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El ciclo de vida de los estadios

Construir, remodelar, demoler y volver a empezar… Una monografía sobre el ciclo que recorren todos los estadios deportivos.  Índice. 1. ...

La cancha más "pituca" de Buenos Aires

Una somera recorrida por el Pabellón de la Rosas, en la que se mezclan algunos hitos del desarrollo urbano de la ciudad con los orígenes del fútbol y el tango.

Muchos recuerdan que River Plate tuvo un gran estadio en la Recoleta (Alvear y Tagle), pero pocos saben que en la manzana contigua hubo otra cancha de fútbol oficial, en el denominado Pabellón de las Rosas.

A mediados del siglo XIX el límite urbano de Buenos Aires era el arroyo Manso, que desembocaba en el Río por la actual calle Austria. De este arroyo partía un canal a lo largo del Camino de Palermo (hoy Av. del Libertador), que conducía a la residencia de Juan Manuel de Rosas.

El saneamiento de la desembocadura del arroyo Manso (canalización y posterior entubación) revalorizó los terrenos de la zona, que gradualmente comenzaron a ser usados para edificar las residencias de las clases más adineradas.

A principios del siglo XX la Municipalidad construyó un amplio edificio para eventos sociales y deportivos en un terreno de su propiedad, ubicado en la manzana delimitada por la Av. Alvear (hoy Av. del Libertador), Tagle, vías del FC Norte (hoy Av. F. Alcorta) y S. de Bustamante.

El Pabellón de las Rosas constaba de un enorme salón central con galerías, apto para todo tipo de eventos. Las dependencias se distribuían sobre los laterales del gran hall. La terraza en la parte posterior del edificio daba a los amplios jardines y al campo de deportes.



En el hall central se organizaban grandes reuniones sociales, por ejemplo eventos de beneficencia y celebraciones de las fechas patrias de colectividades extranjeras, que incluían bailes, conciertos, conferencias, representaciones teatrales y hasta actos de circo.


En el campo de deportes se programaban festivales de variadas actividades al aire libre, como ascensiones en globos aerostáticos, demostraciones de gimnasia, lucha grecorromana, carreras pedestres y concursos hípicos.



El Pabellón de las Rosas se posicionaba como un lugar de categoría, elegido por la alta sociedad para sus actividades sociales. En realidad, esta supuesta exclusividad era más una estrategia comercial y el lugar reunía a personas de la clase media acomodada (y no tanto).

Este aviso de 1908 es realmente singular, y nos recuerda que el trago de moda de aquel verano era champagne francés mezclado con agua mineral uruguaya (?). Quizás algún barman hoy lo añore y quiera recrearlo.
Entre las actividades que alcanzaron mayor desarrollo en el Pabellón de las Rosas se encontraba el patinaje sobre ruedas, que convocaba verdaderas multitudes de entusiastas practicantes que organizaban bailes, polonesas, carreras y hasta partidos de hockey.

Estas fotos son de un partido de hockey sobre patines femenino en 1909. No creo que las numerosas jóvenes que un siglo más tarde practican este mismo deporte en la zona del Rosedal de Palermo y el viejo Velódromo, estén al tanto de estas ilustres antecesoras.



Pero por las noches el Pabellón de las Rosas adquiría otro perfil y se entregaba a la farra. Fue uno de los recintos en los que el tango comenzó a dejar atrás su imagen de arrabal y fue aceptado por todas las clases sociales. Este vals nos evoca esos tiempos de la vieja guardia.
Parte de las instalaciones del Pabellón de las Rozas albergaron en 1910 la Exhibición de Higiene, que integraba la Exposición Internacional del Centenario de la Revolución de Mayo y se montó en la manzana contigua (donde años más tarde se levantaría el estadio de River).

En esta foto aérea de 1910 (rescatada por @Centrojas) se ven dos globos aerostáticos en el campo de deportes del Pabellón de las Rosas. En el fondo se aprecian las construcciones temporarias que albergaron la exhibición de Higiene de la Exposición Internacional del Centenario.

Adosado al Pabellón de las Rosas —en la esquina de Alvear y Tagle— en 1910 surgió el Armenonville, que combinaba un excelente restaurant con un refinado cabaret. En la planta baja había mesas y pista de baile, y en la alta dependencias privadas (reservados y garçonnieres).



Tomó su nombre prestado del Pavillon d'Armenonville del Bois de Boulogne en París. Atraía mayores concurrencias en las noches de verano, debido al considerable confort que ofrecían sus amplias terrazas y jardines.



El Armenonville fue otro mítico recinto del proceso de gradual aceptación del tango en la sociedad porteña. Allí actuó el famoso dúo Gardel-Razzano. Este tango de Juan “Pacho” Maglio, evoca aquellos tiempos fundacionales de nuestra música ciudadana.
En 1912 la Sociedad Sportiva Argentina —encabezada por el Barón Demarchi y Jorge Newbery— comenzó a administrar el Pabellón de las Rosas. El sitio reunía las condiciones ideales, pues combinaba las actividades sociales y deportivas que precisamente auspiciaba esta institución.

En 1912 el presidente del Club de Gimnasia y Esgrima —Ricardo Aldao— promovió la escisión de la Federación Argentina de Football (FAF). Aldao convenció a Demarchi, y la Sociedad Sportiva presentó un equipo que disputó sus partidos de local en la cancha del Pabellón de las Rosas.

La FAF sólo duró 3 temporadas —hasta 1914— pero equipos de clubes hoy vigentes como: Independiente, Estudiantes de La Plata, Argentinos Juniors, Tigre y Atlanta, disputaron en la cancha del Pabellón de las Rosas algunos de sus primeros desafíos frente a equipos de 1ª división.

En 1913 la Sociedad Sportiva Argentina construyó en el predio del Pabellón de las Rosas una gran piscina circular cubierta, que estaba ubicada en la esquina de la Av. Alvear y la calle Sánchez de Bustamante.

Las ascensiones de globos aerostáticos fueron una de las actividades características del Pabellón de las Rosas. Gracias a estos pioneros, hoy contamos con algunos documentos gráficos extraordinarios que nos brindan una idea muy acabada de la envergadura del lugar.

Esta foto de 1913 abarca el predio del Pabellón de las Rosas y el edificio de la piscina. Al fondo se ve la manzana de Alvear y Tagle usada en la Exposición de 1910. En 1915 la Asociación Argentina de Football alquiló ese terreno para construir un estadio, que nunca concretó.

En marzo de 1914 se realizaron las exequias de Jorge Newbery. El tren lo trajo desde Mendoza hasta la estación Pacífico, desde donde fue trasladado al Pabellón de las Rosas en la Av. Alvear, y finalmente al cercano cementerio de la Recoleta.



Una auténtica multitud acompañó al malogrado sportsman. Sólo unas pocas semanas más tarde y en este clima de pesar, el club Huracán —cuya estupenda insignia es el globo de Jorge Newbery— jugó su primer partido en un campeonato de 1ª división.

La Sociedad Sportiva Argentina se disolvió a mediados de 1914 cuando perdió la posesión de su tradicional predio frente al Hipódromo de Palermo (donde hoy están la canchas de polo). El Pabellón de las Rosas volvió entonces al área municipal.

En 1914 se presentó en el Pabellón de las Rosas el actor cómico norteamericano Oliver Hardy. Al año siguiente, el británico Stan Laurel actuó en el Teatro Casino de la calle Maipú. Sus carreras recién se engarzarían una década más tarde, para deleite de los aficionados al cine.

A partir de noviembre de 1920, cada año se organizaba en el Pabellón de las Rosas el Salón del Automóvil, cita imprescindible para el creciente número de aficionados a los motores y que reunía en un solo lugar todos los modelos que comercializaban las casas importadoras.



A medida que aumentó la dimensión del Salón del Automóvil, fue necesario expandir la superficie cubierta del Pabellón de las Rosas. Se construyeron entonces recintos temporarios que ocuparon los jardines y el antiguo campo de deportes.

Esta foto de 1928 nos brinda un panorama general del área, con el desarrollo del Barrio Parque, el Pabellón de las Rosas con las “carpas” para el Salón del Automóvil, el estadio de River Plate (y en el ángulo inferior derecho un cachito de la cancha de Sportivo Palermo).

El estado edilicio del Pabellón de las Rosas se fue deteriorando. A mediados de los años ’20 se levantaron voces para demoler la edificación y reemplazarla por un parque público. Al parecer, parte de la población y autoridades no olvidaba el “pasado pecaminoso” del lugar.

La demolición del Pabellón de las Rosas se produjo a mediados de 1929. Detrás de los escombros se ven las tribunas de la cancha de River inaugurada en 1923. El estadio del Millonario permanecería en la Recoleta durante 8 años más, hasta fines de 1937 cuando se mudó al Monumental.

En el solar del Pabellón de las Rosas se construyó un paseo público. En 1943 se lo llamó plaza República de Chile, y allí se trasladó la estatua ecuestre del Brigadier General Bernardo O’Higgins que desde 1918 estaba ubicada en la plaza Rodríguez Peña en Callao y Paraguay.

Fruto de un acuerdo binacional promovido por los presidentes Illia y Frei, en 1966 se afectó sobre la calle Tagle una parcela significativa de este paseo público a la construcción del actual edificio de la embajada de Chile.

Sobre la Av. Alvear, frente al Pabellón de las Rosas, estaba el Palacio Errazuriz. A principios del siglo XX oficiaba de embajada de Chile al ser su propietario el representante de la nación trasandina. Desde 1937 es el Museo Nacional de Arte Decorativo, que bien vale una visita.

En la plaza República de Chile hoy se alza la estatua del Brigadier General Bernardo O’Higgins junto a otros monumentos alegóricos de la gesta libertadora. Cuando pases por el lugar, recordá que allí estuvo la cancha más “pituca” de la rica historia del fútbol argentino.

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