carta: Muy señor nuestro; rogamos a usted encarecidamente quiera hacer público nuestro agradecimiento al capitán del team sudafricano, Sr. Heeley, por su caballerosidad al permitir remplazar a Ernesto Brown cuando se lastimó por otro jugador, el Sr. Juan Brown.

Los vencedores y vencidos asistieron por la noche a un banquete, durante el cual se exteriorizaron los sentimientos de afectuosidad a los que mutuamente se habían hecho acreedores.

Al enterarse el lunes del acontecimiento, el público le dio la importancia de un triunfo nacional. Los menos avezados a los juegos físicos, tuvieron momentos de preocupación y palabras de orgullo al leer las crónicas de los diarios, tan largas y nutridas de detalles como correspondía a un suceso de palpitante actualidad. 

The Standard proclamó que: el resultado fue magnífico, es una victoria gloriosa que promete mucho para el futuro del fútbol en Argentina.

Las inevitables exageraciones del caso también dieron paso a algún comentario de tono irónico, como este de Caras y Caretas: el triunfo de Alumni en el fútbol, significa el comienzo de una era nueva para la República. Roto el hielo, seguramente entraremos en calor y, hoy en habilidad física, mañana en conocimientos científicos, y pasado en enjundia literaria, asombraremos al mundo con nuestros triunfos y conquistaremos para la patria el honor y la gloria tan anhelados. Y esto dicho en broma, pues en serio no podemos menos que reconocer, como la vox populi, que el núcleo de jóvenes que formaron el team de Alumni se comportó heroicamente.

Algunos medios, como La Ilustración Sudamericana, intentaron explicar a sus lectores el clima vivido en el campo de juego: nos es imposible describir paso a paso las peripecias de esta lucha, pues este detalle carecería por completo de interés para cuántos no la presenciaron. Durante la contemplación de estos deportes, el entusiasmo se comunica, se aplaude, se grita y se vocifera. Entre el público reina una animación difícil de describir. Para comprender la grandiosidad de un torneo de tal naturaleza, se debe ser espectador.

La prensa hizo notar que los aficionados a los juegos atléticos eran cada día más numerosos. El match fue presenciado por representantes de todas las clases sociales, confundidas en un lógico y comprensible anhelo: que el triunfo correspondiese a Alumni. Durante el partido se observó un serio interés por parte del público, al extremo que no siempre guardó la reserva impuesta por las peripecias de la lucha, ni el respeto con que se debe tratar al vencido.

Alumni dio prueba de agilidad, destreza y dominio del juego, pero no fueron menos las cualidades de los sudafricanos, que lograron tenerlo en jaque durante mucho tiempo con jugadas verdaderamente magistrales. La victoria estuvo en suspenso durante largo rato, lo que demuestra la pericia de los no favorecidos por la suerte. La performance de los sudafricanos no menoscabó su fuerza de footballers ni mucho menos. En ese momento, Alumni era el club más fuerte del fútbol argentino, y se evaluó que sería muy difícil que otro team local pudiera repetir tamaña hazaña.


La victoria de Alumni sobre un equipo tan fuerte como el sudafricano demostró que los jugadores locales ya habían alcanzado un grado de adelanto que los colocaba en primera fila. El entusiasmo que se despertó en los centros deportivos de todo el país fue inmenso. Sin duda, este fue el acontecimiento saliente de la visita de Sudáfrica, y constituyó uno de los grandes hitos del fútbol en el Río de la Plata, que fue festejado con extraordinario júbilo y siempre se recordó con legítima satisfacción.

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4.3 Viernes 29 de junio vs. Belgrano Athletic
El tercer partido de la gira fue con Belgrano Athletic. Al igual que Alumni, el primer equipo de este club había enfrentado a Southampton y Nottingham en las giras de los años anteriores.

Durante todo el día del partido se registró una lluvia menuda pero intensa, que dejó la cancha en muy malas condiciones. Los capitanes de ambos cuadros inspeccionaron el field, y resolvieron jugar de todas maneras para complacer al escaso público presente que daba pruebas de impaciencia.

Actuó de referí el Sr. A. King (de Sudáfrica), alistándose los cuadros de la siguiente forma:

Sudáfrica: W. Brown; W. Schmidt y J. Robinson; E. Johnston, J. Binckes y T. Chalmers; A. McIntyre, Harold Henman, Robert Tyler, W. Mason y Gerald Hartigan.

Belgrano Athletic: Richard Coulthurst; Walter Buchanan y George Dickinson; Charles Dickinson, Harold Grant y George East; Wilfred Stocks, Arthur Forrester, Charles Whaley, H. Steinbach y Sven Kihlberg.

Por ser este uno de los partidos de menor exigencia para los sudafricanos, el equipo presentó varias modificaciones. El capitán Heeley dejó su lugar en la zaga al half-back Schmidt y su puesto en la línea media fue cubierto por Johnston. Entre los forwards, Henman regresó al equipo y Tyler se corrió al centro de la delantera en reemplazo de Thorne.

Esta foto del Belgrano Athletic, posterior a 1906, permite identificar a algunos de los jugadores que enfrentaron a Sudáfrica. También figura el uruguayo Juan Pena, que también jugó contra los sudafricanos pero en el combinado de la Liga Uruguaya.

En el primer tiempo el cuadro visitante obtuvo 2 goles por intermedio de Hartigan en los primeros instantes del partido, y Mason sobre las postrimerías del período. Debido a la persistencia de la lluvia, la primera parte duró solamente 40 minutos. Los jugadores decidieron no descansar y los equipos cambiaron de lado sin suspender la lucha.

En el segundo tiempo Sudáfrica convirtió 4 goles más por intermedio de Tyler (en 2 ocasiones), Henman, y Hartigan. El partido se dio por finalizado a los 36 minutos de la segunda parte, pues estaba netamente definido y los jugadores tenían sus ropas completamente empapadas. El resultado final fue Sudáfrica 6, Belgrano Athletic 0.

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4.4 Domingo 1º de julio vs. Liga Rosarina (en Rosario)
El sábado 30 de junio por la noche, el team de Sudáfrica se trasladó en tren a la ciudad de Rosario, para jugar allí con un combinado de la liga local el domingo 1º de julio. 

Durante la visita de Southampton en 1904, Rosario no fue incluida entre las sedes de aquellos partidos internacionales. Pero en 1905 el Nottingham Forest visitó la ciudad, en lo que constituyó un acontecimiento relevante para el incipiente fútbol local. La llegada de Sudáfrica en 1906 fue el evento futbolístico de la temporada. 

La expectativa generada entre jugadores y público fue amplia. Para seleccionar a quienes representarían a la Liga local, se organizó un partido de práctica en la Plaza Jewell entre el primer equipo de Newell’s Old Boys (el campeón vigente del torneo local), y un combinado de jugadores de Rosario Athletic (el campeón vigente de la Tie Cup Competition) y Rosario Central.

De Rosario Athletic se convocó sólo al arquero Edward Knight, al defensor Ricardo Le Bas y el forward Henry Talbot, pues varios de sus mejores jugadores se hallaban enfermos. De Rosario Central participaron el zaguero Zenón Díaz, los medios Alfred Ellison, Charles Nissen y Albert Postel, y los forwards Erik Darch, Daniel Green y Ernest Palin. El partido de práctica terminó empatado en 2 goles.

El día del partido con los sudafricanos estaba previsto que se midieran por el campeonato local el equipo “A” de Rosario Central con el “C” de Newell's Old Boys. En la víspera del partido, Percy Bisson, capitán de los rojinegros, le escribió lo siguiente a Julio Cantón, su colega centralista: el motivo de la presente es para avisarle que el equipo de Newell's Old Boys ha resuelto cederle los puntos correspondientes al partido que se debía jugar mañana. Dos son las razones; primero pues somos demasiado débiles para competir con ustedes, y además, vienen los sudafricanos. Como supongo que ustedes estarán ansiosos de ir a verlos igual que nosotros, resolví tomar la arriba mencionada medida. Claramente, nadie quería perderse el partido.

La Liga Rosarina no escatimó esfuerzos para recibir a los visitantes con todos los honores. El diario La Capital anunció que, para comodidad del público, el Ferrocarril Central Argentino pondría un tren especial a las 2 menos 10 de la tarde hasta el cruce de las calles Córdoba y Vera Mujica (a sólo una cuadra de la Plaza Jewell). El costo del pasaje de ida y vuelta era $ 0,20.

El domingo amaneció nublado y con lluvia intermitente. Durante la tarde el clima no mejoró. Pero el mal tiempo no amilanó a los fanáticos y unos 1.500 espectadores se dieron cita en la Plaza Jewell para presenciar el encuentro. La banda de música de la policía, cedida por su jefe el Dr. Néstor Fernández, amenizó la fiesta. La casa Gath & Chaves donó la pelota que se usó en el partido.

El partido se desarrolló bajo un tenue aguacero que convirtió el campo de juego en un fangal aunque, teniendo en cuenta la lluvia caída, su condición quizás no era tan mala. A las 2:45 de la tarde los equipos se presentaron al llamado del referí. Al ingresar al campo de juego, los sudafricanos saludaron a sus ocasionales rivales con el exótico canto de guerra zulú. 

El referí del partido fue el Sr. William Leslie (de Quilmes Athletic), quien contó con la colaboración de los jueces de línea Sres. Boom (de Rosario) y Schmidt (de Sudáfrica). Los equipos estuvieron así constituidos.

Sudáfrica: W. Brown; Henry Heeley y J. Robinson; A. King, J. Binckes y T. Chalmers; P. Findlay, Robert Tyler, R. Thorne, W. Mason y Gerald Hartigan.

Liga Rosarina: Edward Stanley Knight (Rosario Athletic); Zenón Díaz (Rosario Central) y Ricardo Le Bas (Rosario Athletic); Armando Ginocchio (Newell’s Old Boys), Albert Postel (Rosario Central) y Henry Talbot (Rosario Athletic); Percy Jones (Rosario Central), Lionel Newell (Newell’s Old Boys), Alfredo Ellison (Rosario Central), Daniel Green (Rosario Central) y Ernest Palin (Rosario Central).

En la Liga Rosarina jugaron los mismos jugadores que habían participado en el partido de práctica, con la incorporación de Amando Ginocchio y Lionel "Nelo" Newell, ambos de Newell’s Old Boys. Los rosarinos vistieron en la oportunidad la tradicional casaca claret y celeste del Rosario Athletic.

Respecto al partido con Belgrano Athletic, en el equipo de Sudáfrica volvió el capitán Heeley por Schmidt en la zaga defensiva; en la línea media debutó King en reemplazo de Johnston; y entre los forwards debutó Findlay por McIntyre, mientras Tyler reemplazó a Henman para hacerle lugar a Thorne en el centro del ataque.

Sudáfrica ganó el sorteo y eligió jugar durante el primer tiempo con el fuerte viento a favor. A los 3’ Sudáfrica forzó un córner. Al ser ejecutado, el arquero rosarino Knight quiso rechazar con los puños, pero sólo lo consiguió a medias. La pelota quedó boyando y, luego de varios rebotes, Tyler marcó de cabeza el primer gol del partido. El juego resultó luego más equilibrado y los rosarinos encabezaron varios ataques, pero la poca combinación entre sus forwards siempre hizo fracasar esas tentativas. Sobre los 20’ Sudáfrica atacó con un empuje irresistible, y en pocos instantes Tyler y Thorne marcaron dos nuevos goles. El área penal rosarina estaba completamente cubierta de barro, y se notó que el arquero Knight se quedaba como pegado al suelo cuando le convertían. Sobre el final del primer tiempo Mason marcó en otras 2 ocasiones. El primer tiempo finalizó con la victoria de Sudáfrica por 5 goles a 0. 

A pesar del entusiasmo demostrado por el elenco local, la superioridad de los visitantes fue tan rotunda que su arquero Brown no tocó la pelota durante toda la primera parte. Al terminar el primer tiempo los jugadores, totalmente empapados, decidieron continuar el partido sin descansar.

Reanudado el match, y a pesar de tener ahora el fuerte viento en contra, Sudáfrica llevó adelante la mayor parte de los ataques. Sin embargo, los delanteros rosarinos generaron dos ocasiones inmejorables para abrir el score, pero los jugadores locales se estorbaron frente al gol y desperdiciaron las oportunidades. Por su parte, los sudafricanos atacaron con calma y serenidad. Tyler, Thorne y Hartigan convirtieron tres goles más. En los últimos instantes del partido, Findlay finalizó una espléndida corrida con el mejor tiro de la tarde que dio a su bando el noveno y último gol. El resultado final fue Sudáfrica 9, Rosario 0. 

Los sudafricanos ratificaron en la Plaza Jewell el alto concepto que los precedía, y dejaron sentada su calidad de maestros con un score de gruesas cifras. El fútbol extranjero dictó así su segunda cátedra al alumnado rosarino (en 1905 Nottingham había vencido 5 a 0 el partido jugado en Rosario, y 6 a 0 la revancha jugada en Buenos Aires).

Entre los visitantes sobresalieron Heeley, Binckes, Mason y Findlay, pero todo el equipo jugó con gran empuje y corrección. En el equipo local, el arquero Knight hizo todo lo posible para evitar tan amplio resultado, aunque quizás podría haber atajado uno o dos de los goles. El barro sin dudas perjudicó su actuación, pues en los arcos era imposible hacer pie. Al quedar enterrado en el lodo, parecía estar sujeto al terreno por hilos invisibles. A pesar de la abultada derrota, Zenón Díaz y Ricardo Le Bas se destacaron en la zaga defensiva. Los halves hicieron grandes esfuerzos en la defensa, pero los forwards fueron extremadamente débiles, y sólo Palin mostró cierta habilidad.

Como nota al margen, cabe destacar que el portero rosarino, Edward Stanley Knight, era el campeón vigente del abierto de tenis del Río de La Plata, torneo que obtuvo en 11 oportunidades en 12 años. Pertenecía a una familia de eximios tenistas. Con dos de sus hermanos (Henry y Lionel), en 25 años acumularon 22 títulos de singles del abierto de tenis del Río de La Plata. Junto con su hermano Henry, en 1909 fueron los primeros tenistas varones argentinos que participaron en el tradicional torneo de Wimbledon (las primeras en absoluto fueron las hermanas Dorothy, Winnifred y Marjorie Boadle en 1907). En la foto se ve la entrega del trofeo del abierto de 1906 al Sr. Knight y la Srta. Boadle.

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4.5 Domingo 8 de julio vs. Británicos
Al regresar de Rosario, se confirmó que el equipo sudafricano prolongaría su estadía en Buenos Aires hasta el 27 de julio, fecha en la que recién embarcaría de regreso a Sudáfrica. Les aguardaba una muy larga travesía, pues primero debían pasar por Inglaterra, para hacer allí el transbordo hacia su país. Consecuentemente, y ante la mayor disponibilidad de fechas, se postergó el partido con Quilmes del jueves 6 de julio, y se planteó la posibilidad que Alumni les concediera un partido revancha.

El quinto partido de la serie recién se jugó el domingo 8 de julio frente a un combinado integrado exclusivamente por jugadores nacidos en Gran Bretaña y que actuaban en clubes de la 1ª Liga porteña. El partido se disputó en el field de la Sociedad Sportiva en Palermo. La concurrencia no fue tan numerosa como esperaba la AFA. Las condiciones del campo de juego no podían ser mejores, y la tribuna oficial se vio concurrida por un selecto número de damas y caballeros.

A las 2 y cuarto de la tarde el referí, Sr. A. King (de Sudáfrica), llamó a ambos equipos al campo de juego. Los Británicos ganaron el sorteo y decidieron jugar hacia el arco que daba al barrio de Belgrano. Los equipos se alistaron con los siguientes jugadores:

Sudáfrica: W. Brown; Henry Heeley y J. Robinson, W. Schmidt, J. Binckes y T. Chalmers; A. McIntyre, Harold Henman, Robert Tyler, W. Mason y Gerald Hartigan.

Británicos: Robert Cordner (Quilmes); Douglas Campbell (Quilmes) y Alexander Harris (Estudiantes); Thomas Lister (Quilmes), George East (Belgrano) y Andrés Arturo Mack (Alumni); Arthur Wells (Quilmes), Charles Whaley (Belgrano), Percy Hooton (Quilmes), Spencer Leonard (Quilmes) y John Murray (Quilmes).

En Sudáfrica Schmidt regresó a la línea media en lugar de King, y Henman volvió a formar entre los delanteros, por lo que Tyler se corrió al centro en lugar de Thorne.

La formación del team de los Británicos incluía 7 jugadores de Quilmes Athletic, 2 de Belgrano Athletic y 1 cada uno de Alumni y Estudiantes. Todos eran reconocidos por su capacidad, pero la prensa objetó que quizás Craven, full-back de Lomas Athletic, era superior a Harris de Estudiantes.

El centre-forward visitante, Tyler, comenzó el match. Tan sólo habían transcurrido 3’ cuando Henman, con un shot cruzado, obtuvo el primer gol para su equipo. A los 20’ de juego, Tyler recibió la pelota de Henman a pocos metros del arco y marcó el segundo gol con un shot cruzado lejos del alcance de Cordner. A los 44’ Cordner intentó detener un tiro de Hartigan pero, dada la velocidad que llevaba la pelota, no pudo evitar que los sudafricanos marcaran su tercer gol. El primer tiempo terminó con 3 goles de ventaja para Sudáfrica.

Luego de 15 minutos de descanso, el juego se reanudó con más bríos por parte de los Británicos. Pero a los 5’, y a raíz de un tiro libre conseguido por Sudáfrica, Binckes le pasó la pelota a Tyler quien, con un shot alto y esquinado, obtuvo el cuarto y último gol de su equipo. A los 20’ los Británicos avanzaron. Wells le cedió pelota a Hooton, quien entró al gol con ella. De este modo consiguió el equipo local su único tanto. Los Británicos tomaron nuevas fuerzas e intentaron marcar otro gol, pero no lo consiguieron. El match finalizó a las 4 de la tarde con la victoria de Sudáfrica por 4 goles a 1.

El partido no tuvo un trámite tan interesante como se esperaba, debido al poco poder de los forwards británicos, entre los que sólo Hooton demostró su mejor forma y jugó en gran estilo. Mack fue el mejor entre los half-backs, y Campbell sobresalió en la defensa, donde fue ayudado eficazmente por Cordner, quien mostró toda su habilidad en el arco.

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4.6 Lunes 9 de julio vs. Argentinos
El sexto partido de los sudafricanos se programó el feriado del 9 de julio —día de la Independencia— frente a un combinado compuesto exclusivamente por jugadores nacidos en el país. El partido concitó la atención de un público numeroso. Unas 7.000 personas ocuparon las instalaciones de la Sociedad Sportiva en Palermo. El día era espléndido, con poco sol y casi sin viento.

Poco después de las 2 y cuarto de la tarde los jugadores salir a tomar sus puestos bajo las órdenes del referí, Sr. Guillermo Jordán. Los linesmen fueron los Sres. MacDonald (de la AFA) y King (de Sudáfrica). Jorge Brown, capitán de Argentinos, eligió comenzar el partido defendiendo la portería Este (que daba al centro de la ciudad), con poco viento a favor y sol de frente. Los equipos estaban así constituidos:

Sudáfrica: W. Brown; Henry Heeley y J. Robinson; W. Schmidt, J. Binckes y T. Chalmers; A. Mcintyre, Robert Tyler, R. Thorne, W. Mason y Gerald Hartigan.

Argentinos: José Buruca Laforia (Alumni); Mariano Reyna (Alumni) y Jorge Gibson Brown (Alumni); Charles Dickinson (Belgrano), Charles Buchanan (Alumni) y Patricio Browne (Alumni); Juan Stanfield (Quilmes), Arturo Jacobs (Lomas), Juan Dodds Brown (Alumni), Carlos Lett (Alumni) y Eliseo Brown (Alumni).

En la formación sudafricana se mantuvieron la misma defensa y línea de medios del partido del día anterior con los Británicos. En los forwards salió Henman, Tyler pasó a jugar de insider y Thorne retornó al centro de la línea delantera.

La formación del combinado de Argentinos —que incluía a 8 jugadores de Alumni— fue muy criticada por la prensa especializada. Llamó poderosamente la atención la selección de Mariano Reyna en la zaga defensiva, pues se consideraba que tanto William Leslie (de Quilmes), como Zenón Díaz (de Rosario Central), eran mejores full-backs. En la línea media se prefería darle una oportunidad a Ginnochio (de Newell’s Old Boys). En la línea de forwards la tarea del Consejo fue más difícil, pues Weiss y Alfredo Brown (ambos de Alumni) no aceptaron un puesto en el equipo, pero se consideraba que había mejores que Juan Dodds Brown, por ejemplo James Lawrie de Lomas Athletic. Quizás la elección de Juan Brown (quien en 1906 jugaba en el segundo equipo de Alumni), se debió a que fue él quien reemplazó a Ernesto Brown en el recordado partido en el que Alumni derrotó a los sudafricanos.

El centro delantero sudafricano Thorne dio el kick-off y, como era habitual, los forwards visitantes avanzaron decididamente. El trámite del partido se presentó muy disputado. Ambos equipos intercambiaron ataques que fueron bien conjurados por las respectivas defensas. Promediando el primer tiempo, Mason fue pechado por la espalda dentro del área argentina, y el referí sancionó el correspondiente penal. Lo ejecutó Thorne, pero su tiro salió completamente desviado. Poco después terminó el primer tiempo, sin que los equipos sacasen ventaja uno del otro.

Luego de un intervalo de 10 minutos, Juan Dodds Brown, de Argentinos, puso la pelota en movimiento. El juego no varió significativamente, y ambos equipos alternaron sus mejores esfuerzos para romper la marcada paridad. A los 23’ Schmidt ejecutó un goal kick y le pasó la pelota a McIntyre, cuyo centro recibió Tyler quien pateó al arco. Laforia se arrojó para detener el remate, pero la pelota pegó en el palo, volvió al campo de juego y descolocó completamente al arquero argentino. Thorne, quien estaba a la expectativa, no tuvo más que empujar el balón para que franqueara una valla totalmente desguarnecida.

Los esfuerzos de los Argentinos para alcanzar el empate resultaron infructuosos y el partido terminó con la victoria de Sudáfrica por 1 gol a 0. El púbico lamentó la falta de fortuna del equipo local, que no pudo vencer al fuerte cuadro sudafricano y cayó derrotado con un gol atribuido en buena parte a obra de la casualidad.

La pareja de backs locales, compuesta por Mariano Reyna y Jorge Brown, jugó aquel día en forma espléndida. En la línea media, Brownie, Buchanan y Mack revelaron un poder extraordinario. La línea delantera desplegó un juego caracterizado por la rapidez y el empuje. Varias veces encaró ataques impresionantes, y en un momento el guardavalla sudafricano fue llamado a entrar en acción no menos de cinco veces en menos de un minuto. La actuación del equipo local resultó mucho mejor que la esperada. De ahí que el público tuviese la ocasión de manifestar varias veces su entusiasmo durante el transcurso de la lucha.

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4.7 Jueves 12 de julio vs. Estudiantes
En el séptimo partido de la gira, los sudafricanos enfrentaron al primer equipo del Club de Estudiantes. Se auguraba un amplio triunfo de los visitantes, a la luz de las capacidades desplegadas por el equipo extranjero en sus anteriores presentaciones, y porque el elenco local no integraba el lote de equipos más fuertes de la temporada. A pesar de ser un día de trabajo, unos 700 entusiastas se dieron cita en el campo de juego de la Sociedad Sportiva para presenciar el partido, que resultó sumamente interesante.

El referí fue el Sr. W. Schmidt (de Sudáfrica), y los equipos se presentaron con las siguientes alineaciones:

Sudáfrica: W. Brown, Henry Heeley y J. Robinson; E. Johnston, A. King y J. Binckes, A. McIntyre, P. Findlay, Robert Tyler, W. Mason y Gerald Hartigan.

Estudiantes: Ernest Schutt; Paddy McCarthy y Alexander Harris; Emilio Hansen, Roland Lennie y Colin Campbell; Carlos Arcuri, Maximiliano Susán, Thomas Dwyer, Tristán González y José Susán.

En virtud de que el partido no era el de mayor exigencia, en el equipo de Sudáfrica jugaron 3 de sus habituales suplentes. En la línea media ingresaron Johnston y King, mientras que en la delantera jugó Findlay.

En la formación de Estudiantes había 5 jugadores que ya habían enfrentado a los sudafricanos. Hansen, Arcuri y los dos hermanos Susán (Max y José), habían jugado con los Universitarios, mientras que el full-back Harris había jugado con los Británicos el sábado anterior. El forward Tristán González viajó especialmente desde Córdoba para jugar este partido. Esta foto del Club de Estudiantes en su campo de juego de la Av. Alvear y Oro en Palermo, permite identificar a varios de los jugadores que participaron en el partido con Sudáfrica en 1906. Además figura entre sus integrantes Armando Ginocchio, quien también enfrentó a los sudafricanos pero con el combinado de la Liga Rosarina. 

Al comenzar el juego se notó el claro predominio de los visitantes que desperdiciaron varias oportunidades propicias para convertir. Ante la sorpresa general, a los 20’ de juego Dwyer abrió el marcador para Estudiantes. Los sudafricanos reaccionaron inmediatamente, y sobre la media hora de juego dieron vuelta el tanteador con goles de Hartigan y Tyler. El primer tiempo terminó con el triunfo de Sudáfrica por 2 goles a 1

Reiniciado el juego, Tyler estiró rápidamente la ventaja al convertir el tercer gol. El resto del partido fue controlado por los visitantes, que marraron varias ocasiones de gol. Sobre el final de partido Tristán González convirtió el segundo gol del equipo local. El partido terminó con la ajustada victoria de Sudáfrica por 3 goles a 2.

El cuadro de Estudiantes cumplió una gran labor, y tuvo el honor de convertirle dos goles a la excelente defensa de los sudafricanos. Tristán González jugó admirablemente, y fue bien secundado por Dwyer y Lennie. El ajustado score de un solo gol a favor de Sudáfrica no fue representativo del juego desplegado pues, de no haber sido por la pésima puntería de los delanteros visitantes, la victoria hubiera sido por varios goles de diferencia. Sólo Heeley y Hartigan estuvieron a la altura de su fama. La pobre actuación del resto de sus players fue incomprensible, pues habían demostrado ser jugadores de valía. Sin embargo, de haber enfrentado aquel día a un equipo algo más fuerte, y con Laforia en el arco, se los hubiera vencido.

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4.8 Domingo 15 de julio vs. Liga Argentina
El octavo partido de la gira era uno de los más esperados por la afición. El equipo sudafricano enfrentaría a un combinado integrado por los mejores jugadores que actuaban en el país sin distinción de nacionalidades, al que se lo denominó Liga Argentina.

Para seleccionar a los players locales se nominó un Comité de Selección integrado por: Charles E. Dickinson (del Belgrano Athletic), Percy Hooton (del Quilmes Athletic) y Carlos Lett (de Alumni). Resulta curioso resaltar que los 3 miembros del Comité se incluyeron en el equipo seleccionado. 

Los jugadores escogidos fueron: 6 de Alumni (Laforia, Jorge Brown, Mack, Carlos Buchanan, Weiss y Lett), 2 de Belgrano Athletic (Dickinson y Whaley), 2 de Quilmes Athletic (Hooton y Leonard), y 1 de Rosario Athletic (Le Bas). En un artículo publicado en 1914 en la revista Caras y Caretas, sobre 8 grandes players de los inicios del fútbol argentino, se incluyeron a 6 de aquellos seleccionados para jugar con Sudáfrica en 1906, lo que habla bien a las claras del grato recuerdo que sus actuaciones dejaron en la afición. 

Todos los jugadores seleccionados contaban con la aprobación de la prensa especializada. Llamó la atención la ausencia de Alfredo Brown (imposibilitado de jugar), y se mencionó que quizás Wells (de Quilmes), hubiera sido un buen reemplazo pues había jugado mejor que Whaley en el partido en el que los Británicos enfrentaron a los sudafricanos. El otro ausente era Eliseo Brown, pero se juzgó que un ala izquierda integrada por Lett y Leonard estaba a la altura del desafío.

Fue tal la expectativa generada por este partido, que la AFA decidió suspender la actividad oficial de todos los torneos en curso, para que el mayor número de futbolistas pudiera presenciar el match. El partido se jugó el domingo 15 de junio. El clima se presentó muy favorable, y se estimó que unas 9.000 personas asistieron al field de la Sociedad Sportiva en Palermo.

El referí del partido fue el Sr. Guillermo Jordán, quien fue asistido en las líneas por los Sres. A. King (de Sudáfrica) y J. Murray (de Quilmes Athletic). Los equipos se presentaron con estas formaciones:

Sudáfrica: W. Brown; Henry Heeley y J. Robinson; W. Schmidt, J. Binckes y T. Chalmers; A. McIntyre, Harold Henman, Robert Tyler, W. Mason y Gerald Hartigan.

Liga Argentina: José Buruca Laforia (Alumni); Ricardo Le Bas (Rosario Athletic) y Jorge Gibson Brown (Allumni); Charles Dickinson (Belgrano Athletic), Charles Buchanan (Alumni) y Andrés Arturo Mack (Alumni); Gottlob Weiss (Alumni), Charles Whaley (Belgrano Athletic), Percy Hooton (Quilmes Athletic), Carlos Lett (Alumni) y Spencer Leonard (Quilmes Athletic).

Vista la mayor envergadura de este partido respecto al match previo con Estudiantes, en el equipo sudafricano retornó toda la línea media titular, y además se incluyó a Henman entre los forwards en reemplazo de Findlay.

Los sudafricanos iniciaron el partido con grandes bríos, y en los primeros 10 minutos de juego marcaron 2 goles por intermedio de Henman y Mason. El juego inicial de la Liga dejó bastante que desear, y apenas el rosarino Ricardo Le Bas conquistó algunos aplausos. El entusiasmo del público se reavivó a medida que trascurrió el primer tiempo tras algunos ataques emprendidos por los forwards locales, pero que siempre fueron bien contenidos por Heeley y Robinson, quienes conjuraron todo peligro y se encargaron de que el arquero Brown tuviera poco que hacer.

En el segundo tiempo Spencer Leonard pasó a conducir el ataque local y Hooton se corrió al ala izquierda. A los 12’ Leonard le pasó la pelota Whaley, quien con un magnífico tiro acortó diferencias. En opinión de los espectadores más avezados en las reglas del juego, la posición del delantero local era completamente offside. A partir del descuento de la Liga el juego tras se tornó más equilibrado, y el arquero Brown tuvo que actuar en más de una ocasión. Promediando la etapa, el público aún mantenía viva la esperanza de que el combinado de la Liga recuperaría posiciones. Pero los forwards sudafricanos se encargaron de extinguir toda ilusión con 2 nuevos goles convertidos por Tyler y Mason. El partido terminó con la amplia victoria de Sudáfrica por 4 goles a 1. 

El equipo visitante jugó en gran estilo. En la zaga defensiva sobresalió Heeley, el mejor jugador de la cancha. Los demás integrantes respondieron a su bien ganada fama, y en esta ocasión llamó la atención la fina puntería demostrada por los forwards visitantes.

En la Liga se destacaron Le Bas, Weiss y Hooton. Laforia y Jorge Brown no estuvieron en su mejor día, en especial el full-back, a quien se lo notó impreciso. Los halves se vieron desbordados, se concentraron en la defensa y resignaron toda posibilidad de alimentar a sus delanteros. Dickinson y Mack cumplieron una tarea aceptable, pero Buchanan jugó mal. Entre los forwards, Leonard y Whaley fracasaron en el primer tiempo, pero mejoraron en el segundo con el cambio de posiciones. Lett estuvo regular, aunque casi siempre fuera de su puesto habitual. Weiss jugó bien en las pocas oportunidades que se le presentaron, y Hooton, trabajador y ligero, se hubiera visto más de haber contado con un poco más ayuda de sus compañeros.

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4.9 Miércoles 18 de julio vs. Liga Uruguaya (en Montevideo)
Para el noveno partido de la gira, los sudafricanos cruzaron el Río de la Plata para enfrentar en Montevideo a un combinado representativo de la Liga Uruguaya. Debido al considerable retraso con que arribó al Río de la Plata la delegación de Sudáfrica, este partido fue postergado 3 semanas respecto a su fecha original. Finalmente se jugó el miércoles 18 de julio —fiesta nacional que recuerda la jura de la Constitución del vecino país— en el estadio del Gran Parque Central que, a pesar del elevado precio de la entradas, reunió a una nutrida concurrencia estimada en 5.000 espectadores.

La prensa especializada alertó que el trámite del partido no sería favorable a los uruguayos. Se estaba bien al corriente de las excelentes demostraciones realizadas por el elenco sudafricano en los partidos jugados en la Argentina. Además, se conocía que el conjunto uruguayo carecía de práctica, y que sus integrantes abusaban de los esfuerzos individuales, una estrategia muy poco eficaz frente a un equipo que se caracterizaba por las buenas combinaciones entre sus players.

El referí fue el Sr. Guillermo MacFarlane (de la Liga Uruguaya), quien fue asistido en las líneas por los Sres. A. King (de Sudáfrica) y Leonardo Crossley (de la Liga Uruguaya). Los equipos se alistaron así:

Sudáfrica: W. Brown; Henry Heeley y J. Robinson; E. Johnston, J. Binckes y T. Chalmers; A. McIntyre, Harold Henman, Robert Tyler, W. Mason y Gerald Hartigan.

Liga Uruguaya: Cayetano Saporiti (Wanderers); Carlos Carve Urioste (Nacional) y Juan Carlos Bertone (Wanderers); Luis Carbone (Nacional), Francisco Branda (Wanderers) y Pedro Zuazú (Nacional); Carlos Cuadra (Nacional), Gonzalo Rincón (Nacional), Juan Pena (Peñarol), Alejandro Cordero (Nacional) y Cándido Hernández Bentancour (Wanderers).

En Sudáfrica entró el medio Johnston por Schmidt. El resto del equipo fue el mismo que derrotó a la Liga Argentina.

El combinado de la Liga Uruguaya presentó 6 jugadores del Club Nacional de Football, 4 de Montevideo Wanderers y 1 del CURCC (club al que ya se identificaba por el nombre de su sede: Peñarol). La prensa objetó la ausencia de los hermanos Aniceto y Ceferino Camacho (ambos de Peñarol), quienes en principio habían sido considerados en la formación pero, al postergarse varias semanas el partido, fueron finalmente reemplazados por Zuazú y Rincón (ambos de Nacional).

El equipo uruguayo ganó el sorteo y eligió jugar el primer tiempo con viento y sol a favor. A los 17’ de juego Tyler marcó el primer gol. Pocos minutos más tarde, Pena le pasó la pelota a Rincón, quien con un tiro bajo empató el partido en medio de un indescriptible entusiasmo de la afición local. Antes de finalizar el primer período Mason anotó el segundo gol del equipo visitante. Llamó poderosamente la atención el buen rendimiento del equipo local en ese primer tiempo. Si bien se notó cierta desorganización en su juego, producto de la escasa combinación entre los jugadores, el entusiasmo y empuje puestos de manifiesto alcanzaron para emparejar el trámite del match. Los uruguayos condujeron cinco o seis avances formidables, que pusieron en serios aprietos a la valla sudafricana.

En la segunda parte el desarrollo del encuentro cambió rotundamente y los sudafricanos dominaron netamente las acciones. Apenas comenzado el período Hartigan marcó el tercer gol de su equipo. Mientras promediaba la etapa, los visitantes marcaron otros tres goles en pocos minutos, por intermedio de Hartigan y Mason (en dos oportunidades). Dos minutos antes de finalizar el partido Hernández realizó un avance notable. Pasó a los halves y backs sudafricanos y se dirigió resueltamente hacia el arco sudafricano, donde el arquero Brown se vio forzado a detenerlo para alejar el peligro. El encuentro finalizó con la victoria de Sudáfrica por 6 goles a 1. 

Los visitantes ratificaron la superioridad demostrada en casi todos los partidos de la gira. En el equipo local, Bertone y Carve Urioste estuvieron sencillamente admirables, y entre los forwards se destacaron Pena y Rincón.

La amplia victoria de los visitantes coincidió con los pronósticos, pero también quedó la buena impresión que dejó el equipo local en el primer tiempo. La prensa especializada especuló con que si los dirigentes abandonaran sus prácticas de parcialidad y prevalencia para seleccionar jugadores, otros serían los resultados alcanzados.

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4.10 Domingo 22 de julio vs. Alumni (revancha)
El décimo (y en principio último) partido de la gira estaba previsto con el Quilmes Athletic. Se programó jugarlo el sábado 21 de julio pero, dado el mal estado de la cancha debido a la lluvia caída, se lo reprogramó para el jueves 26 de julio (el día anterior a la partida de la delegación visitante).

Se aprovechó esta circunstancia para programar el domingo 22 de julio la revancha con Alumni, que un mes atrás —el 24 de junio— había ganado el segundo partido de la gira de los sudafricanos. Este match fue gentilmente ofrecido por el equipo local, para retribuir el caballeresco gesto de permitir que Juan D. Brown reemplazase a Ernesto Brown, quien lastimado tuvo que abandonar la cancha en el primer partido. Se trató de corresponder en forma digna a una actitud que sólo mereció plácemes.

El partido despertó un interés considerable, aunque la crítica consideraba que era extremadamente difícil que Alumni repitiera su anterior victoria, pues no contaba con Carlos Carr Brown (de viaje por Europa), y el rendimiento del equipo visitante mostraba un sensible mejoría producto de la serie de partidos disputados.

El día del partido, el hermoso clima convidaba a presenciar una reunión al aire libre. Por tal motivo, el género femenino concurrió en gran número y aportó mayor animación a la fiesta. Las lluvias caídas en los días anteriores dejaron el field embarrado y las inmediaciones del estadio se hallaban en malas condiciones. Las tribunas de la Sociedad Sportiva en Palermo se vieron colmadas por una muchedumbre compacta, inquieta y nerviosa, tan pronta a aplaudir a sus favoritos como a silbar a sus rivales. El partido fue esperado con extraordinario entusiasmo por los ya innumerables aficionados con los que contaba el fútbol, y no extrañó entonces que la concurrencia que asistió al match llegara a las 9.000 almas.

Se anunció que el referí sería el Sr. Guillermo Jordán, pero finalmente el rol lo asumió el Sr. A. King (de Sudáfrica). La constitución de los cuadros fue la siguiente:

Sudáfrica: W. Brown, Henry Heeley, y J. Robinson; W. Schmidt, J. Binckes y T. Chalmers; A. McIntyre, Harold Henman, Robert Tyler, W. Mason y Gerald Hartigan.

Alumni: José Buruca Laforia, Jorge Gibson Brown y Mariano Reyna; Patricio Browne, Charles Buchanan y Andrés Arturo Mack; Gottlob Weiss, Alfredo Brown, Ernesto Brown, Carlos Lett y Eliseo Brown.

Respecto al primer partido entre estos mismos equipos, en Sudáfrica ingresó Henman como insider derecho, y Tyler se corrió al centro de la línea de forwards en reemplazo de Thorne. En Alumni, Mariano Reyna reemplazó en la zaga defensiva a Carlos Brown, quien estaba de viaje. Ernesto Brown, quien se había lesionado en el primer partido, ya estaba recuperado y retomó su lugar en el centro de la línea delantera.

El partido comenzó sin incidencias extraordinarias. A pesar de las desventajadas con las que Alumni entró al partido, al principio se creyó en su eventual triunfo. El desarrollo del primer tiempo fue trabado, aunque por lo general predominó una ligera superioridad del equipo visitante. 

A los 25’ del primer período se produjo una jugada emocionante. Mason corrió con la pelota hacia el arco rival y dejó atrás a Jorge Brown, el más veloz de los defensores que lo perseguían. Cuando llegó a pocos metros de Laforia, el gol parecía inevitable. Prueba de ello fue el silencio que invadió a la multitud. Mason dirigió el shot alto y fuerte, pero Laforia se mostró de cuerpo entero y lo rechazó. Se produjo entonces un terrible entrevero frente al arco de Alumni, cayeron varios jugadores, pero finalmente el peligro fue alejado y la expectativa de la multitud trocó en entusiasmo frenético. 

El primer tiempo terminó sin que bando alguno abriera el score.

En una atmósfera caldeada de entusiasmo, el segundo tiempo comenzó con la misma tónica de juego de la primera parte. Gradualmente los visitantes impusieron su supremacía y sus forwards circunscribieron el juego a la mitad del campo que defendía Alumni. 

A los 10’ Hartigan desniveló el marcador, y tan sólo 8 minutos más tarde Henman dobló el score. Alcanzada esta decisiva ventaja, los visitantes controlaron el desarrollo del match. 

Luego de varios avances y retrocesos, en los que el público tomó ruidoso partido, el referí señaló el final del match con el resultado: Sudáfrica 2, Alumni 0. 

Ambos equipos desplegaron vigor y entusiasmo, pero primó la habilidad y energía que caracterizaba al team sudafricano. Tanto uno como otro equipo fueron aplaudidos, aunque el match resultó poco lucido.

Los sudafricanos jugaron admirablemente. El arquero Brown sólo tuvo que parar media docena de shots débiles. Los backs y halves estuvieron a la altura de su fama, y los forwards marraron varias oportunidades delante del gol, con excepción de Hartigan y Henman quienes marcaron los dos goles de su equipo.

Alumni jugó cohibido, sin su habitual empuje. Su actuación no fue lucida y brillante como la del primer partido, y pareció desmoralizarse ante los tantos del adversario. En el primer tiempo Laforia jugó muy bien y detuvo varios tiros en gran estilo. Sin embargo, en más de una ocasión apeló a su buena suerte, como cuando salía a pasear hasta el córner. Jorge Brown no jugó tan bien como en otras ocasiones, y Reyna no fue ni la sombra de Carlos Brown. Los halves fueron incansables. Mack sobresalió, aunque Carlos Buchanan mejoró notablemente en la última media hora y estuvo en todas partes. Lett fue inútil como forward pues nunca ocupó su puesto, pero al retrasarse como half-back conjuró muchas acciones de peligro. Weiss se vio casi siempre dominado por Robinson. En la línea de forwards, los Brown condujeron los ataques sin fundamento. Ernesto hizo poco durante todo el partido, Alfredo estuvo errado, y Eliseo se limitó casi siempre a devolver la pelota al centro apenas la recibía, sin jamás emprender corridas por la banda izquierda.

El referí, Sr. King, se vio condicionado por la actitud hostil del público, y no siempre demostró la legalidad necesaria. Pasó por alto algunas irregularidades de los jugadores de Alumni, especialmente de Weiss, quien al percatarse de que el referí no lo sancionaría, casi siempre se ubicó en offside durante el segundo tiempo. Al terminar el partido, un numeroso grupo de exasperados partidarios de Alumni dirigieron palabras ofensivas al referí, y lo amenazaron con bastones, aunque felizmente sin consecuencias. También fue apedreado el arquero Brown. El público de fútbol en Buenos Aires, y en especial el de Alumni, ya adquiría una fama poco envidiable. Demostraba así la falta de la principal cualidad del verdadero sportsman: saber aceptar la derrota. Las manifestaciones hechas al referí, un caballero que se portó admirablemente y que como huésped debía recibir consideración, fueron un acto de ignorancia que los buenos sportsmen lamentaron de corazón.

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4.11 Jueves 26 de julio vs. Quilmes Athletic (y despedida de Bs.As.)
En el undécimo partido de su gira por el Río de La Plata, los sudafricanos enfrentaron al Quilmes Athletic en el campo de juego de la Sociedad Sportiva Argentina en Palermo. El partido había sido reprogramado en dos ocasiones. Esta era la última fecha disponible, pues los visitantes tenían previsto embarcar rumbo a Europa al día siguiente. Por tratarse de un día de labor el match generó poca expectativa. La AFA redujo el precio de las entradas y el acceso al campo se vendió a sólo 50 centavos.

El partido comenzó en el inusual horario de la 1 y media de la tarde, pues la delegación visitante debía cumplir con algunos compromisos sociales contraídos con anterioridad. El referí del encuentro fue el Sr. Thorne (de Sudáfrica), y los equipos formaron de la siguiente manera:

Sudáfrica: W. Brown; Henry Heeley y J. Robinson; W. Schmidt, J. Binckes y T. Chalmers; A. McIntyre, P. Findlay, Robert Tyler, W. Mason y E. Johnston.

Quilmes: Robert Cordner; Douglas Campbell y William Leslie; Thomas Lister, Charles Parr y John Rodman; Juan Stanfield, Arthur Wells, Percy Hooton, Spencer Leonard y John Murray.

En Sudáfrica regresó a la línea media Schmidt en el lugar de Johnston, quien en este partido pasó a jugar de winger izquierdo en reemplazo de Hartigan.

La formación de Quilmes incluía 8 jugadores que ya habían jugado con los sudafricanos, 7 integraron el combinado de Británicos (Cordner, Campbell, Lister, Murray, Leonard, Hooton y Wells), y 1 jugó con Argentinos (Stanfield). Leonard y Hooton jugaron su tercer partido frente a los sudafricanos, pues también integraron el combinando de la Liga Argentina. Los únicos que jugaron por primera vez contra los visitantes fueron Leslie, Parr y Rodman.

En el primer tiempo el juego fue reñidísimo, y a Quilmes le anularon un gol por offside de Stanfield. Al medio tiempo se llegó sin convertir goles. 

En la segunda parte el equipo visitante se acreditó un amplio triunfo, merced a 5 goles convertidos por Tyler (en 2 oportunidades) y Mason (en 3 oportunidades). Wells, al recibir un pase de Stanfield, había marcado el transitorio descuento de Quilmes cuando el partido estaba 3 a 0. En definitiva, el partido terminó con la victoria de Sudáfrica por 5 goles a 1.

Al termino del encuentro los jugadores sudafricanos se dirigieron a la sede del Club de Gimnasia y Esgrima en la calle Cangallo, donde se les ofreció una demostración atlética a cargo de los socios de la institución. Los diferentes números que compusieron el programa resultaron sumamente interesantes. Sobresalieron los asaltos de boxeo y esgrima (florete y sable), fueron muy aplaudidos los ejercicios con clavas y en las paralelas, y resultó acabada la demostración colectiva de la sección de niños. 

La agradable reunión culminó con un disputado partido de pelota a share. Antes de retirarse, los jugadores del cuadro sudafricano fueron obsequiados con una copa de champagne por las autoridades del Club de Gimnasia y Esgrima.

Esa misma noche los visitantes cerraron su visita a esta ciudad en un banquete de despedida ofrecido por la Argentine Football Association y la Sociedad Sportiva Argentina en el restaurant de Luzio, ubicado en la esquina de las calles San Martín y Bartolomé Mitre en el centro de la ciudad.

A las 8 de la noche se sentaron a la mesa 32 comensales. La cena transcurrió en un ambiente de plena alegría y sana camaradería. A los brindis, el Presidente de la AFA, Sr. Martínez de Hoz, despidió con oportunas palabras al team visitante.

El Sr. Henry Heeley, capitán del equipo sudafricano, agradeció la demostración e hizo referencia a que en ciertos sectores se había sugerido que los sudafricanos eran jugadores profesionales, algo que negó rotundamente. Los anfitriones argentinos remarcaron que nadie que hubiera visto a los sudafricanos desempeñarse en el campo de juego podría levantar duda alguna sobre su estatus, pues su juego siempre fue el más limpio y caballeresco.

Completaron el uso de la palabra los Sres. Edward Cordner y W. Williams (ambos del Quilmes Athletic), quienes pusieron de relieve la simpatía que la delegación sudafricana se supo granjear durante todo el tiempo que permaneció en Buenos Aires.

Como no había líneas marítimas que cubrieran el trayecto desde Buenos Aires a Ciudad del Cabo, los jugadores sudafricanos embarcaron el viernes 27 de julio en el vapor Thames, de la Royal Mail Steam Packet (RMSP), con destino a Southampton.

La nave tenía un aspecto muy agradable, con proa clipper, dos chimeneas y tres mástiles. Era antigua, pues había sido botada en 1890, desplazaba 5.645 toneladas y alcanzaba una velocidad de crucero de 15 nudos. Completó sus servicios en 1914 y fue desguazada. En Inglaterra la delegación sudafricana transbordó a otra nave que los condujo a su país. Se estima que la travesía de regreso les insumió más de 40 días de navegación. Si se tienen en cuenta el accidentado tramo de ida y la duración de la gira, el total de la excursión demandó casi cuatro meses de viaje.

Cabe notar que sólo embarcaron 14 jugadores sudafricanos, pues el insider derecho Harold Henman se radicó en la Argentina (donde también luego vivieron su hermano y hermana). Henman —quien castellanizó su nombre a Héctor— jugó para Quilmes Athletic. En octubre de aquel 1906 jugó en Buenos Aires su único partido en la Selección Argentina contra Uruguay, el día que se puso en juego por primera vez la Copa Newton. NdR: el reglamento de este trofeo establecía que los equipos que lo jugaban se integraban con jugadores de ambas ligas, sin distinción de nacionalidad, por esa razón también se lo conocía como la Copa de la Ligas.

Treinta años más tarde, la revista El Gráfico le hizo un reportaje a Harold Henman, en el que cuenta detalles interesantes de aquella gira y su posterior radicación en el país. Sigue la transcripción completa del artículo publicado en el #949 del 15.9.1937:
“Encontrar en Buenos Aires a un jugador del equipo de Sudáfrica, aquel conjunto integrado por footballers británicos que hace 31 años actuó aquí constituye un verdadero hallazgo. Harold Henman, insider del equipo que vino a Buenos Aires en 1906, y se radicó aquí desde entonces, evoca aquellos tiempos. Las muchas personas de su relación cercana seguro conocen ese capítulo de su vida, pero lo ignora el público en general, siempre deseoso de leer relatos que le permitan reconstruir la primera época del fútbol en el país, y así familiarizarse con las figuras que contribuyeron a su difusión y progreso.

La factibilidad de este entrevista nos fue proporcionada en esa magnífica reunión del 26 de julio pasado, en esa comida en la que se homenajeó al fútbol de todas las épocas y que, tanto por sus proporciones como por su calidad, ha pasado a ser inolvidable para quienes estuvimos en ella. Alfredo López, aquel caballeresco half internacional que jugó en Boca Juniors, anduvo infatigablemente esa noche de un lado para el otro, buscando viejas caras conocidas entre los comensales, para invitarlos a que subieran a la tarima donde estaba instalado el micrófono. No tanto para que saludaran, sino para que se dejaran contemplar y admirar por todos los demás. Sonaron nombre queridos, nombres famosos, repiquetearon los aplausos incesantes y vimos inclinarse una cabeza cana o una cabeza calva. Señores, —dijo en cierto momento Alfredo López— voy a tener ahora el gran placer de presentarles a un caballero del deporte, a un extranjero que hizo mucho por el fútbol argentino: Henman, jugador del famoso team de Sudáfrica que vino a Buenos Aires en 1906.

Sudáfrica de 1906, cuantas reminiscencias para los hombres allí reunidos. ¿Y estaba entre nosotros uno de aquellos cracks? No había tiempo que perder. Al día siguiente, el cronista de El Gráfico estaba conversando con el Sr. Henman. Alto, fuerte, con la complexión del hombre que ha hecho deporte toda su vida, lleva admirablemente sus 58 años. Se siente reconocido al grato momento que le proporcionamos. Primero le sorprendió la invitación que recibiera para concurrir a la fiesta del fútbol, donde encontró caras conocidas que no veía desde 25 años o 30 años atrás. Ahora, hablar de fútbol y recordar su actuación, le significaba una nueva alegría, gustada con la felicidad de un hombre que ha sabido aprovechar su juventud.

El señor Henman nació en Oxford. Cuando a un sudamericano le hablan de alguien nacido en Oxford, lo primero que se le ocurre preguntar es si alguna vez jugó contra Cambridge. Más aún si se trata de un deportista. En este caso recibimos la negativa por respuesta. Henman pasó de Oxford a Londres y allí jugó al rugby. Deporte que le gustaba tanto como el fútbol en esa época, aunque posteriormente lo atrajo exclusivamente el fútbol. La afición por el rugby quedó latente, y la prueba de ello es que ahora sus hijos argentinos todos lo practican aquí.

La iniciación de Henman en el fútbol oficial tuvo su origen en un traslado. De Londres pasó la ciudad de Ipswich y allí se encontró con que no se jugaba al rugby. Todo se redujo a cambiar la pelota avalada por la redonda, dice sonriendo Mr. Henman. Pero no creo que interese todo aquello, ha pasado tanto tiempo. Un detalle sí recuerdo ahora, pues interviene uno de los grandes jugadores que han jugado aquí. En el equipo de Ipswich Town jugaba de centre-half H. T. Ratcliff. Bueno, con él me pasó algo muy curioso. Debimos conocernos entonces, puesto que jugábamos en el mismo equipo, pero nos vinimos a conocer varios años más tarde y en Buenos Aires. Él sabía que en Ipswich había un Henman, y yo sabía que había un Ratcliff, pero por razones de trabajo teníamos que viajar, y siempre que el llegaba yo partía. ¿Y aquí por fin conoció personalmente a Ratcliff, quien fue su compañero en Ipswich? Aquí sí, pero no cuando llegué. Estaba escrito que nosotros dos andaríamos disparándonos siempre. Poco antes de llegar el equipo de Sudáfrica, Ratcliff había partido hacia Inglaterra. Volvió dos años después, y recién entonces nos vimos las caras.

El veterano jugador británico va de tarde en tarde a ver fútbol aquí. Y se muestra admirado del dominio de la pelota que poseen los cracks de la actualidad, reconociendo que este juego ha progresado entre nosotros enormemente, tanto en habilidad individual como en el juego de combinaciones y el dribbling, aunque a su juicio hay quienes se exceden en la gambeta y perjudican a su team. La colocación, el pase y el shot, son las tres bases elementales de todo buen footballer. Cuando vinimos a Buenos Aires con el equipo de Sudáfrica, encontramos aquí jugadores discretos, con noción del quite y el rechazo en los defensores, y del tiro al arco en los forwards, pues había excelentes shoteadores. En cambio, carecían de velocidad en el desplazamiento, salvo algunas excepciones, y exactitud en el apoyo. Pero los argentinos tienen un encomiable espíritu deportivo y un entusiasmo tan grande, que lo recuerdo ahora como uno de los motivos que concurrieron a mantener y distinguir aquí la afición por el fútbol. Siguiendo el elogio de los cracks del momento, se sorprende Mr. Henman de la inmunidad de la que gozan los arqueros. Aunque reconoce que dado el espíritu de rivalidad con que se juega hoy en día, puede admitirse como medida de precaución todo lo que tienda a eliminar las brusquedades. Nosotros sabemos bien que en otra época un pechazo era contestado con otro pechazo, pero ahora la respuesta no sería la misma. Lo que me extraña mucho es que haya jugadores de primera división, y muy prestigiosos, que no manejen más que una pierna. Francamente, es una cosa que yo no comprendo. Cuando yo jugaba lo primero que se nos exigía era que practicáramos el shot con las dos piernas. Recurso indispensable para cualquier puesto. ¿Sabe como me entrenaba? Tomaba una pelota de tenis y, con uno y otro pie, alternativamente tiraba la pelota contra las cuatro paredes de una pieza de mi casa sin dejarla picar. Así conseguía un dominio completo sobre la pelota y me resultaba facilísimo repetir la operación en la cancha con la número cinco. Es un ejercicio que yo aconsejo a los jugadores jóvenes, pues considero que si no accionan con las dos piernas debe ser solamente por falta de interés.

Henman se encontraba en Ipswich cuando se declaró la guerra contra los boers, y tuvo que marchar a Sudáfrica. Estuvo en el frente los tres años que duró la contienda, con tanta felicidad que resultó ileso. Terminada la guerra permaneció en Sudáfrica, y entró a trabajar en las oficinas de una mina de oro. A este respecto formula una observación tan exacta como pintoresca: la mina era de oro para los dueños, pero para los empleados nos resultaba de lata. El lector se sorprenderá al enterarse de que en esa mina trabajaban 3.000 obreros chinos. Solamente en esa, pues en total los chinos mineros de Sudáfrica sumaban 40.000, con un rendimiento muy superior al de los obreros locales, tanto que habiendo estos dejado el trabajo por una huelga, tuvieron que volver a él deponiendo sus exigencias.

Luego de esta incursión por el ambiente de las minas, volvamos al deporte. En Johannesburgo, el delantero del Ipswich siguió practicando fútbol. Se destacó muy pronto como insider. El juego que se realizaba en Sudáfrica no era tan bueno como en Inglaterra, pero había algunos footballers ingleses de calidad. ¿Sabe usted como eran las canchas en el África? ¡Iguales a las de tenis! Nada de césped. Jugábamos sobre polvo de ladrillo. ¡Canchas coloradas y durísimas! Había que tener mucho cuidado al caer, porque un porrazo podía ser cosa seria. La pelota salía despedida por el suelo a gran velocidad, y los pases tenían que hacerse siempre bajos, porque si se esperaba el pique, la pelota disparaba y no había nada que hacer, se perdía. Ahora hay canchas de césped, pero ahora son otros tiempos. Ya los muchachos no tendrán que acolcharse las rodillas y los codos como teníamos que hacerlo nosotros.

Las andanzas de Mr. Henman no habían terminado con su afincamiento en Sudáfrica. Encontrándose el allá seis años después de su llegada, y a los tres de haber ingresado a la mina, se concertó la gira América del Sur. No fue cosa fácil formar el equipo porque se trataba de amateurs y todos teníamos nuestros empleos. Para dar idea de las dificultades con que se tropezó, bastará con que le diga que fueron invitados 23 arqueros y 22 se negaron. Unos por que el viaje nos les interesaba ya que Sudamérica sonaba a cosa extraña, y otros porque sus obligaciones les impedían alejarse. El arquero que trajimos no valía gran cosa. Lo mejor del conjunto era los backs, tanto que en ese momento puedo asegurar que no se exageraba al conceptuárselos entre los mejores del mundo. Eran Heeley, capitán, y Robinson. La línea media también era muy buena, en tanto que el ataque no pasaba de discreto. Así pues trajimos una excelente defensa, un quinteto regular, y un arquero flojo. Fueron recibidos en Buenos Aires con las mejores atenciones. Dice Mr. Henman que pocas veces un team extranjero habrá sido tan agasajado entre nosotros como aquel que vino de Sudáfrica. Debutamos contra un equipo de estudiantes universitarios y ganamos con mucha facilidad por 14 goles a cero. Nosotros creíamos entonces que todos los footballers argentinos jugarían así, pero nos llevamos una gran sorpresa cuando en el segundo partido enfrentamos a Alumni, el equipo del cual ustedes tienen muchas razones para enorgullecerse. Fue aquel un encuentro en el que nosotros atacamos más, pero sin poder quebrar la defensa que nos plantearon. Así fue como el único gol de partido, señalado por Alfredo Brown con uno de sus famosos cañonazos, significó la primera gran victoria del fútbol argentino. De aquel partido recuerdo la actuación estupenda de Laforia, de Jorge Brown y de Weiss. Después se hizo la revancha, y entonces fuimos prevenidos, con el máximo de nuestro poderío, y conseguimos ganar por 2 a 0 en un partido relativamente equilibrado. También nos dieron mucho trabajo los jugadores del combinado argentino, con los que jugamos el 9 de julio, en cuyo partido sólo pudimos ganar por 1 a 0. El viejo team de Estudiantes también nos hizo una gran resistencia, vencimos solamente tres a dos. Pasó mucho tiempo desde entonces, 31 años, de manera que me excusará si no recuerdo muchos detalles de aquellos partidos.

En las oficinas de la mina de Sudáfrica le habían dado licencia para que viniera a la Argentina, reservándole el puesto, pero éste quedó vacante. Cuando en el mes de agosto el equipo de Sudáfrica se embarcó de regreso a sus lares, iba uno menos. Henman había decidido permanecer en nuestro país, atraído por las posibilidades de trabajo, de porvenir, que aquí había vislumbrado. Poco tiempo después de haber llegado decidió buscar empleo mientras se realizaban los partidos del combinado sudafricano. En un diario inglés leyó un aviso, se necesitaba un contador. Escribió enseguida a la dirección indicada, pero no recibió contestación. Unos cuantos días después de haber mandado esa carta, el equipo de Sudáfrica jugaba uno de sus partidos. Henman, ya vestido de futbolista, descendía por la escalera de la tribuna de la Sociedad Sportiva para ir a la cancha, cuando se sintió tomado de un brazo. Creyó primero en una broma de alguno de uno de sus compañeros, pero al querer individualizarlo se encontró con una cara desconocida: ¿Usted es Henman? Sí. ¿Ud. escribió pidiendo empleo? Si. Bueno mire, el que ahora va a jugar de centro delantero contra ustedes, es el hombre que tiene que hacer la elección para ese puesto. Aproveche la oportunidad. El mencionado jugador era Percy Hooton, de Quilmes, alto empleado del frigorífico "The River Plate Fresh Meat Company" que había solicitado un contador. Él sabía que yo era quien había escrito pidiendo el puesto, explica Henman, pero no sabía que a mí me habían dicho quien era él. Esa tarde, durante todo el partido tuve mucho cuidado de no hacerle un solo foul a Hooton, y al día siguiente ya ocupaba el puesto en el frigorífico.

Para darnos una semblanza aproximada de lo que significaba jugar al fútbol en Buenos Aires 30 años atrás, Mr. Henman nos dice que en ese tiempo cada partido daba lugar a una reunión social. El público era calificado, silencioso y reducido. Se hablaba de multitud cuando se reunían 5.000 personas. Y era fácil reconocer las caras todos los domingos. Luego, el té inmediato a la disputa del partido servía para estrechar la amistad entre jugadores de ambos bandos y los socios.

Le pedimos a nuestro amable interlocutor una opinión sobre nuestros mejores cracks de aquellos años. No me ponga en compromisos, todos eran grandes deportistas. Y pasó ya tanto tiempo. Me atrevo solamente a citarle cuatro hombres, uno en cada línea: Laforia, un arquero que podía ser comparado entonces con los mejores del mundo, y que valía 20 veces más que el que trajimos nosotros. Su agilidad y su seguridad de manos eran estupendas. Jorge Brown, gran jugador y gran caballero. Jugar en contra suya resultaba grato. Se distinguía por su concepción de las jugadas, como si adivinara el pensamiento de delantero. Luego, ponía velocidad y gran limpieza en el quite. Ustedes pueden citarlo siempre como símbolo de una época. Entre los halves, quizás el más grande fue Harold Ratcliff, el famoso pelado, notable por su inteligencia, por su juego de cabeza, y por la exactitud y la conciencia de sus pases. Siempre entregaba la pelota al hombre mejor colocado. Adelante, el winger Weiss, también muy superior al que trajimos nosotros. Era rápido y peligrosísimo. Había muchos más, pero no quiero arriesgarme a incurrir en olvidos que pudieran tomarse como injusticias.

Como dijimos, Henman se quedó en Buenos Aires. Integró el equipo de Quilmes y tuvo el honor de ser designado para jugar contra los uruguayos en un partido por la Copa Newton. Una seria lesión, que había sufrido en uno de los primeros encuentros de Sudáfrica en la Argentina, y reagravada en la revancha con Alumni, le hizo adoptar la decisión de abandonar el fútbol. Tenía veintinueve años, la agilidad iba decreciendo, y otro golpe podía costarle caro. Se alejó de las canchas, llevándose consigo el recuerdo de muchas tardes felices. Practicó después tenis, squash, cricket y golf, hasta que se transformó en espectador absoluto, dejó su puesto a sus hijos, y cobró para todos nosotros el valor de una reliquia.”


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4.12 Martes 31 de julio vs. Liga Paulista (en San Pablo)
Los visitantes aprovecharon que en el trayecto hacia Europa estaba prevista una escala en el puerto de Santos. Coordinaron entonces desembarcar a su arribo a Brasil, trasladarse a la ciudad de San Pablo para jugar allí un partido, y luego viajar en tren hacia Río de Janeiro para reembarcar en la misma nave.

El jueves 26 de julio —un día antes de su partida de Buenos Aires— los sudafricanos confirmaron por telegrama a Charles Miller —a quien se le atribuye un rol fundacional en la introducción del fútbol en Brasil— que el equipo llegaría a Santos el martes 31 de julio, y que ese mismo día estaría disponible para jugar en San Pablo con un combinado integrado por los mejores jugadores de los clubes de la Liga Paulista.

Este fue el primer partido jugado en Brasil por una representación extranjera frente a un combinando local. El año anterior se había intentado contratar al Nottingham Forest, pero no fue posible encontrar fechas disponibles. La prensa local destacó que los jugadores sudafricanos no eran profesionales, como en un principio se suponía, sino distinguidos caballeros amateurs. El significativo atraso que ya acumulaba la excursión les impidió permanecer más días en San Pablo, como era el deseo de la Liga Paulista.
 
La expectativa generada fue enorme, y la Liga puso en venta las entradas con anticipación para evitar aglomeraciones en la puerta del Campo del Velódromo donde se jugó el match.

El partido se jugó en honor del Presidente electo de la República, Dr. Affonso Penna, quien se encontraba de visita en la ciudad (había triunfado ampliamente en las elecciones realizadas 4 meses antes). Se levantó un bellísimo palco presidencial junto a las tribunas del estadio para albergar al mandatario electo, al Dr. Jorge Tibiriçá (Presidente del Estado de San Pablo), y a las demás autoridades. 

El Velódromo presentaba un aspecto brillante. La entrada estaba engalanada con banderas, gallardetes y festones, arreglados con muy buen gusto. Las tribunas ostentaban efectos dignos de apreciación. El palco presidencial tenía reminiscencias góticas, con un puerta que daba a un elegante balcón de donde surgían seis astas en cuyas puntas tremolaban banderas de diversas nacionalidades. Toda la baranda del pabellón estaba cubierta de flores.
 
A las 3 de la tarde el recinto del Velódromo se hallaba repleto de distinguidas familias de la sociedad paulista. La enorme multitud, que sin exageraciones llegaba a 6.000 espectadores, colmó las instalaciones. Al poco tiempo se anunció que se habían agotado todas las localidades. 

A las 3.20 de la tarde llegó el landau que conducía a los Dres. Penna y Tibiriçá. En la entrada del Velódromo sus excelencias fueron recibidas por los representantes de la Liga Paulista. Cuando el eminente huésped se asomó al pabellón, fue recibido por una estruendosa salva de aplausos, vivas y aclamaciones.
 
El referí fue el Sr. R. Thorne, eximio jugador de Sudáfrica. Los equipos entraron al campo de juego bajo las ruidosas aclamaciones de la multitud. Estaban integrados por los siguientes jugadores:

Sudáfrica: W. Brown; Henry Helley y J. Robinson; W. Schmidt, J. Binckes y T. Chalmers, A. McIntyre, P. Findlay, Robert Tyler, W. Mason y Gerald Hartigan.

Liga Paulista: Jorge Tutu Miranda (Paulistano); Walter Jeffery (São Paulo) y Francis Howard Hodgkiss (São Paulo); Pyles (Mackenzie), Argemiro (Internacional) y Stewart (São Paulo); Leo Bellegarde (Internacional), Martins (Mackenzie), Vevé (Paulistano), Charles Miller (São Paulo) y Henrique Ruffin (Mackenzie).

En esta foto del São Paulo Athletic Club es posible identificar a los tres jugadores de este club que participaron en el partido de 1906 con Sudáfrica.

A las 3.45 de la tarde el referí dio la señal de comenzar el match y el centre-forward local, Vevé, puso el balón en movimiento. Durante los primeros instantes los forwards brasileros llevaron adelante varios ataques que entusiasmaron a la multitud, pero fueron siempre bien conjurados por el arquero Brown.  Gradualmente los sudafricanos tomaron el control del partido gracias a su mejor juego, basado en excelentes combinaciones que, en breves instantes, les permitían tomar posiciones en campo brasilero. En una de esas ocasiones el centre-forward visitante, Tyler, escapó con la pelota. Con la ayuda de Mason y Hartigan consiguió hacer un admirable centro que fue bien aprovechado por McIntyre, quien con un formidable tiro alto marcó el primer gol del partido. La defensa local continuó resistiendo el asedio de los sudafricanos, y el arquero Tutu se vio obligado a realizar verdaderos prodigios para defender tiros de Mason y Tyler. Luego de una aglomeración en la puerta del arco brasileño, el half-back Schmidt aprovechó la situación, y con un tiro débil marcó el segundo gol para su bando. Los sudafricanos pasaron a dominar el juego por completo, y pocos minutos más tarde su centre-forward, Tyler, marcó el tercer gol de manera magistral. Segundos antes de terminar el primer tiempo, Mason remató contra el poste derecho y marcó el cuarto gol de Sudáfrica.

En el medio tiempo, el Dr. Affonso Penna expresó su deseo de conocer al arquero local Tutu (Jorge Miranda), quien se había comportado bravamente durante el primer tiempo. En ese momento, los representantes de la Liga Paulista ofrecieron a las autoridades un ligero lunch y un copa de champagne. Se brindó por el presidente electo y agradeció su presencia en la fiesta deportiva. El Dr. Affonso Penna felicitó a la Liga por la brillante organización, y a las 4 y media de la tarde se retiró junto a su comitiva.

Al cabo del intervalo de 10 minutos los equipos regresaron al campo de juego para comenzar el segundo tiempo. Nuevamente tomó la iniciativa el equipo local, y los backs y halves brasileños lograron llevar la pelota hasta sus forwards, pero éstos se apresuraron y mostraron imprecisos, un conocido defecto de los jugadores locales. Por el contrario, el team extranjero apeló a su sapiencia y calidad. Sus outsiders fueron siempre los armadores de los goles. Así fue como Hartigan centró con fuerza y la pelota cayó en los pies del jugador local Stewart, pero Mason se la birló y con un fuerte tiro marcó el quinto gol. Tutu volvió a hacer prodigios para salvar a su valla. Sobre el final de partido Findlay remató desde lejos y Tutu rechazó, pero Hartigan tomó el rebote y con un espléndido tiro marcó el sexto y último gol de su equipo. El match finalizó con la victoria de Sudáfrica por 6 goles a 0.

La línea de forwards sudafricana se desenvolvió en forma espléndida. Mostró un gran juego de combinaciones y una alta eficacia, pues no desperdició ocasiones para marcar goles. Los halves jugaron de manera extraordinaria, principalmente el centro Binckes, que maravilló a la concurrencia. Los backs Heeley y Robinson jugaron a la perfección y se coordinaron admirablemente. Del arquero Brown poco se pudo decir, pues casi no tuvo trabajo. En suma, el conjunto sudafricano dejó una óptima impresión en el medio deportivo paulista.

En cuanto al equipo local, la defensa cumplió un rol brillante. El arquero Tutu jugó muy bien, Jeffery estuvo en uno de sus mejores días, los medios Stewart y Argemiro trabajaron bastante, y Miller demostró que aún era un temible delantero.

Después del partido, el equipo de Sudáfrica abordó el tren nocturno para Río de Janeiro, y a la mañana siguiente reembarcó en el vapor Thames para continuar su viaje rumbo a Europa.

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5. CONCLUSIÓN
5.1 Síntesis

La gira de Sudáfrica por Sudamérica se extendió durante 40 días, en los que jugó un total de 12 partidos (9 en Buenos Aires y 1 cada uno en Rosario, Montevideo y San Pablo). Ganó 11 y sólo perdió 1 (el primero con Alumni), convirtió 60 goles a favor (promedio de 5 goles/partido) y le marcaron 7 goles en contra.

Se estima que unas 52.000 personas presenciaron los 12 encuentros (promedio de 4.300 personas/partido). Sin embargo, si no se computan los partidos jugados en Buenos Aires en días de semana con clubes de poca convocatoria, la presencia promedio ascendió a 6.250 personas/partido. Este número habla bien a las claras de que la presentación de un equipo amateur despertó tanto o más entusiasmo entre la afición local que el alcanzado por los teams profesionales que vinieron en 1904 y 1905.

Del plantel de 15 jugadores sudafricanos, 4 jugaron los 12 partidos (uno por cada línea): el arquero Brown, el back Robinson, el half Binckes, y el forward Mason. Otros 5 jugadores jugaron 11 partidos: el back Heeley, el half Chalmers, y los forwards McIntyre, Hartigan y Tyler. La formación titular la completaron el half Schmidt (9 partidos) y el insider Henman (6 presencias). Los suplentes que más alternaron en el equipo fueron el half Johnston y los forwards Thorne y Findlay, con 4 partidos cada uno. El half King sólo jugó 2 partidos en la gira (fue referí o linesman en varios matches).

Los goleadores sudafricanos fueron Mason con 17 (1,4 gol/partido), Tyler con 13 (1,2 gol/partido) y Hartigan con 12 (1,1 gol/partido). Todos los forwards marcaron goles, pues Thorne marcó 7 (1,8 gol/partido), Henman 6 (1,0 gol/partido), McIntyre 2 y Findlay 1. El único half que anotó un gol fue Schmidt (en el último partido en Brasil), y además hubo un gol en contra (Carlos Brown en el partido con los Universitarios).

El programa incluyó 7 partidos con equipos combinados (Universitarios, Británicos, Argentinos, y la Ligas Argentina, Rosarina, Uruguaya y Paulista), y 5 partidos con equipos de clubes (2 con Alumni y 1 cada uno con Belgrano, Estudiantes y Quilmes).

Los equipos locales emplearon 84 players para sus 12 encuentros. Hubo 5 jugadores locales que disputaron 4 partidos: Laforia, Jorge Brown, Buchanan, Lett y Mack (todos de Alumni). Otros 9 jugadores jugaron 3 partidos cada uno; 5 de Alumni (Eliseo Brown, Ernesto Brown, Browne, Weiss y Reyna); 2 de Belgrano (Dickinson y Whaley); y 2 de Quilmes (Hooton y Leonard). El resto sólo jugó en 1 ó 2 ocasiones.

Si sólo se tienen en cuenta los partidos jugados en Buenos Aires, se emplearon 51 jugadores en 9 partidos, por lo que cada player disputó casi 2 partidos. Este indicador refleja que la AFA no buscó involucrar a la mayor cantidad de jugadores posibles para maximizar el aspecto didáctico de la visita, sino que prefirió repetir jugadores para mejorar la posibilidades de éxito deportivo.

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5.2 Repercusiones
El rotundo suceso del equipo de Sudáfrica que visitó Sudamérica en 1906 marcó bien a las claras que, a pesar de los sensibles progresos registrados desde la venida del Southampton y el Nottingham Forest, el nivel general del fútbol local aún no se podía paragonar con el de un equipo amateur de primera calidad internacional. Sin embargo, Alumni sí estuvo a la altura del desafío y compitió en igualdad de condiciones en dos arduos partidos. El otro partido de trámite disputado fue el protagonizado por el combinado de Argentinos, que contó con la presencia de 8 jugadores de Alumni. Esto prueba que el medio local aún no estaba en condiciones de ensamblar varios equipos de alto nivel competitivo, pero que el equipo de los Brown había alcanzado un nivel de performance muy superior a la media doméstica, y seguramente a la altura de los mejores exponentes del fútbol amateur en el mundo.

El éxito del equipo de Sudáfrica en su gira de 1906 por Sudamérica, demostró que este país se encontraba a la vanguardia de la globalización del fútbol a principios del siglo XX. 

En 1907 Sudáfrica recibió por tercera ocasión a los Corinthians ingleses. En esta gira jugaron 24 partidos, de los que ganaron 12, empataron 7 y perdieron 5. Esta performance puso de relieve la notable mejoría del nivel de juego en Sudáfrica, pero también marcó cierto declive del equipo inglés debido a la incipiente división que ya se había abierto en Gran Bretaña entre el fútbol amateur y el profesional (administrado por la FA).

En 1910, Sudáfrica fue la primera nación no europea en ingresar a la Fédération Internationale de Football Association (FIFA). En 1912 fue seguida por la Asociación Argentina de Football (como se renombró a la Argentine Football Association), la primera del continente americano en ingresar al ente regulador internacional.

A partir de la unificación territorial de Sudáfrica en 1910, y la gradual intensificación de la segregación racial, la práctica del fútbol entre equipos de blancos y negros —algo que no era infrecuente— comenzó a declinar. La industria minera influyó en el desarrollo y organización de los deportes practicados por la población nativa que, gradualmente, se volcó al fútbol, el boxeo y el atletismo. El cricket fue entonces tomando el lugar del deporte favorito entre los blancos de ascendencia inglesa, y el rugby entre los afrikáners. Sin embargo, hasta fines de la década de 1940 el fútbol blanco sudafricano desarrolló estrechos vínculos con Gran Bretaña, y fueron varias las giras de equipos de profesionales y amateurs británicos que visitaron el país.

A partir de 1948, las políticas de apartheid impulsadas por el Partido Nacional se extendieron al ámbito deportivo. En 1955 se oficializó una política deportiva basada en la segregación y discriminación racial. Cada deporte tuvo instalaciones, órganos de control, emblemas y competencias separados, y sistemáticamente se retaceó financiación a las actividades deportivas de la población nativa. A fines de la década de 1950, el apartheid había sido introducido en todos los códigos deportivos del país.

A medida que se institucionalizó este apartheid deportivo, fue creciendo la resistencia internacional, y Sudáfrica vio comprometida su membrecía en los organismos deportivos que regulaban las competencias internacionales. En la década de 1970, los dirigentes del fútbol sudafricano pretendieron superar esta situación mediante un reordenamiento que permitía la competencia interracial fuera del país, pero mantenía la supremacía blanca en asuntos domésticos. Esta reforma fracasó y provocó la desaparición del fútbol blanco en Sudáfrica. Recién a partir de 1991 pudo Sudáfrica comenzar a retornar formalmente a la mayoría de las competencias internacionales, y en 2010 fue la sede del Campeonato Mundial de la FIFA.

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5.3 Enseñanzas y reflexiones
La gira por Sudamérica del equipo de fútbol de Sudáfrica fue un hecho relevante, alcanzó un éxito singular, y contribuyó significativamente a popularizar el juego (particularmente en la Argentina).

La gira alcanzó amplia repercusión y cumplió con todos los objetivos que la AFA se planteó al invitar a este equipo amateur al Río de la Plata. El team jugó frente a grandes multitudes y los jugadores adquirieron cierto nivel de popularidad. Fueron elogiados por su comportamiento caballeresco dentro y fuera del campo de juego. La posición social de los integrantes de la delegación fue mencionada por cierta prensa elitista como una de las razones detrás de esta buena conducta. Los sudafricanos parecen haber seguido en Sudamérica el ejemplo que les habían dado los Corinthians que los visitaron en 1897 y 1903. Los comentaristas argentinos remarcaron que el nivel de juego en Sudáfrica había mejorado significativamente luego de esas visitas del famoso equipo amateur inglés.

Cabe notar que en principio la AFA intentó repetir experiencias anteriores y en 1906 quiso traer a otro equipo profesional inglés (se llegó a un acuerdo con el Fulham, que finalmente no pudo viajar). Este proceder buscaba competir con los mejores equipos del momento, dejando de lado la disputa deportiva y privilegiando el proceso de aprendizaje, que supuestamente se ponía en marcha mediante la competencia directa con, y la observación de, futbolistas de superior calidad. Pero también se escuchaban críticas a este proceso. Se argumentaba que la competencia entre profesionales y amateurs no se sustentaba en bases equivalentes, y que incluso se podía desalentar a los jugadores locales que se veían sometidos a derrotas por scores exagerados.

La AFA buscó atemperar estas diferencias, y en 1906 invitó a un equipo sudafricano compuesto por jugadores amateurs y que provenían de un medio cuyo desarrollo futbolístico era comparable (o algo superior), al que se había alcanzado en ese momento en el Río de la Plata.

Al cancelarse la visita del Fulham, la actividad internacional de 1906 por primera vez se focalizó en una competencia que se suponía pareja en términos deportivos. Por esa razón, se amplió el número de cuadros locales que enfrentarían a los visitantes. Se incluyó a los equipos de Estudiantes y Quilmes (que nunca habían ganado la Liga), e incluso se ensambló un combinado juvenil (Universitarios). Los resultados alcanzados por los sudafricanos no dejaron lugar a dudas, y claramente demostraron que se trataba de un equipo muy superior a la media de los teams locales (con la ya mencionada excepción de Alumni).

En las giras de 1904 y 1905, las diferencias individuales y de conjunto entre los equipos profesionales ingleses y los amateurs locales fueron tan pronunciadas, que los visitantes no necesitaron exponer todos sus recursos durante los partidos. El Southampton se auto-limitó para no alcanzar scores escandalosos que ofendieran a los anfitriones. El Nottingham puso algo más de empeño, y sus resultados pusieron en evidencia la total falta de equivalencias.

En el caso de Sudáfrica, sus excelentes performances se sustentaron en una precisa labor de conjunto, en la que sus jugadores siempre apelaron a combinaciones para progresar en el terreno de juego. Este acabado estilo de juego contrastó con el que predominaba en el medio local, donde el equipo más exitoso —Alumni— solía prevalecer mediante atropelladas e iniciativas individuales. El juego desplegado por Sudáfrica fue muy superior al de sus oponentes locales. La prensa habló en términos muy elogiosos de sus métodos: pases cortos, combinaciones desinteresadas entre todos los jugadores, y sobretodo juego limpio. Los medios recalcaron que los futbolistas locales harían bien en modelar su juego al excelente nivel establecido por los invitados, que simplemente jugaron al fútbol por el juego mismo, y jamás se rebajaron a un acto poco caballeroso para evitar un contratiempo o una derrota.

Consecuentemente, es muy probable que el efecto didáctico de la visita de Sudáfrica haya sido aún más profundo que el inducido por las del Southampton y el Nottingham. El hecho que un cuadro amateur jugara con tal grado de suficiencia, alentó a los players locales a copiar formas y adaptar estrategias que se demostraron muy efectivas.

En esta serie de partidos internacionales —al igual que en las de 1904 y 1905— todos los equipos locales que participaron estuvieron integrados por miembros de la comunidad británica, o por integrantes de las clases sociales más acomodadas. Sólo excepcionalmente se incluyó a algún crack criollo (por ejemplo, Zenón Díaz). Pero la difusión que estas giras internacionales le dieron al juego, alentó la formación de infinidad de clubes criollos que dieron plena cabida al entusiasmo que despertaba el juego en todos los estratos sociales de la población. No por casualidad muchos de los clubes más tradicionales de nuestro fútbol encontraron su origen en esta fructífera época, en la que el fútbol se expandió con una velocidad inusitada hasta convertirse en el deporte favorito de la Nación.

Las autoridades de AFA quedaron más que complacidas con los resultados de la gira del equipo amateur de Sudáfrica, y su intención hubiera sido repetir la experiencia. Pero el conflicto que entre 1907 y 1914 se abrió en Inglaterra entre la FA y los clubes amateurs, dejó a la AFA sin alternativas. Por consiguiente, las siguientes giras de equipos británicos (Everton y Tottenham en 1909), volvieron a enfrentar a amateurs locales con profesionales.

La buena imagen dejada por los sudafricanos en Brasil, alentó a los dirigentes locales a invitar a otros equipos extranjeros para mejorar el nivel de la competencia interna. Así fue como un combinado Argentino realizó en 1908 una exitosa gira por San Pablo y Rio de Janeiro. En 1910 invitaron al Corinthian inglés (Brasil podía pues no estaba afiliado a la FA). Los Argentinos y los Corinthians repitieron sus visitas en 1912 y 1913 respectivamente.

Estos intercambios fueron fundamentales para equilibrar rápidamente el nivel de desarrollo del fútbol en Sudamérica, proceso que en la segunda década del siglo XX desembocó en un fecundo período de competencia regional, que se consolidó en 1916 con el establecimiento de la Confederación Sudamericana de Fútbol.§

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